26 d’agost 2017

Entreguen las freidoras



Port Aventura es un prodigioso artefacto de ocio. Admito todas las críticas que quieran incorporar: el kistch, la banalidad, la masificación... Pero por más que uno quiera agudizar el sentido crítico, no puede evitar la fascinación por este complejo de diversión, creado con una intención muy loable: Que los visitantes se lo pasen bien. Y si hubieran seguido la carrera exultante de Francesco durante horas, habrían concluído que el parque logró sin ningún género de dudas hacerle muy feliz. Hago este preámbulo para que no malinterpreten mi crítica. Me gustan los parques temáticos y me gusta Port Aventura.

Las atracciones de Port Aventura son excepcionales y la ambientación es sobresaliente. Es verdad que el tono decae con los espectáculos, pero aún es posible encontrar alguna obra más que digna. Sin embargo, todo se tiñe de negro cuando vamos a comer. El menú infantil son unos macarrones demasiado cocidos y nada escurridos con una salsa de tomate en conserva a granel. Mi plato es una mezcla imposible de verduras mal cocinadas y carne plastificada. Creo que hay cárceles en Bolivia donde se come mejor que en el parque. No se salvó nada. Los bocadillos, los postres, las bebidas tenían la dignidad de un compejo turístico soviético antes de la caída del muro. Bueno, y después también. Y no puedo entender cómo un espacio que logra niveles de excelencia en el diseño del ocio puede caer tan bajo en algo tan simple como es la cocina.

Port Aventura no es un caso aislado. Hay parques acuáticos, centros comerciales, paseos marítimos, estaciones de Renfe y ciudades turísticas enteras que se esfuerzan por hacerlo mal. Canelones congelados, ensaladas de bolsa, carne con sabor a neumático usado, pan que no es pan, pizzas como los relojes de Dalí, zumos de naranja que huelen a detergente, cafés que tumbarían al mismísimo Chuck Norris, medallones de merluza enharinados para disimular su triste condición... Hay un catálogo casi infinito de menús que tendrían que estar tipificados en el código penal. De hecho, deberían estar prohibidos por la Convención de Ginebra. 

¿Qué nos está pasando?. Además de los grandes restaurantes, el país está lleno de restaurantes medios  de una calidad indudable. Son profesionales que quieren a su profesión. Y les gusta que guste lo que hacen, como a casi todo el mundo. Los hay que innovan, que se arriesgan, y los hay que juegan sobre seguro. Pero justo al otro lado de la calle, la hilera de restaurantes turísticos odian su profesión, odian la cocina y es posible que odien a la humanidad. No es una cuestión de costes. Se puede hacer un gazpacho, un arroz de verduras, unas lentejas, unas alubias con almejas, una escalivada, un empedrat, un salmorejo, un cocido o una coca de recapta por casi nada. Eso sí: Hay que escoger buenas materias primas, hay que saber cocinar y hay que dedicar un cierto tiempo. No digo que cocinen como mi madre, pero vaya, que sepan hacer unos canelones con gusto a canelones. 

En ningún otro servicio toleraríamos este infranivel. No admitiríamos que el peluquero nos dejase el pelo como una mofeta en celo; a no ser que fuéramos un jugador de fútbol, claro. Los conductores de autobuses no se equivocan de recorrido y te dejan en Ciudad Real cuando querías ir a Murcia. El quiosquero te guarda el periódico cada sábado. Y el profesor de salsa no logra que bailes salsa, pero consigue que creas que bailas salsa, lo cual tiene mucho más mérito. En general, los pintores pintan, los instructores instruyen, los médicos medican y los arponeros arponean. ¿Por qué hay cocineros que no cocinan?. ¿Por qué existen restaurantes con peor comida que un piso de estudiantes de ingeniería informática?. ¿Cuándo dejamos que pasara esto?.

Afrontémoslo: El rey está desnudo. Lo de Port Aventura no es una excepción. Hay demasiados restaurantes en lugares concurridos, hay demasiados restaurantes en lugares turísticos, que son excepcionalmente malos. Que son malos con nocturnidad y alevosía, señoría. Sin atenuantes, pero con muchos conservantes y colorantes. Son tan malos que debe haber algo sitio clandestino donde les enseñan a hacerlo tan mal, porque eso de forma espontánea no sale así. Hay demasiados restaurantes que dañan irreversiblemente la imagen del lugar donde se ubican. Y dañan también el hígado y el intestino delgado. Hay países donde en casi todos los lugares se come razonablemente bien. Aquí, llegó el momento de decirlo, se come muy bien y también se come muy mal. Y en la vida llega un momento en que tienes que escoger. Todos a una: Restaurantes pésimos, ríndanse. Y entreguen las freidoras y la harina de rebozar. 

14 d’agost 2017

Estrategia II. Contra la ciudad dual


Toca hacer balance. El turismo no es el mecanismo que ha desencadenado la muerte de la ciudad. Por eso, los mismos problemas que tiene Barcelona los tienen ciudades con turistas y sin turistas. Es la movilidad de personas hacia las ciudades globales lo que tensiona las ciudades diseñadas para un hinterland mucho menor. La respuesta más aparente en la extensión de la ciudad hacia la corona metropolitana. Solo una gestión inteligente podrá evitar que la ampliación de la geografía del turismo de Barcelona no acabe en una expulsión hacia la periferia de la oferta de bajo precio, mientras que el centro se colapsa por la ausencia de competencia. Lo bueno de este escenario es que ni promete una solución mágica ni se rinde ante un apocalipsis inevitable: Traslada a la gestión la responsabilidad del éxito de la ciudad.

Hoy les propongo la segunda vía estratégica para la ciudad global: El combate contra la ciudad dual. El principal problema de las ciudades contemporáneas no es la congestión. Vamos hacia un mundo de megalópolis, de barrios gigantescos y de extrema movilidad interna. Las grandes ciudades son enormes imanes de personas y ello va a crear polaridades. Lo lógico en las ciudades globales será su densidad. Y por eso, las ciudades globales deben poner en el primer lugar de su agenda la gestión del transporte interno: La expulsión de los coches, la apuesta radical por el sistema de transporte público, el uso masivo de la bicicleta y los desplazamientos a pie, la creación de modelos intermodales... Pero eso es otra historia. Déjenme tan solo reiterar que las ciudades globales se llenan de personas que acuden a festivales, que se manifiestan por un mundo mejor, que disfrutan de grandes acontecimientos deportivos, que acuden al reclamo de grandes ofertas de ocio, que cierran un acuerdo de compra - venta o que reclaman la independencia en la Diagonal. 

La ciudad mediterránea

Simplificando (simplificando mucho, lo admito), la planificación urbana se mueve entre dos tensiones: A un extremo, la especialización y al otro lado, la superposición. En ese juego, hay quien propone que la ciudad funciona mejor si organizamos los usos en áreas: Aquí la industria pesada; allá el espacio urbano de rentas medias; por aquí, la calle comercial; y al fondo, los equipamientos culturales. Al otro lado del péndulo, otros proponen que en cada barrio haya un poco de todo, que se mezclen usos, actividades y (atención) niveles de renta. La ciudad mediterránea es, en buena manera, un artefacto de convivencias entre actividades muy diversas. Que usos diferentes convivan en un mismo espacio crea problemas: La pequeña fábrica emite ruidos, los bajos comerciales impiden su uso residencial, los hipsters del teatro asustan a las señoras que se reúnen para jugar al cinquillo y las familias paquistaníes rezan en un garaje, mientras la iglesia del barrio casi está vacía. 

La principal virtud de los modelos de superposición es la convivencia y, por tanto, el incremento de las posibilidades de interacción. Cuando rentas, culturas, edades y actividades diferentes comparten un mismo escenario es más fácil que nazcan relaciones binarias entre individuos, empresas, iniciativas o sistemas culturales. La ciudad es más fértil porque existe un constante encuentro entre diferentes. Los barrios uniformes (usos, rentas, culturas) reducen la interacción. Y esta es esencialmente la principal virtud de las ciudades contemporáneas: La oportunidad de enlazar sistemas diversos. Por eso, el problema de la gentrificación es la creación de un espacio uniforme que expulsa el resto de niveles de renta, y probablemente también, el resto de sistemas culturales y actividades económicas. Podíamos aceptar la siguiente sentencia: La ciudad tendría que tender a la maximización de la mezcla entre (a) usos, (b) actividades, (c) niveles de renta y (d) perfiles sociodemográficos. 

El espacio turístico

El espacio turístico tiende a crear áreas de concentración, bien en torno a los elementos de atracción bien en las áreas donde se sitúan los servicios. Primero es un hotel cerca del Palacio; luego es un restaurante, y otro hotel, y los primeros comercios, y la oficina de turismo o los primeros apartamentos. Poco a poco, se crea lo que McCannell llamó el frente turístico (front), en el que tiene lugar la actividad de los turistas; fuera de ese perímetro, el dorso (back) se mantiene lejos de la mirada voyeurista de turista. La tendencia más habitual en la construcción de los espacios turísticos es la creación de un espacio dual, que diferencia el espacio de los turistas y el espacio de los residentes. Hay zonas que incluso se planificaron en esta lógica: El plan que dio lugar a la actual Cancún diferenciaba la línea de costa para uso turístico y la zona reservada para la creación de una nueva ciudad, solo para residentes. 

El problema del espacio dual no es la "tematización" de una parte de la ciudad. Tampoco es (como se repite hasta la saciedad) la gentrificación de los barrios; en otro post intentaré rebatir el argumento de que el turismo crea gentrificación. El principal problema de la concentración turística es que atenta contra el principio básico de la ciudad mediterránea, que es la mezcla y la interacción. Llevado a su extremo, la ciudad dual crea dos universos paralelos que no están conectados por ningún enlace, de manera que en la práctica son dos ciudades independientes. No hay nada de lo que ocurre en una parte que afecte a la otra. Este es el principal combate que deben librar las ciudades contemporáneas: La eliminación de las fronteras invisibles entre la ciudad turística y la ciudad no turística.

Bus turístico y HUTs

Como esto está quedando muy teórico, déjenme bajar a la arena de la vida cotidiana. Les voy a poner dos ejemplos de sistemas duales, que deberíamos replantearnos si queremos favorecer los conectores entre los diversos de la ciudad: El autobús turístico y la legislación sobre 'habitatges d'ús turístic'. 

El autobús turístico parece una gran idea y, en cierta manera, lo es. Permite optimizar los desplazamientos de los turistas desde un nodo hasta otro sin necesidad de recorrer espacios neutros. Los turistas pueden ir del Park Güell al Gòtic y de allí hasta el Anillo Olímpico, sin entrar apenas en contacto con la 'otra Barcelona'. Lo que hemos hecho es crear un sistema dual, en el que los 'locales' se desplazan por una red de transporte y los turistas por otra. En realidad tendríamos que tener una sola red de transporte, por dos razones bastante obvias. La más lógica es que si incrementamos los usuarios podemos mejorar la eficiencia: Cuanta mayor masa crítica, más posibilidades de nuevos trenes, nuevas estaciones, o nuevos autobuses. La ciudad desaprovecha los más de 100 millones de desplazamientos anuales internos que realizan los turistas. La segunda es que el uso del sistema de transporte local exige al turista entrar en el escenario de la vida cotidiana de la ciudad. Hagestrand llamó a estos lugares de encuentro 'estaciones' en su modelo espacio - temporal. Y esa es la idea: La ciudad necesita estaciones.

Ocurre algo similar con la legislación actual de las HUT en Cataluña. La normativa no permite que se ofrezca una habitación, porque solo puede ser rentada la vivienda en su totalidad. Que turistas y residentes convivan durante unos días en el mismo techo tendría que ser una forma de eliminar el sistema dual del turismo. De igual forma, parece un error que la normativa obligue a que el conjunto del edificio en que se ofrecen un HUT se especialice en ese uso. Lo mejor sería que en la vivienda conviviesen usos diferentes. ¿Que crea conflictos?. Sí, es el peaje de la superposición. Pero la zonificación es (creo) una alternativa no deseable. 

Contra el sistema dual del turismo

La segunda estrategia de las ciudades globales es la creación de un escenario de convivencia entre usos, actividades, niveles de renta y perfiles sociodemográficos. Y no se trata solo de justicia social y equilibrio territorial, que también. Es una forma de fomentar la interacción entre diferentes, de propiciar de forma constante contrastes entre modelos. La ciudad global funciona más como una jam session que como un acorde que se repite de forma monótona. Traducido al turismo, la ciudad debería combatir la especialización funcional y la tendencia del turismo a crear frentes que desalojan el resto de las actividades. Las ciudades globales deben librar la batalla contra la ciudad dual. 

Si operamos en la escala micro, el objetivo es la creación de múltiples 'estaciones' en el sentido que le da Hägerstrand. Son lugares en los que coinciden los diversos usuarios de la ciudad. Son algunas plazas, las manifestaciones a favor de los refugiados, los festivales de música, los skaters del MACBA (que ha estudiado Paolo Russo), la playa, los centros comerciales, el aeropuerto, algunos restaurantes, el Liceu, el zoo, el metro... Y hay que evitar los espacios que disocian la experiencia de los locales (diversos y plurales, recordemos) y la experiencia de los turistas. Cuando un museo como el Picasso es usado de forma casi exclusiva por turistas, se convierte en un mecanismo del sistema dual y pasa a ser un elemento externo a la propia ciudad. Por eso tenía razón su antiguo director cuando proponía horarios y actividades de uso preferente por los locales. Y bajo esta perspectiva se entiende mucho mejor el celo que tienen en el Celler de Can Roca por garantizar que una parte de los comensales de cada servicio sean 'locales', a pesar del alud de demandas que le llegan de todos los rincones del mundo. El Celler no podría existir sin turismo; pero los hermanos Roca no quieren crear un espacio turístico. 

Si operamos en la escala macro, el objetivo es una planificación urbana que fomente la diversidad de usos en los barrios, que ataque la especialización turística, que fomente usos secundarios en todas las capas de la ciudad, que fije usos residenciales de niveles de renta diversos (que no es lo mismo que fijar residentes) y en definitiva, que mantenga una lógica de mixtura de usos y umbrales máximos. Se trata de crear un cierto equilibrio entre fuerzas, para lograr que los diversos usuarios de la ciudad (inmigrantes, estudiantes, turistas, emprendedores) se repitan en los diversos escenarios de la ciudad. Si lo reducimos todo a la planificación urbana (como los planes de usos), el resultado será desastroso. Debe existir una cultura urbana de interacción, que fomente el encuentro entre individuos diversos en un mismo espacio. Eso afecta desde la programación cultural a las iniciativas empresariales o la localización de los equipamients públicos. 

Contra la ciudad de los residentes

No hay nada más tóxico para una ciudad que la creación de un espacio de monocultivo turístico. Cuando las actividades turísticas invaden la práctica totalidad de un espacio urbano lo anulan. Lo convierte en un frente turístico en el que tiene lugar una experiencia solo para turistas. Evitan que residentes y turistas coincidan en un mismo espacio. Anula la creación de 'estaciones'. Impide el aprovechamiento de la presencia de turistas para mejorar la ciudad y ganar densidades. Y, en definitiva, desprovee a la ciudad de su materia prima esencial que es el residente.

Pero al otro lado de la balanza, que las actividades turísticas sean expulsadas del espacio urbano no es combatir el espacio dual. Que los turistas coincidan en los espacios de los no turistas es necesario. Es uno de los grandes retos de las ciudades globales: la interacción entre estudiantes, residentes, residentes temporales, inmigrantes, emprendedores... y turistas . Que haya turistas en la Boquería e, incluso, que algunas paradas ofrezcan productos para turistas es mejor que peor. El problema nace si la turistificación del Mercado lo anula y lo convierte en una atracción. Pero la solución no es la desturistificación del mercado, sino la gestión inteligente. Lo turistas en el Park Güell, en las Ramblas, en el Picasso o en la playa de la Barceloneta pueden ser la anulación de la vida local o una oportunidad para la interacción. Eso son las ciudades de superposición: Una tensión entre perjuicios y beneficios, basada en la gestión del espacio.

En resumen, las ciudades globales combaten la especialización turística. Evitan que proliferen los barrios turísticos, escenarios vacíos de residentes, que viven lejos, en el back. Pero eso no quiere decir que las ciudades globales combatan el turismo. Al contrario, las ciudades de superposición (usos, actividades, rentas y perfiles) propician el encuentro entre los diferentes usuarios del espacio urbano. Crean y mantienen 'estaciones' de relación entre diferentes e incentivan una cultura de intercambio. Es un terreno inestable y frágil. Y seguramente por ello, fértil y creativo. 

10 d’agost 2017

Estrategia I. La dimensión metropolitana



Si entran en el portal turístico de Londres verán que además de glosar las excelencias de la capital inglesa, nos proponen excursiones de un día: Nos sugieren Bath, Oxford, Stonehenge... y París. Si después de unos días en la ciudad del Támesis, la visita se les queda pequeña, pueden visitar un bonito pueblo del extrarradio de Londres, donde comen croisants y mucho queso. En el momento en el que Londres 'vende' París como parte de su oferta, los límites clásicos de los destinos turísticos se dinamitan.

Planteemos nuevamente el problema de inicio: Crece la demanda de usuarios sobre la ciudad (inmigrantes, emprendedores, estudiantes o turistas), una ciudad que tiene unas dimensiones muy reducidas. El  desequilibrio entre una demanda creciente y una oferta estable genera una presión con efectos ya conocidos: expulsión de los residentes, gentrificación, congestión... Si planteamos la hipótesis de una ciudad global, la demanda tenderá a crecer y, por lo tanto, si no hacemos nada, los problemas se agudizarán. La primera solución parece bastante evidente. Si cambiamos de escala e incorporamos el Área Metropolitana en el terreno de juego del turismo, la tensión sobre los espacios turísticos actuales (en esencia, Ciutat Vella, Eixample y una parte de Sant Martí) se reducirá.

El escenario pesimista

Integrar el área metropolitana en el escenario turístico parece una buena respuesta. Además es consecuente con el proceso histórico de la ciudad, que ha ido expulsando de forma progresiva determinados usos al espacio metropolitano: las explotaciones agrícolas, la industria pesada, una parte de la industria ligera, la logística y el puerto, y una parte de los servicios (hospitales, universidades...). TV3 está en Sant Joan Despí, el Circuit en Montmeló, el Archivo de Cataluña en Sant Cugat, la Fira en L'Hospitalet y el campo del Espanyol en Cornellà.

Pero proclamar la metropolinización del turismo es mas fácil que llevarla a cabo. El escenario más probable si no hacemos nada será más o menos este: Una parte de la nueva planta hotelera y de los nuevos HUTs se desplazarán hacia la corona metropolitana, que compensarán la distancia con la política de precios. Se dispersará solo la oferta de bajo precio. La localización preferente de estos esblecimientos será perirubana, cerca de los ejes de transporte que conecten rápidamente con el centro de Barcelona. La relación entre los turistas y las ciudades metropolitanas será nula. Por su parte, la ciudad habrá expulsado una parte de la oferta de alojamiento, pero los desplazamientos diarios atraerán a todos los turistas diseminados por el espacio metropolitano hacia los nodos de la ciudad. Barcelona sufrirá los mismos efectos que Venecia: El Lido concentra una parte significativa del alojamiento, pero el flujo de turistas diario satura inevitablemente la ciudad durante todo el día. En la ciudad, el PEUAT eliminará el efecto de la competencia. Los hoteles saben que tendrán clientes porque no hay nuevos hoteles que puedan castigar sus puntos débiles. La tendencia natural será un progresivo encarecimiento del precio de los hoteles en el centro y una disminución de la calidad de la oferta (menor en los hoteles de cadena, que no querrán comprometer la imagen de marca). 

Este escenario se puede resumir en dos ideas fuerza: Primero, la expansión hacia el Área Metropolitana ocurrirá de forma inevitable; de hecho, ya está ocurriendo ahora mientras miramos los turistas de la Barceloneta. Segundo, si la desconcentración se lleva a cabo sin ningún tipo de intervención, el resultado no mejorará necesariamente la situación actual. Por eso, más que abogar por la metropolinización del turismo en Barcelona, deberíamos planificar el cambio de escala. Deberíamos contemplar al menos cinco estrategias: la redacción de un plan turístico metropolitano, la creación de densidades turísticas, la especialización funcional, la potenciación de experiencias turísticas metropolitanas y la re-localización periférica.

Plan metropolitano

Ningún plan va a funcionar si no opera a escala metropolitana. Si los flujos, la red de transporte, las dinámicas inmobiliarias y la misma logística turística tiene una dimensión metropolitana, los planes no pueden ser solo municipales. Esta es la mayor debilidad del reciente PEUAT: Decide qué hacer en Barcelona, pero no interviene (porque no puede hacerlo) en la primera y la segunda corona. El AMB necesita con urgencia un plan turístico metropolitano, que fije dinámicas, procesos y reequilibrios a corto, medio y largo plazo.

Densidades

Una de las necesidades del plan es crear concentraciones de oferta. Primero, oferta de alojamiento y después, el resto de la oferta. Si la planta hotelera se dispersa en el conjunto del área, no existirán densidades que creen ofertas de soporte. Es bueno que algunas ciudades concentren muchos hoteles y otras no tengan ninguna actividad turística. Solo cuando el número de hoteles es suficientemente amplio, cobra sentido la creación de otras ofertas (restauración, ocio y, al final, oferta cultural y recreativa) dirigida a los turistas. Y ese es el principal antídoto contra la fuerza de atracción de Barcelona. Sin densidades, los hoteles diseminados por todo el territorio, serán hoteles dormitorio que potenciarán la congestión del centro de Barcelona.

Especialización funcional

La apuesta metropolitana es (como casi todas las apuestas de los destinos) una apuesta a medio y largo plazo. El objetivo es construir identidades complementarias a la imagen de Barcelona, que tengan capacidad de atracción de una parte de la actividad turística. Hay que saber que la fuerza centrípeta de la capital será inevitable y que estas medidas actúan como mecanismos de compensación parcial, pero nunca como sustitutos.

Las estrategias de especialización funcional son una de las prioridades del plan, pero me atrevo a sugerir cuatro ejes: La especialización litoral (Viladecans - Gavà - Castelldefels al sur y Bajo Maresme  en el norte), las polaridades urbanas secundarias (L'Hospitalet, Sabadell y Badalona), los núcleos históricos (Sant Boi de Llobregat / Colònia Güell y Sant Cugat) y el eje natural y balneario. No todas van a funcionar, pero es importante que las estrategias de desconcentración tengan personalidad y construyan alternativas viables a medio plazo a la atracción de Barcelona.

Experiencias turisticas

Además de atractores de nuevos hoteles, de apartamentos o de restauración, el gran objetivo es que el área metropolitana consiga también ofrecer experiencias turísticas que descongestionen la presión sobre el centro de Barcelona. Recorridos en bicicleta por el parque agrario, conciertos alternativos, turismo creativo, birdwatching en el delta, cursos de vela, senderismo en el Garraf... Solo cuando en el Área Metropolitana "pasen cosas" la redistribución turística cobrará sentido. La demanda creciente de experiencias juega a favor de este proceso, pero no será fácil compensar la atracción del escenario Barcelona.

Re-localización

Finalmente, se trata de impregnar la dimensión metropolitana en todas las decisiones futuras sobre el turismo de la ciudad. El objetivo es asumir que el nuevo escenario de la actividad turística es el conjunto del área, no como una alternativa (un plan B) a la mixomatosis de Barcelona, sino como una verdadera lógica territorial. Eso se entiende mejor con algunos ejemplos: El Sónar en Sabadell, el Picasso en Sant Cugat, el Godó en Badalona, l'Hermitage en Terrassa, el Primavera Sound en Sant Boi de Llobregat...

El cambio de escala es la apuesta más solvente a la congestión del centro en un escenario de nuevas movilidades, cuando Barcelona se ha incorporado a la liga de las ciudades globales. Integrar el área metropolitana asegura rebajar la presión en el centro y permite diversificar la imagen de la ciudad, con muchos más acentos que los que ofrece actualmente. Pero solo con acciones inteligentes de valorización de las coronas que rodean la ciudad, será posible que este proceso supere el escenario de la descentralización de la oferta mediocre. Y lógicamente, algunas de estas dinámicas ayudarían también a reforzar ciudades intermedias del Área Metropolitana no solo en su estrategia turística, sino en la propia estrategia de ciudad. Si Londres ya vende París, la Barcelona turística no puede quedar encerrada en el perímetro del Ensanche de Cerdà. 

08 d’agost 2017

It's mobility, stupid (and It is not tourism)


Imaginemos un relojero que mira el sistema de ruedecillas que hacen girar las manecillas. Con su inmensa lupa en uno de sus ojos, comprueba que cada elemento del engranaje funcione, y si hay alguno deteriorado lo sustituye por otro. Pero todos los relojeros saben que, finalmente, la magia del reloj reside en la relación entre las piezas. Siempre debe ver el sistema en su conjunto.

Me temo que en el debate sobre el turismo, estamos mirando una de las ruedecillas del mecanismo. Por eso, la mejor forma de entender el turismo en las grandes ciudades es dejar de hablar de turismo y ver el sistema en su conjunto. La tesis que intentaré defender es la siguiente: La tensión de las ciudades contemporáneas no es la presión que genera el turismo, sino el cambio de escala de su área de atracción. Lo cual no resuelve el problema, pero sí lo traslada de campo de juego.

Ciudades

Una ciudad es la tensión entre dos sistemas: Por un lado, el sistema local, integrado por los ciudadanos, que la diseñan, la viven, la sufren, la construyen y la sueñan. Por otro, una ciudad es un sistema de relaciones entre un nodo y su espacio de atracción (el hinterland). Las ciudades existen porque atraen y concentran. De manera que no hay ciudad sin ciudadanos, pero tampoco hay ciudad sin movimiento. Esta tensión es inestable, pero como muchos de los sistemas frágiles, seguramente esta inestabilidad es la que permite su dinamismo. Es en la resolución del conflicto entre intra muros y extra muros que se definen las ciudades a lo largo de la historia. También ahora. 

La historia de las ciudades ha sido la historia del crecimiento de su hinterland. A medida que ha avanzado la historia, las ciudades han pasado de relacionarse con su espacio más inmediato a ser la sede de condados y reinos, para después conectarse con el proyecto de estado - nación y más tarde ser los centros neurálgicos de regiones transnacionales. Hoy, con más intensidad que en ningún otro momento de la historia, algunas de las ciudades han creado un hinterland intercontinental. Son ciudades globales, cuya capacidad de atracción se extiende a todos los rincones del Planeta. La mayor parte de ellas llevan siglos instaladas en la parte más alta del sistema mundial de ciudades: Londres, París, Nueva York, Moscú, Tokio... Otras han surgido del anonimato de forma casi espontánea, como setas tras un aguacero. Y eso es, más o menos, Barcelona hoy.

Movilidad

La principal característica de las ciudades globales contemporáneas no es su dimensión global. Probablemente. el Londres del XIX, el París del XVIII, la Venecia del XIV o la Constantinopla del XII también tenían una lógica universal. El segundo elemento que las caracteriza es la capacidad efectiva de los individuos de desplazarse físicamente hasta estos centros de gravedad. No se trata solo de polos de atracción (y de difusión) de mercancías y de ideas: Son también grandes 'hubs' de personas. Y eso es así porque estamos inmersos en la era de la movilidad, como describe con acierto Urry.

Las ciudades no solo adquieren una dimensión global, sino que su capacidad de atracción incluye de forma masiva también a las personas. Las ciudades globales son ciudades imanes de millones desplazamientos individuales. Como explica Urry, 'desplazarse a' se ha convertido en una forma contemporánea de definirnos: Somos donde estamos (y donde no estamos). La geografía define nuestra biografía. Dónde vivimos, dónde trabajamos, dónde estudian nuestros hijos, dónde asistimos a un congreso o dónde pasamos un fin de semana son decisiones capitales en la configuración de las identidades personales contemporáneas. Por eso las ciudades globales se tensionan más que nunca ante la absorción de flujos permanentes (los menos) y efímeros (la mayoría) de personas. 

¿Quiénes son los nuevos usuarios de las ciudades globales?. En primer lugar, son los inmigrantes, que acuden al reclamo del éxito de la ciudad para proyectar el sueño de una vida mejor. Nada nuevo en la historia de las ciudades. En segundo lugar, y esto sí es inédito, son los residentes temporales, personas que se desplazan para trabajar (o no) durante una estancia prolongada, aunque no permanente. La ciudad no es un proyecto de futuro, sino una experiencia vital presente. Investigadores que hacen una estancia, jóvenes que quieren vivir la intensidad de una ciudad cosmopolita, jubilados atraídos por la luz urbana... Son residentes, pero no tienen la intención de residir. Aunque tal vez lo hagan. En tercer lugar, son los emprendedores, aquellos que vienen atraídos por la capacidad económica de la ciudad y que podrían iniciar su negocio en cualquier otro lugar, pero presienten que este es el espacio ideal. En cuarto lugar, son los estudiantes que vinculan el prestigio de la ciudad con el prestigio de los centros educativos. Nunca antes se conoció un sistema de formación tan abierto y conectado. En quinto lugar, son las personas que asisten a congresos, exhibiciones, ferias o eventos que se realizan en la ciudad, precisamente en esa ciudad porque su prestigio impregna el éxito del propio congreso o del evento. También, por supuesto, los turistas, diversos, complejos y divididos en clústers o grupos muy diferenciados entre sí; de hecho, algunos de los colectivos anteriores son de facto turistas. Están los que usan la ciudad porque sus dimensiones permiten acceder a servicios centrales, como los sanitarios, los comerciales o los culturales. Y finalmente, usan la ciudad los residentes en la isocrona de las dos horas, que se desplazan por unas horas para vivir alguna de las dimensiones de la ciudad.

Como he explicado en otras ocasiones, la dicotomía entre ciudad turística y ciudad productiva es falsa. En la constelación de ciudades contemporáneas, el éxito de las ciudades depende de su capacidad de atracción no solo de mercancías y de ideas: También de personas. La dicotomía real es ciudades atractivas versus ciudades invisibles. Y no es muy fácil discriminar qué tipo de flujo queremos, como por ejemplo sí al World Mobile Congress, la Agencia Europea del Medicamento o los estudiantes de másters internacionales pero no a los turistas que fotografían la Sagrada Familia. No se trata solo de un problema operativo. A menudo, es una estancia breve en un destino urbano lo que activa nuestro deseo de una estancia prolongada: Es un short break el que determina la selección del máster que estudiaremos o el lugar en el que invertiremos. En sistema de ruedecillas interconectadas, cada pieza que sustraemos al mecanismo altera el resultado global. 

El destino de las ciudades

El debate sobre la turismofobia es estéril. Centra la atención en una parte minúscula del proceso, que es la presencia de un determinado tipo de turistas en la ciudad. Por eso debemos dejar de hablar de turismo y fijar el debate en otro escenario, que es el de la movilidad contemporánea y la capacidad de atracción de la ciudad. El problema es simple: En las ciudades atractivas, la presencia masiva y creciente de personas (inmigrantes, estudiantes, emprendedores, turistas) en un espacio que no puede crecer al mismo ritmo, y que está encerrado en unos límites físicos, crea efectos secundarios no deseados: incremento del precio de las viviendas, gentrificación, expulsión de una parte de los residentes. pérdida de determinados tejidos  tradicionales, congestión... No es un paisaje apocalíptico inapelable, sino los efectos que proliferarán en la ciudad global si no se gestiona con inteligencia. Es el debate contemporáneo en ciudades globales con muchos turistas (Londres, Nueva York y París), pero también en ciudades globales con muy pocos turistas (Sidney, Sao Paulo o México DF). 

En este punto, conviene separar el debate político y el debate técnico. Las ciudades deben decidir su destino. Pueden decidir colectivamente que no aspiran a convertirse en espacios globales, porque no quieren asumir una parte de los costes que se derivan. Pueden recuperar su papel de centros de decisión regionales. En el caso de Barcelona, un nodo central de la Euroregión mediterránea. O incluso, pueden aspirar a ser meramente la capital de una nación, que no es poca cosa. Cada decisión implica un juego de oportunidades y renuncias impreciso, inestable, que solo es patrimonio de sus ciudadanos. Ellos deciden la dimensión extra muros de la ciudad. 

Hay luego un debate técnico, que intenta minimizar los costes y aprovechar las oportunidades. En este punto, hay que saber que ningún modelo está exento de tensiones, que no hay ningún escenario ideal. En los próximos posts, les propongo que asumamos (aunque sea temporalmente) la hipótesis de la ciudad global. Me propongo plantear tres grandes debates sobre la gestión técnica de este modelo de ciudad. Se trata de lograr el equilibrio que permita mantener una ciudad con ciudadanos sin comprometer las posibilidades de una dimensión global de la ciudad de Barcelona. No en términos turísticos, sino en el contexto de la nueva movilidad. Y mi propuesta se centra en tres estrategias: la dimensión metropolitana, el combate contra los sistemas duales y la redefinición de la identidad de la ciudad. Mientras tanto, espero sus comentarios. 

30 de juny 2017

No eres padre hasta que no estás en el whatsapp del AMPA de la escuela


Hay frases que los padres de hijos adoptados tememos. La primera es 'Qué suerte ha tenido'. No, los hijos adoptados no tienen más suerte ni menos que los hijos no adoptados. Es la misma fortuna que tiene un niño que viene a este mundo en esa familia con cinco apellidos que le garantiza un futuro de por vida y una villa en Ciutadella. Nacer en Uganda o en Viena es una lotería y la mejor definición de un mundo mejor sería esa: Que el nacimiento no condicione tu existencia. La segunda es 'Qué bueno eres'. Ser padre no es un gesto altruista ni una oenegé. Yo tiendo a pensar que el afortunado soy yo. En todo caso, estoy seguro que no pensarían lo mismo si me hubieran visto el día que puse al niño en el coche y le dejé la llave para ir a mi asiento, justo en el momento en que el niño cerró el coche por dentro. Y luego viene la peor de todas: 'Pues no lo parece'. Se llama Francesco, es moreno, muy pequeño y extraordinariamente ágil. No hace falta ser Poirot para constatar al instante que no nos parecemos en nada; excepto en que nos encantan los vídeos de caídas fortuitas. Ese 'no lo parece' es una especie de indulgencia, como cuando a un cojo le dicen 'pues no se nota'. Se nota, se nota. Ser adoptado no es ni estigma ni una condición que hay que ocultar para que no se note. 

Ya ni comento aquello de 'Se les quiere igual, ¿verdad?'. Que te vienen ganas de responder: 'Pues no exactamente. En realidad a los hijos adoptados se les quiere solo de lunes a miércoles y en los días festivos, pero los jueves, la verdad es que no, no se les quiere nada de nada'. ¿Cuál sería la mejor frase con la que hacer referencia a un hijo adoptado?. Pues exactamente la misma que dirías de uno no adoptado: Qué preciosidad, se le ve muy despierto, no lo he visto hace dos meses y casi no lo reconozco, este antes de que te des cuenta te está pidiendo la moto, antes le compro un traje que le invito a comer, la pena es que crecen muy deprisa... Son las típicas frases a un euro, conversaciones de ascensor, que funcionan porque evitan ser sincero. Porque en realidad esa es la diferencia entre un hijo adoptado y uno no adoptado: Ninguna. 

La paternidad no tiene nada que ver con la biología ni con la genética. La paternidad es como la mili. Te pasas el día cambiando pañales, preparando biberones, soportando berrinches, contando cuentos y saltándote cenas de amigos y cuando pasa todo, te dedicas el tiempo a explicar batallitas de lo maravilloso que ha sido ser padre. Un padre es una persona que le enseña a su hijo a ser una persona. Le exige, le abraza, le riñe, le acaricia, le da ejemplo, le alecciona, le lleva al chiquiparque, le compra una bicicleta y un día le ayuda a montar los muebles de Ikea de su nuevo piso. Ser padre es evitar morirse de risa cuando ha llenado de espuma de afeitar todo el salón o consolar a tu hijo portero el día que le han clavado 12 goles. En resumen: Ser padre es un acto cultural, si quieren social o antropológico, pero no biológico.

Este largo preámbulo tiene que ver con el debate sobre la maternidad subrogada. Yo escucho a los unos y a los otros, a los del sí y a los del no, y aunque se presentan como antagónicos, tienen en común esa visión biológica de la maternidad y de la paternidad. Empiezo por los defensores. Hablamos de una pareja que por la circunstancia que sea no pueden tener hijos. Y en vez adoptar un hijo y malcriarlo, llevarlo a Disneyland París y enseñarles a jugar a ajedrez deciden tener un hijo con su código genético. Y uno se pregunta qué nivel de autoestima tiene uno que tener para suponer que sus genes merecen ser perpetuados. No hay para tanto. Lo que hay que perpetuar es el sentido cívico, las obras de la Generación del 27, los Rollings y el amor al prójimo. Que los ojos sean verde oliva o que puede lamerse el codo es bastante accesorio. Yo no tendría ningún orgullo paterno si alguien me comentase que mi hijo mayor 'es clavadito a ti'; tendría más bien, un punto de compasión. Si me tengo que sentir orgulloso de él (que tampoco va de eso de la paternidad, déjenme decirlo), sería de su comportamiento, de sus convicciones o de su ética. No de su altura. 

Pero lo siento, tampoco me gustan los argumentos del no. De entrada, me van a perdonar, el embarazo está sobrevalorado. Si no nos decimos la verdad, luego todo llega por sorpresa: El embarazo es un coñazo. Sobre todo para ella, que se pasa nueve meses con las hormonas como un pachinko y los pies inflados como dos zeppelines. También para todos los que les rodean, porque las conversaciones se reducen a palabras con diminutivos (pataditas, barriguita, cabecita). Dedicar quince minutos (bien, de acuerdo, treinta) a poner la semillita no te confiere de repente la condición de papá. Pero soportar los nueve meses de náuseas, tampoco de mamá. El padre o la madre es el que sabe que le dan miedo los disfraces de bruja, que le entienden perfectamente cuando con dos años y medio emiten sonidos guturales, que conocen el nombre de la maestra en prácticas y que han asistido a una audición interminable con números musicales que podría utilizar el Mosad como instrumento de tortura. No eres padre hasta que no te dan de alta en el grupo de whats app del AMPA. Estar embarazada no quiere decir que seas madre, ni que vayas a serlo. Y considerar eso sí es tratar a una mujer como una vasija. 

Yo no votaría a favor de una ley de maternidad subrogada, porque está teñida de biologismo: "No privemos a una pareja de la posibilidad de ser padres", nos dicen. Si nadie les priva. Que adopten tantos niños como quieran. Esa necesidad de ser padre "biológico" es un anacronismo neanderthal. Ser padre es levantarse a las tres de la mañana a buscar a tu hijo adolescente de la fiesta del instituto. Que padre e hijo tengan una mancha en el omoplato es lo de menos, francamente. Pero no comparto el biologismo de los del no, que subliman el valor del embarazo. De hecho, tendríamos que empezar a desterrar del lenguaje el concepto de 'padre biológico' y de 'madre biológica'. Madre no hay más que una: La que cura el dolor más doloroso con solo un beso. Como la madre de David; o la madre de Francesco. 

23 de maig 2017

Sense nens


El que més m'agradava d'aquella casa era el so del pati. Al costat d'una escola, cada matí arribava el brogit infantil de la cridòria del nens. No hi ha CD de mindulness que superi l'esclat de vida i de joia en aquell pati del xiprer infinit. 

Pot ser a l'AVE o l'avió o qualsevol restaurant. El nadó xiscla per la gana, o pel son, o simplement perquè és la seva forma de comunicar-se, i automàticament s'alcen tres o quatre caps amb la cara desencaixada. Per què jo, per què avui?, es lamenten. Un dia que surto i sec al costat d'un nen, pensen. Abans, el broker de la quatre ha estat escridassant la seva secretària pel mòbil durant vint minuts, i les amigues han explicat les seves aventures de llit amb més decibelis dels qui permet la discreció, i aquell solitari de l'onze ha xuclat nou caps de gamba amb un estrèpit tan alt que les Walkiries semblarien una cançó de bressol. Han passat tres ambulàncies i han sonat vint-i-quatre clàxons, perquè els conductors no poden ser-hi un segon i mig amb el cotxe davant d'un semàfor en verd. Tots els sorolls del segon país més sorollós del món són inaudibles. Però si un nen plora, mig restaurant aixecarà el cap i bombardejarà els pares amb aquella mirada assassina. 'Fes alguna cosa, imbècil', pensen. 

Avui el trending topic a twitter és #HotelesSinNiños. Hi ha, sembla ser, milers de persones que consideren que topar-se amb un nen pels passadissos de l'hotel és convertir Resacón en Las Vegas en El resplandor. I apel·lant una versió del liberalisme que escandalitzaria el mateix Hayek, reclamen i celebren els hotels sense nens. Hi va haver una època en què els hotels eren friendlys. Tot era gay friendly, peet friendly, backpacker friendly, celíacs friendly,... Ara anem cap als hotels sense: Es comença pels hotels sense nens i s'acaba amb un hotels sense lletjos, sense vells, sense tolits, sense escaquistes... Sempre podem trobar un argument: Els vells deprimeixen, els tolits apenen, els escaquistes avorreixen. Jo suggereixo un hotel sense: Hotel sense persones que volen anar a "hotels sense". Que em sembla un bonic oximoron.

El problema no és si aquests hotels discriminen o seleccionen targets. El problema no és normatiu, ni legal, ni ètic. El problema més greu és la quantitat de persones a les que els hi molesta els nens. Una societat pedofòbica és una societat malalta. He intentat explicar moltes vegades que el major avenç de la societat contemporània és la descoberta de la paternitat. He tingut la immensa sort de viure en una època que m'ha permès fer de pare i gaudir-ne, i fruir amb tota la intensitat un munt d'instants que no es poden comparar amb res més, que són l'essència mateixa de la meva existència. No hi ha portes de Tanhauser més altes que les tardes amb en David i amb en Francesco. I és clar que qui no vol ser pare no ho és; i que la maternitat no és cap deure, sinó un preciós dret, que prens o no. I que hi ha milers de vides plenes sense fills. No, la paternitat no és obligatòria. Ni tan sols recomanable. 

Me'l miro al Francesco. Amb els seus quatre anys, tan divertits. Amb la seva mirada neta i la seva curiositat lluminosa i la seva energia desbordant. Me'l miro amb aquell somriure de murri, agafat al seu osset de pelfa, amb el seu cap desproporcionat i les seves manetes fosques, i la seva pell de prèssec, i l'olor de camp de blat. Me'l miro. I intento comprendre que el món és ple de persones a les que els hi molesta. I Francesco té son i està cansat de jugar, i s'apropa a quatre grapes perquè és un gatet, i llavors es deixa acaronar. I seu al teu costat, per a què l'abracis, i badalla. I fins i tot els badalls són divertits. I es deixa tocar aquells peuets bruns; i et demana una vegada més que l'expliquis aquell conte al que mai arribem al final. I me'l miro. I penso que hi ha persones a les que els hi molesta. Que se'l trobarien en un hotel i canviarien d'allotjament. I jo que sempre intento posar-me del costat de l'altre, i entendre'ls una mica, me'l miro del dret i del revés. I com sempre, acabo dormit en el sofà, abraçat al seu osset.

10 de maig 2017

Pérez Reverte y nosotras

La culpa es de Lucía. Nos había hecho notar que los camareros de Madrid cada vez están más macizos. Y además de esos torsos inmensos y esos culos prietos, empezaban a proliferar los uniformes ajustados, tanto que no solo puedes conocer el calibre sino incluso la forma del glande. Lucía, que siempre tiene que buscar un sentido oculto a todo, consideraba que el nivel del personal era una estrategia para esconder la baja calidad del producto. Y por eso nos propuso ir a un restaurante de camareros rechonchos, Casa Ucilo. Como allí los rabos van cortos, nos podríamos centrar en el rabo de toro. O en el capón en pepitoria, que tanto monta, monta tanto.

Estábamos las de siempre. Mi amiga Lucía, Ana del Río, Carmen Figueroa y yo misma. En realidad, me lo invento. Puede que no fuera Carmen, sino Mariona. Pero el quién no es relevante, sino el qué. Eso sí, todas lamentamos que Ana no hubiera venido acompañada de su nuevo becario, un cubano de casi dos metros. Me refiero a la estatura, aunque Ana nos había explicado que Diego calzaba un XXL. Y Ana nunca exagera. Lucía nos estaba explicando cómo se había engordado su secretario desde que le dejó su mujer, que le habían salido como dos tetas gigantes, y que la silla empezaba a ceder por el sobrepeso. Justo cuando nos estábamos desternillando, aparecieron ellos.



Primero entró Pérez Reverte, el de Alatriste. El escritor culo caído, ya saben. Puede que algún lector mojigato me acusará de usar un término despectivo, pero me limito a describir su anatomía. Si digo el escritor que tiene un culo que le llega a los tobillos ya saben de quién estoy hablando. También estaban el barriga de sandía y el pene corto. Ese que había salido en las revistas con un bañador ajustado y marcaba un paquete tan pequeño que no sabías si le estabas mirando por delante o por detrás. Ya lo dice mi amiga Lucía: Aléjate de los hombres que la tengan más pequeña que su meñique. Ana dijo que había tantos hombres feos en el local que ya no había jarrete de ternera que lo compensase. 

No habían llegado al segundo plato y el culo caído y sus amigos ya iban más beodos que una despedida de soltero en Magaluf. Uno de ellos se levantó tambaleando e intentó fotografiarse junto a la comensal de la mesa de al lado, mientras se apoyaba en su hombro con sus manazas de oso. En la mesa, el pene corto reía con gruñidos desagradables y aplaudía con sus minúsculos brazuelos. Antes de que el acompañante de la comensal le diera un puñetazo en la barbilla, el maitre calvo con pelos en las orejas lo apartó de la escena y le acompañó hasta la mesa. "Por Dios, compórtense, caballeros. Los clientes se están quejando...". "Que le den por culo a los clientes", masculló el culo caído mientras disparaba perdigones "a ver si no vamos a poder fotografiarnos con quien nos sale de los cojones". "Y tú no tienes ni media hostia", amenazaba el pene corto.

Tras el quinto Protos, cambiaron de tercio y vaciaron tres botellas de licores de esos que nadie había probado en años. Ya estábamos tentadas de abandonar el restaurante, cuando cansado de las brabuconerías del pene corto, el acompañante levantó su metro noventa largo y su espalda de waterpolista. Le bastó con dirigirse hacia los beodos para que estos salieran corriendo como alma que lleva el diablo; y aunque el barriga de sandía taponó la salida por un instante, yo temí un efecto ventosa, finalmente salieron despedidos del local. Todos celebramos su marcha con un aplauso espontáneo. 

Ese día decidimos recuperar nuestra ruta de restaurantes de camareros macizos. Y amplíamos la promesa. Lucía tenía que despedir al zampabollos de las tetas gordas. A partir de aquel momento, solo contrataríamos becarios que tuvieran el culo duro y los bíceps como pelotas de baloncesto. Y que no se pusieran histéricos si un día les pellizcas el trasero. Como dicen los manuales de la empresa, no hay eficiencia sin control de calidad. 

07 de maig 2017

I si eliminem el turisme?

L'economista Miquel Puig és el portaveu de la turismofòbia al diari Ara. Ens ha explicat que el turisme es basa en la immigració, no crea riquesa, només funciona per les subvencions, paga salaris baixos, genera molèsties als veïns i mitja dotzena de catàstrofes més. Ara fa uns dies, defensà en un plató que el turisme es ven per sota de cost. I ha publicat un article per explicar aquesta curiositat econòmica.



La relació entre riquesa i turisme

El primer que ens intenta demostrar Puig és que el turisme implica no prosperitat. I selecciona una sèrie de comarques "a l'atzar" que li permeten constatar que comarques molt turístiques tenen PIB per càpita més baixos que comarques molt poc turístiques. I entre aquestes, hi inclou la Cerdanya o el Ripollès, perquè és clar, a Camprodon i a Alp no han vist mai un turista. Ens diu, per exemple, que l'Alt Penedès té més PIB per càpita que el Baix. Aquesta selecció no és aleatòria. Podria haver dit, per contra, que la Vall d'Aran duplica el PIB per càpita del Montsià o que La Selva està molt per sobre del Priorat. De fet, sobta que l'article neixi d'una valoració sobre Barcelona (que és el principal pol turístic del país) i obviï el PIB per càpita del Barcelonès, que és el més elevat del país. 

En economia, no podem usar dos o tres exemples, perquè encara que s'escullin aleatòriament (que no és el cas) no són representatius. Per tant, si volem establir una veritable correlació entre PIB comarcal i activitat turística, hauríem d'estudiar-les totes. I això és el que podem veure en el gràfic següent, que relaciona el PIB per càpita i la recaptació de l'impost d'estades turístiques, que és un bon indicador de l'activitat turística comarcal. Ja intuiran que el coeficient de correlació (que mesura la relació entre les dues variables) és molt proper a zero. En altres paraules: no hi ha cap relació entre turisme i riquesa per càpita a escala comarcal. Cap ni una. 



I això s'explica per dos motius bastant obvis. El primer és que hi ha molts models turísitics que generen escenaris d'acumulació de riquesa molt diferents. I no és només una diferència tipològica (urbà, mice, neu, rural...), sinó també de nivells de qualitat, de rendibilitat o d'amortització i obsolescència. La segona raó és que el turisme és una part de l'activitat econòmica i la riquesa comarcal també està relacionada amb la salut variable de la resta de sectors. I convé començar a trencar tòpics. El Baix Llobregat recapta més en estades turístiques que el Baix Camp, el Tarragonès més que La Selva i el Gironès més que el Baix Penedès. El turisme ja no és una activitat situada en uns pocs municipis del litoral, sinó un fenomen que s'ha escampat per la major part de la geografia del país. 

És el mateix procés que s'ha originat a escala mundial, en el que el turisme demostra la seva viralitat arreu. Ja no ens preguntem quin país és turístic, sinó quin país no ho és pas. Per cert, recordem quins són els països situats en el Top 10: França, USA, Espanya, la Xina, Itàlia, Turquia, Alemanya, Gran Bretanya, Rússia i Tailàndia. O el Top Ten del turisme urbà: Hong Kong, Bangkok, Londres, Singapur, París, Macao, Dubai, Istambul, Nova York, Kuala Lumpur. En algun moment, el discurs turismofòbic s'ha de plantejar com és que essent el turisme tan negatiu, les principals economies del món i les principals ciutats del món són també les principals destinacions internacionals. 

L'impacte del turisme

La línia argumental de Puig s'ha centrat en el baix nivell dels salaris. Però és aquesta la forma en la que els economistes mesuren l'impacte econòmic?. La literatura clàssica considera que l'impacte econòmic d'una activitat és la suma de tres tipus d'impacte: directe, indirecte i induït. Després veurem que això s'ha complicat una mica més. Però repasem breument aquesta triada clàssica.

Per algun motiu que desconec, Puig sempre infravalora l'impacte directe, que és el més senzill de calcular. Si només considerem el turisme internacional, Catalunya rep uns 18 milions de turistes internacionals, amb una despesa mitjana propera a 1.000 euros, de manera que el volum d'ingressos és de 18.000 milions. A Espanya, el turisme internacional supera els 50.000 milions d'ingressos directes. I estem parlant només de les entrades internacionals, ignorant els fluxos interns, que són molt importants. Es tracta, en definitiva, dels ingressos que obtenen els empresaris o autònoms que ofereixen serveis o béns turístics. Són els ingressos de la companyia hotelera AC, però també del taxista que porta a un congressista de l'aeroport a la Fira 2 o del propietari de la cafeteria on es pren l'esmorzar de mig matí. A banda de la seva contribució al PIB, el turisme internacional és una forma d'exportació i, per tant, un mecanisme per equilibrar la balança de pagaments. I, per cert, també és una forma de millorar les arques públiques (amb impostos indirectes i directes), que és un altre problema de l'argument de Puig. 

L'empresari hoteler renova els mobles, compra ampolles de refresc pel mini-bar o actualitza el vestuari dels treballadors. Hi ha un segon impacte, que anomenem indirecte, que és el consum que realitza l'empresa turística als seus proveïdors. Si tanca un hotel, no només patiran les conseqüències els seus treballadors, sinó també tots aquells que li subministren béns i serveis. Estem esperant els resultats del compte satèl·lit del turisme català seguint les recomanacions de l'OMT, que està bastant avançat. Però dels resultats precedents, podem destacar alguns resultats poc divulgats. El primer és que la despesa (directa i indirecta) en allotjament és inferior a la indústria alimentària o al comerç. És a dir, es beneficia molt més la indústria agroalimentària del turisme (un 8,44%) que tot el sector de l'allotjament (un 7,83%). És curiós perquè Puig contraposa la vitalitat del sector agroalimentari de Lleida a la inoperància del turisme a Mallorca; Puig hauria de saber que si demà tanquem el turisme, tanquem al mateix una part del nostre sector agroalimentari, que se'n beneficia directament. 

I hi ha un tercer impacte, que és l'induït, relacionat amb el salaris dels treballadors. Aquest és el cavall de batalla de Puig. I m'agradaria saber per què ignora els dos anteriors.  Però centrem-nos només en els salaris per un moment. L'argument de Puig és més o menys aquest: El turisme no ens convé perquè si restem el que ens costa del que guanyem amb ell sortim perdent. Està per sota de cost. Els empresaris sí es guanyen la vida (perquè si no, lògicament, tancarien). El problema, ens diu, és que una part dels costos del turisme els paguem entre tots. I utilitza com a argument que els empresaris paguen els treballadors per sota del seu cost social. D'això em diem externalitat negativa. 

Puig diu que els salaris són molt baixos perquè ha trobat una oferta a infojobs sobre cambrera de pisos per sota dels 800 euros mensuals. Novament, fa de l'anècdota categoria. Hi ha milers de llocs de treball en el país per sota dels mil euros, en tots els sectors. Ja he explicat moltes vegades que és gairebé impossible saber quin és el salari mig dels treballadors turístics. Això passa perquè no existeix el 'sector turístic', sinó un ús turístic de sectors econòmics. Són turístics un taxi, un restaurant, un vol, un museu o una botiga de roba?. Poden ser-ho o no. Si només un 8% de la despesa total del turisme es realitza en el sector de l'allotjament, fins a quin punt podem inferir que les condicions de les cambreres d'habitacions (certament molt deficients) són el termòmetre de la salut salarial del sector?. Quan cobra un pilot d'avió?. I un taxista? I el depenent d'una botiga de roba?. I el director del museu?.

Els altres impactes

Si una cosa ens costa més del que guanyem amb ella, l'hauríem d'eliminar. No és socialment rendible. Imaginem que demà tanquem el sector turístic del país. Quins efectes tindria?
  1. Desequilibri de la balança de pagaments. Els ingressos del turisme internacional són exportacions, de manera que la desaparició de 18.000 milions d'euros d'ingressos directes implicaria un evident desequilibri en el fràgil sistema de pagaments internacionals. Per cert, l'absència de turisme també domèstic expulsaria els turistes catalans a l'estranger, el que hauríem de registrar com una importació. No només caurien les exportacions turístiques, sinó que incrementaríem exponencialment les importacions, via estades a l'estrangers dels catalans.
  2. Caiguda dels sectors associats al turisme. No només es perderien els 18.000 milions d'euros de despesa directa. Hem vist que una part dels ingressos turístics van destinats a sectors com el comercial, l'agroalimentari, el tèxtil o el financer. Ells són els proveïdors del sector turístic directe. L'absència de turisme (nacional i internacional) afectaria de manera molt clara algunes marques agroalimentàries estratègiques de país. I tindria un efecte molt negatiu en una part del teixit comercial urbà. 
  3. Pèrdua de connectivitat. El sector turístic és una eina estratègica per a consolidar la connectivitat especialment aèria. El turisme crea la massa crítica suficient com per justificar connexions aèries, que són emprades per altres sectors. La connectivitat és una peça clau d'atracció de talent, estudiants, noves empreses o esdeveniments. Això ho sabem molt bé a la Universitat de Girona, que tenim una bona projecció internacional perquè estem en situats en un espai ben connectat.
  4. Manca d'atracció empresarial. Imaginem una ciutat sense hotels ni vols. Ni restaurants per a forasters ni oferta complementària. Quina seria la seva capacitat d'atracció econòmica?. Com es podrien programar reunions, tancar acords d'exportació, organitzar seminaris o atraure fires internacionals?. De fet, tècnicament, l'absència de turisme implica també l'absència de congressos i fires, del World Mobile Congress a Alimentària, perquè tots els assistents a aquests esdeveniments són, en sentit estricte, turistes. Seria possible competir per l'Agència Europea del Medicament sense oferta hotelera, sense estructura turística?. 
  5. Invisibilitat. La imatge turística implica reputació. Crea marques poderoses amb capacitat d'atracció, de turistes i molts altres actors. Les grans destinacions turístiques són imants capaços d'atraure estudiants universitaris, congressistes, creatius, talent o nous residents. Quan el congrès internacional de cardiòlegs es planteja mitja dotzena de ciutats candidats, té en compte els factors tècnics que hem comentat en el punt anterior; però també hi influeix la imatge de marca que projecta la ciutat.
L'alternativa a la turismofòbia no és la turismofília. Hem de planificar molt millor l'impacte territorial del turisme, hem d'incorporar sistemes de desconcentració, hem d'apujar salaris, millorar els recursos humans i incorporar més talent, hem de decidir que hi ha espais on no es pot créixer més, hem d'innovar més i millor i afrontar l'obsolescència d'una part del sector, hem de castigar les males pràctiques i combatre les ofertes no legalitzades, hem d'avançar en responsabilitat social corporativa i hem de fer una aposta real per un turisme més sostenible. Sí, hem de corregir problemes greus com els de les cambreres de pis. No puc estar-hi més d'acord. 

Però una cosa és proposar mecanismes de millora del sector i una altra és considerar que estaríem més bé sense turisme. Que en la resta guanys - costos, hi sortim perdent. Per més que estirem l'argument turismofòbic, el no turisme tindria uns efectes devastadors en el model ecoòmic del país. L'economia contemporània no està formada per capsetes estanques que podem afegir o extreure quan ens vingui de gust; és un mecanisme de rodes dentades, on cada moviment afecta el conjunt. Ho expresaré de la forma més clara que se m'acut: No ens podem permetre un país sense turisme. O, en tot cas, no és un país on en vindria de gust viure-hi. 

01 de març 2017

Sis peces dels RCR a Girona

Jo ho sabeu. Els RCR, els Aranda, Pigem i Vilalta, ja tenen el Pritzer, el Premi Nobel d'arquitectura. D'Olot al món. Els garrotxins han creat un nou univers arquitectònic, basat en l'audàcia, en la creació d'atmosferes i en una nova interpretació de les línies clàssiques. Per això, han treballat a França, a Bèlgica, a Dubai. Però també a casa nostra. Aquestes són les meves sis peces preferides a Girona.

Llar d'infants de Besalú



A Besalú tenen una llar d'infants que sembla fet per llapissos de colors. Tota la geometria de l'espai gravita a l'entorn d'un gran pati central, que és l'eix que articula la vida del centre. Les columnes de colors primaris creen una atmosfera infantil, riallera i alhora extrordinàriament funcional. Molt inspirada en la guarderia de Manlleu, que és també una obra mestra, la llar d'infants va obtenir el Premi FAD. 

IES Vilartagues de Sant Feliu de Guíxols



En un barri perifèric, situat a la part alta quan la ciutat pràcticament s'acaba, s'enlaira un institut bellíssim. D'un classicisme molt pur, les formes del centre creen una façana gairebé cega, que dona tot el protagonisme als tres patis interiors. Com una mena de temple clàssic, el contundent volum dota de dignitat un barri trencat per un urbanisme improvisat i maldestre. 

Parc de la Pedra Tosca a Les Preses



Aquest extraordinari exercici de paisatgisme crea un recorregut de valles de corten, on les pedres amuntegades semblen a punt de caure. Jugant amb les cotes del parc, els RCR van crear un laberint artificial de pedra seca amuntegada, que posava en valor l'art mil·lenari de cercar els camps amb pedres sense morter. El resultat és una mena d'atmosfera irreal, un espai gairebé màgic. Ideal per a fabricar noves idees. 

Hotel Les Cols d'Olot



Tot el projecte arquitectònic de Les Cols és obra dels RCR, del restaurant, a l'hotel o la carpa. M'encanta la carpa per a banquets creada pels arquitectes olotins, perquè trenca per fi amb el kistch de les construccions exteriors per a banquets. Però segurament la peça més singular és el propi hotel. Situat en un polígon impersonal, els RCR prenen la decisió correcta: Si no podem mirar fora, mirem amunt, i obren les habitacions al cel de la Garrotxa. Els patis zen de roca volcànica i el joc de miralls d'imitació basàltica són una interpretació genial de la geografia dels volcans. 

Casa per un fuster a Olot



De cases RCR n'hi ha moltes a Girona. Potser la que més m'agrada és aquest joc de volums, que creen una mena de quarta dimensió. L'objectiu és trencar la lògica de l'espai (dins - fora, sobre - sota), però també reforçar les visuals i integrar la casa amb el pendent de la muntanya. És la casa dels meus somnis. 

Espai teatre La Lira de Ripoll




I acabo amb l'obra que més em fascina, una veritable obra mestra. L'espai aconsegueix crear un volum en un buit. És una mena de geometria inversa en la que el forat és l'estructura. No em canso d'admirar aquesta solució excepcional per a un espai tan complicat en el seu disseny inicial. Si els Roca crearen menjar del fum, els RCR han creat espai del buit. 

Potser ha arribat el moment de fer la ruta arquitectònica dels RCR per Girona. I si hi afegim Ruiz-Geli i altres genis locals, Girona dona per un itinerari excepcional en nova arquitectura. Potser ha arribat el moment de reivindicar els nous edificis, que superen el rigor modernista del turisme dels 80. Enhorabona, Aranda, Pigem i Vilalta. I gràcies. 


20 de gener 2017

Barcelona fora de Barcelona



A poc a poc, el debat sobre el turisme a Barcelona pren una altra dimensió. Hi ajuda un nou convidat a l'àgora dels debats de la ciutat, que és el del boom del preus del lloguer. N'hi ha qui connecta automàticament els dos debats i estableix una relació causa - efecte directa entre turistes i preus de lloguer. Les dades no semblen dir el mateix. El turisme pressiona parcialment el mercat de lloguer, amb més intensitat en uns barris i amb nul·la incidència en uns altres; però no explica el salt. Ha d'haver-hi un altre perquè. La Generalitat creu que és l'asimetria en la informació i per això ha activat un sistema de càlcul del preu de lloguer ideal. Em sembla una bona idea, però no identifica bé el problema. De vegades, tot és una mica més simple.

Els preus del lloguer de Barcelona es disparen bàsicament perquè Barcelona és una ciutat atractiva a escala mundial. I això genera un desequilibri progressiu entre una oferta finita i reduïda i una demanda creixent. Demanda de qui?. Doncs de tres grans col·lectius. El primer, és veritat, els turistes, que són tant la família de Marsella que vol visitar la Sagrada Família com els assistents coreans a una fira d'alimentació. El segon és el dels catalans que es desplacen a viure a Barcelona com a projecte vital, perquè creuen que aquesta ciutat els dotarà de majors oportunitats o, tan sols, d'una forma de vida metropolitana que desitgen. Barcelona s'omple de catalans. I el tercer és una nova generació de residents internacionals, que venen a la ciutat a gaudir de l'espectacle de la ciutat. N'hi ha de tot. Músics que treballen de cambrers per les tardes, pintors, programadors, aspirants a Leo Messi i comediants sense massa gràcia. 

Ens serà molt difícil entendre la Barcelona contemporània si no consensuem el diagnòstic. I els proposo la següent idea: La causa que genera les tensions en la ciutat contemporània de Barcelona és la seva atracció. Una atracció que ha saltat d'escala i s'ha projectat a nivell internacional. Barcelona és una de les ciutats del món on la gent vol ser-hi. No només ser-hi per fer alguna cosa (fotografiar monuments, veure un partit de futbol o cursar un màster), que també. Ser-hi a seques. A moltes persones del món els agradaria ser-hi a París, a Londres, a Nova York, a Sidney, a Berlin o a Barcelona. Per això es tensiona el turisme; per això pugen els preus de lloguer; per això costa tant un metre quadrat d'establiment comercial. He defensat en diverses ocasions que el turisme a Barcelona no és més que una derivada d'un procés més ampli, que és l'atracció de Barcelona. El que ha esdevingut en els darrers 20 anys és una situació inèdita, perquè Barcelona s'ha integrat en el mapa de ciutats on la gent gaudeix sent-hi. Estudiants. Turistes. Empresaris. Investigadors. Inversors. Especuladors. Malalts. Jubilats. 

No hi ha ciutat sense ciutadans. No hi ha Barcelona sense residents. No hi tinc cap dubte. La matèria primera de les ciutats són els seus habitants i es necessita fixar població permanent i dissenyar la ciutat per a aquestes persones. Seria més difícil posar-se d'acord en què és un resident i sobretot què no és un resident, més enllà dels criteris administratius. Però això és només la meitat del projecte de ciutat. L'altra meitat és que no hi ha ciutat sense atracció. Les ciutats no són només els contenidors de residents, sinó també són l'espai de barreja, d'intercanvi, de compra - venda, d'estades breus, de becanvis culturals i atracció de talent. La ciutat contemporània neix quan cauen les muralles i s'inicia una nova era de ciutats obertes, que són ciutats perquè són obertes. Som, però, en un moment de la història en què les grans ciutats han canviat l'escala de la seva capacitat d'atracció. Ja no són només la referència del seu hinterland, o del seu país, o la seva regió, són ciutats obertes al món. 

El disseny de les ciutats del futur no pot ser un laissez faire en el que la capacitat d'atracció arraconi la població local fins el punt de buidar barris sencers. Sabem que no és possible una ciutat sense ciutadans. Però les accions tampoc poden provocar l'efecte contrari: Si la defensa de l'espai residencial acaba limitant la interacció i obrint unes noves muralles, la ciutat morirà també. I, per tant, la gestió és el joc dialèctic entre dues forces aparentment oposades, o en tot cas, que estiren des de costats diferents. No és fàcil. Però és el que probablement hem de fer. 

Crec que una de les vies de solució és el canvi d'escala també en l'oferta. Si la ciutat s'ha fet atractiva a escala mundial, si des del costat de la demanda l'increment ha estat molt elevat, des del costat de l'oferta la resposta no pot ser només local. De fet, aquest és un problema que la ciutat ja ha tingut en altres ocasions: Primer, quan les onades migratòries atretes per la ciutat feien inviable l'expansió de la trama urbana municipal i s'escamparen per les ciutats veïnes. Segon, quan el creixement de la nova indústria exigia sòl i accessibilitat que només podien oferir espais metropolitans cada vegada més allunyats del core. Ara som a les portes d'una tercera onada expansiva, que és el turisme a Barcelona fora de Barcelona. Necessitem un canvi d'escala i resoldre les tensions del turisme a la ciutat tot integrant l'Àrea Metropolitana en la resposta a la pressió. I potser cal un pla turístic metropolità i un ens de promoció turístic metropolità.