
10 razones para un sí
Ya sé que ustedes dirán "Claro, y qué vas a decir tú". Yo también lo pensaría. Pero permítanme que les diga que el Estatuto de Cataluña es un buen Estatuto. Rectifico. Es un extraordinario Estatuto. Ya lo sé. Pueden sospechar que esta afirmación no nace de mis convicciones profundas, sino de las consignas del PSC. Yo también lo sospecharía. O sea. Que léanse este decálogo con la prudencia debida; desconfíen, que es lo que hay que hacer cada vez que un político abre la boca. Pero consideren la posibilidad que quizás responde efectivamente a lo que pienso.
Iba es escribir que hay que votar sí porque Jiménez Losantos, Rajoy y Acebes votarían que no. Pero tal vez es un argumento demasiado evidente. Veamos algunas de las mejoras.
- Se fijan unos derechos (y deberes) básicos en una época de ataque contra las mejoras del estado del bienestar: el derecho de los mayores, de las mujeres, de los niños, de las familias (así, en plural), el derecho a una administración eficaz, a un espacio natural digno, a vivir con dignidad el proceso de la muerte, a la enseñanza gratuita, a la participación, al acceso a una sanidad pública de calidad... Sólo por este capítulo vale la pena el Estatuto.
- Fija unos órganos de control a la acción del ejecutivo: el Consejo de Garantías Estatutarias (para que las leyes se ajusten al Estatuto), el Síndico, el Sindicatura de Cuentas (para evitar la marbellización de la política) o el Consejo Audiovisual (para que los medios de comunicación no sean la voz de su amo).
- Apuesta por los municipios. El Estatuto reconoce la independencia del poder local en los ámbitos de su competencia, incrementa el ámbito de competencias de los municipios, mejora el sistema de financiación de los entes locales y reconoce y protege la diversidad de los municipios. Qué quieren que les diga. Yo soy de los que piensa que el poder, cuanto más cerca, mejor. Siempre es más fácil tirar al alcalde al río que emplumar a un presidente de Gobierno.
- Incrementa la potestad del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, que es la última instancia jurisdiccional de todos los procesos iniciados en Cataluña, excepto en lo que se refiere a la unificación de doctrina. Se mejora de forma sustancial el sistema jurídico de Cataluña.
- Propone un modelo lingüístico razonable, basado en dos principios elementales. Primero, que todas las personas que viven en Cataluña tienen el derecho y el deber de conocer el castellano y el catalán, de la misma forma que cualquier persona que vive en España tiene el deber de conocer el castellano. Segundo, que una persona se puede dirigir a la administración en el idioma que desee. Simple, ¿no?.
- Mejora sustancialmente el papel de las instituciones de Cataluña, desde su presidente al Parlamento, el Gobierno o las veguerías. Por tanto, el Estatuto consolida el entramado institucional de Cataluña y determina sus ámbitos de actuación. Permite la voz de Cataluña en la Unión Europea (siguiendo por cierto el modelo alemán) y la posibilidad de relaciones con otras comunidades.
- Fija de forma explícita el marco de competencias. El Estatuto detalla de forma muy precisa los ámbitos de competencia exclusiva y compartida, con el fin de evitar la absurda pugna que ha presidido la política autonómica en el último decenio, en el que el poder central y autónomico (aquí y en Murcia) se disputaban cada día una microcompetencia como la potestad de fijar el horario de los comercios o el buceo profesional. No es cierto que el Estatuto otorgue nuevas atribuciones a la administración y incremente la "presión de lo público", sino que simplemente define quién debe hacer qué.
- Propone la creación de una Agencia Tributaria propia, que tiene capacidad normativa en los impuestos propios y los cedidos. En román paladino, este órgano de la Generalitat podrá decidir, en aquellos impuestos que le son propios, los tramos, los niveles, las exenciones, las bonificaciones, los sistemas de pago y el modelo de inspección. En un porcentaje no pequeño de tributos, la presión fiscal (alta o baja) dependerá del gobierno catalán de turno. ¿Efectos?: Ahora podremos trasladar a escala catalana el debate europeo sobre impuestos y servicios públicos.
- Se incrementa la capacidad económica de la Generalitat, con el incremento del tramo de IRPF (50%), IVA (50%), mayor número de tributos propios y una inversión estatal durante siete años equivalente al peso del PIB catalán sobre el PIB estatal. Por cierto, eso es bastante más de lo que se negoció en el Parlament. Lo digo porque no es cierto que en Madrid sólo se aplicó la tijera. En algunos casos, como éste, el texto mejoró sensiblemente.
- Apuesta por un modelo de estado federal. Que es (bajo mi modesto punto de vista) el modelo de organización territorial eficiente que sustituye la organización en cascada (de arriba para abajo) por un modelo en hiedra (de abajo para arriba). Los modelos federales son más eficientes y más corresponsables.
El Estatuto no nos hará mejores. Tampoco romperá España. Ni evitará que se perpetren atentados como el Diario de Patricia o Ventdelpla (una teleserie catalana que demuestra que la ñoñería es universal). No garantizará que el Akasvayu gane la ACB o que el Nástic suba a Primera. No ayudará a dejar de fumar o a reconocer la adicción al juego. No nos hará perder peso, ahora que se aproxima el verano y tanto lo necesitamos. No evitará que alguien malgaste 150.000 euros en un coche. Ni limpiará las costas de medusas. Para decirlo en una palabra, el Estatuto (si es aprobado) incrementará la capacidad del gobierno local para acertar o equivocarse. Que es, creo, una utopía razonable.
Feliç Sant Jordi






