30 de juny 2017

No eres padre hasta que no estás en el whatsapp del AMPA de la escuela


Hay frases que los padres de hijos adoptados tememos. La primera es 'Qué suerte ha tenido'. No, los hijos adoptados no tienen más suerte ni menos que los hijos no adoptados. Es la misma fortuna que tiene un niño que viene a este mundo en esa familia con cinco apellidos que le garantiza un futuro de por vida y una villa en Ciutadella. Nacer en Uganda o en Viena es una lotería y la mejor definición de un mundo mejor sería esa: Que el nacimiento no condicione tu existencia. La segunda es 'Qué bueno eres'. Ser padre no es un gesto altruista ni una oenegé. Yo tiendo a pensar que el afortunado soy yo. En todo caso, estoy seguro que no pensarían lo mismo si me hubieran visto el día que puse al niño en el coche y le dejé la llave para ir a mi asiento, justo en el momento en que el niño cerró el coche por dentro. Y luego viene la peor de todas: 'Pues no lo parece'. Se llama Francesco, es moreno, muy pequeño y extraordinariamente ágil. No hace falta ser Poirot para constatar al instante que no nos parecemos en nada; excepto en que nos encantan los vídeos de caídas fortuitas. Ese 'no lo parece' es una especie de indulgencia, como cuando a un cojo le dicen 'pues no se nota'. Se nota, se nota. Ser adoptado no es ni estigma ni una condición que hay que ocultar para que no se note. 

Ya ni comento aquello de 'Se les quiere igual, ¿verdad?'. Que te vienen ganas de responder: 'Pues no exactamente. En realidad a los hijos adoptados se les quiere solo de lunes a miércoles y en los días festivos, pero los jueves, la verdad es que no, no se les quiere nada de nada'. ¿Cuál sería la mejor frase con la que hacer referencia a un hijo adoptado?. Pues exactamente la misma que dirías de uno no adoptado: Qué preciosidad, se le ve muy despierto, no lo he visto hace dos meses y casi no lo reconozco, este antes de que te des cuenta te está pidiendo la moto, antes le compro un traje que le invito a comer, la pena es que crecen muy deprisa... Son las típicas frases a un euro, conversaciones de ascensor, que funcionan porque evitan ser sincero. Porque en realidad esa es la diferencia entre un hijo adoptado y uno no adoptado: Ninguna. 

La paternidad no tiene nada que ver con la biología ni con la genética. La paternidad es como la mili. Te pasas el día cambiando pañales, preparando biberones, soportando berrinches, contando cuentos y saltándote cenas de amigos y cuando pasa todo, te dedicas el tiempo a explicar batallitas de lo maravilloso que ha sido ser padre. Un padre es una persona que le enseña a su hijo a ser una persona. Le exige, le abraza, le riñe, le acaricia, le da ejemplo, le alecciona, le lleva al chiquiparque, le compra una bicicleta y un día le ayuda a montar los muebles de Ikea de su nuevo piso. Ser padre es evitar morirse de risa cuando ha llenado de espuma de afeitar todo el salón o consolar a tu hijo portero el día que le han clavado 12 goles. En resumen: Ser padre es un acto cultural, si quieren social o antropológico, pero no biológico.

Este largo preámbulo tiene que ver con el debate sobre la maternidad subrogada. Yo escucho a los unos y a los otros, a los del sí y a los del no, y aunque se presentan como antagónicos, tienen en común esa visión biológica de la maternidad y de la paternidad. Empiezo por los defensores. Hablamos de una pareja que por la circunstancia que sea no pueden tener hijos. Y en vez adoptar un hijo y malcriarlo, llevarlo a Disneyland París y enseñarles a jugar a ajedrez deciden tener un hijo con su código genético. Y uno se pregunta qué nivel de autoestima tiene uno que tener para suponer que sus genes merecen ser perpetuados. No hay para tanto. Lo que hay que perpetuar es el sentido cívico, las obras de la Generación del 27, los Rollings y el amor al prójimo. Que los ojos sean verde oliva o que puede lamerse el codo es bastante accesorio. Yo no tendría ningún orgullo paterno si alguien me comentase que mi hijo mayor 'es clavadito a ti'; tendría más bien, un punto de compasión. Si me tengo que sentir orgulloso de él (que tampoco va de eso de la paternidad, déjenme decirlo), sería de su comportamiento, de sus convicciones o de su ética. No de su altura. 

Pero lo siento, tampoco me gustan los argumentos del no. De entrada, me van a perdonar, el embarazo está sobrevalorado. Si no nos decimos la verdad, luego todo llega por sorpresa: El embarazo es un coñazo. Sobre todo para ella, que se pasa nueve meses con las hormonas como un pachinko y los pies inflados como dos zeppelines. También para todos los que les rodean, porque las conversaciones se reducen a palabras con diminutivos (pataditas, barriguita, cabecita). Dedicar quince minutos (bien, de acuerdo, treinta) a poner la semillita no te confiere de repente la condición de papá. Pero soportar los nueve meses de náuseas, tampoco de mamá. El padre o la madre es el que sabe que le dan miedo los disfraces de bruja, que le entienden perfectamente cuando con dos años y medio emiten sonidos guturales, que conocen el nombre de la maestra en prácticas y que han asistido a una audición interminable con números musicales que podría utilizar el Mosad como instrumento de tortura. No eres padre hasta que no te dan de alta en el grupo de whats app del AMPA. Estar embarazada no quiere decir que seas madre, ni que vayas a serlo. Y considerar eso sí es tratar a una mujer como una vasija. 

Yo no votaría a favor de una ley de maternidad subrogada, porque está teñida de biologismo: "No privemos a una pareja de la posibilidad de ser padres", nos dicen. Si nadie les priva. Que adopten tantos niños como quieran. Esa necesidad de ser padre "biológico" es un anacronismo neanderthal. Ser padre es levantarse a las tres de la mañana a buscar a tu hijo adolescente de la fiesta del instituto. Que padre e hijo tengan una mancha en el omoplato es lo de menos, francamente. Pero no comparto el biologismo de los del no, que subliman el valor del embarazo. De hecho, tendríamos que empezar a desterrar del lenguaje el concepto de 'padre biológico' y de 'madre biológica'. Madre no hay más que una: La que cura el dolor más doloroso con solo un beso. Como la madre de David; o la madre de Francesco. 

23 de maig 2017

Sense nens


El que més m'agradava d'aquella casa era el so del pati. Al costat d'una escola, cada matí arribava el brogit infantil de la cridòria del nens. No hi ha CD de mindulness que superi l'esclat de vida i de joia en aquell pati del xiprer infinit. 

Pot ser a l'AVE o l'avió o qualsevol restaurant. El nadó xiscla per la gana, o pel son, o simplement perquè és la seva forma de comunicar-se, i automàticament s'alcen tres o quatre caps amb la cara desencaixada. Per què jo, per què avui?, es lamenten. Un dia que surto i sec al costat d'un nen, pensen. Abans, el broker de la quatre ha estat escridassant la seva secretària pel mòbil durant vint minuts, i les amigues han explicat les seves aventures de llit amb més decibelis dels qui permet la discreció, i aquell solitari de l'onze ha xuclat nou caps de gamba amb un estrèpit tan alt que les Walkiries semblarien una cançó de bressol. Han passat tres ambulàncies i han sonat vint-i-quatre clàxons, perquè els conductors no poden ser-hi un segon i mig amb el cotxe davant d'un semàfor en verd. Tots els sorolls del segon país més sorollós del món són inaudibles. Però si un nen plora, mig restaurant aixecarà el cap i bombardejarà els pares amb aquella mirada assassina. 'Fes alguna cosa, imbècil', pensen. 

Avui el trending topic a twitter és #HotelesSinNiños. Hi ha, sembla ser, milers de persones que consideren que topar-se amb un nen pels passadissos de l'hotel és convertir Resacón en Las Vegas en El resplandor. I apel·lant una versió del liberalisme que escandalitzaria el mateix Hayek, reclamen i celebren els hotels sense nens. Hi va haver una època en què els hotels eren friendlys. Tot era gay friendly, peet friendly, backpacker friendly, celíacs friendly,... Ara anem cap als hotels sense: Es comença pels hotels sense nens i s'acaba amb un hotels sense lletjos, sense vells, sense tolits, sense escaquistes... Sempre podem trobar un argument: Els vells deprimeixen, els tolits apenen, els escaquistes avorreixen. Jo suggereixo un hotel sense: Hotel sense persones que volen anar a "hotels sense". Que em sembla un bonic oximoron.

El problema no és si aquests hotels discriminen o seleccionen targets. El problema no és normatiu, ni legal, ni ètic. El problema més greu és la quantitat de persones a les que els hi molesta els nens. Una societat pedofòbica és una societat malalta. He intentat explicar moltes vegades que el major avenç de la societat contemporània és la descoberta de la paternitat. He tingut la immensa sort de viure en una època que m'ha permès fer de pare i gaudir-ne, i fruir amb tota la intensitat un munt d'instants que no es poden comparar amb res més, que són l'essència mateixa de la meva existència. No hi ha portes de Tanhauser més altes que les tardes amb en David i amb en Francesco. I és clar que qui no vol ser pare no ho és; i que la maternitat no és cap deure, sinó un preciós dret, que prens o no. I que hi ha milers de vides plenes sense fills. No, la paternitat no és obligatòria. Ni tan sols recomanable. 

Me'l miro al Francesco. Amb els seus quatre anys, tan divertits. Amb la seva mirada neta i la seva curiositat lluminosa i la seva energia desbordant. Me'l miro amb aquell somriure de murri, agafat al seu osset de pelfa, amb el seu cap desproporcionat i les seves manetes fosques, i la seva pell de prèssec, i l'olor de camp de blat. Me'l miro. I intento comprendre que el món és ple de persones a les que els hi molesta. I Francesco té son i està cansat de jugar, i s'apropa a quatre grapes perquè és un gatet, i llavors es deixa acaronar. I seu al teu costat, per a què l'abracis, i badalla. I fins i tot els badalls són divertits. I es deixa tocar aquells peuets bruns; i et demana una vegada més que l'expliquis aquell conte al que mai arribem al final. I me'l miro. I penso que hi ha persones a les que els hi molesta. Que se'l trobarien en un hotel i canviarien d'allotjament. I jo que sempre intento posar-me del costat de l'altre, i entendre'ls una mica, me'l miro del dret i del revés. I com sempre, acabo dormit en el sofà, abraçat al seu osset.

10 de maig 2017

Pérez Reverte y nosotras

La culpa es de Lucía. Nos había hecho notar que los camareros de Madrid cada vez están más macizos. Y además de esos torsos inmensos y esos culos prietos, empezaban a proliferar los uniformes ajustados, tanto que no solo puedes conocer el calibre sino incluso la forma del glande. Lucía, que siempre tiene que buscar un sentido oculto a todo, consideraba que el nivel del personal era una estrategia para esconder la baja calidad del producto. Y por eso nos propuso ir a un restaurante de camareros rechonchos, Casa Ucilo. Como allí los rabos van cortos, nos podríamos centrar en el rabo de toro. O en el capón en pepitoria, que tanto monta, monta tanto.

Estábamos las de siempre. Mi amiga Lucía, Ana del Río, Carmen Figueroa y yo misma. En realidad, me lo invento. Puede que no fuera Carmen, sino Mariona. Pero el quién no es relevante, sino el qué. Eso sí, todas lamentamos que Ana no hubiera venido acompañada de su nuevo becario, un cubano de casi dos metros. Me refiero a la estatura, aunque Ana nos había explicado que Diego calzaba un XXL. Y Ana nunca exagera. Lucía nos estaba explicando cómo se había engordado su secretario desde que le dejó su mujer, que le habían salido como dos tetas gigantes, y que la silla empezaba a ceder por el sobrepeso. Justo cuando nos estábamos desternillando, aparecieron ellos.



Primero entró Pérez Reverte, el de Alatriste. El escritor culo caído, ya saben. Puede que algún lector mojigato me acusará de usar un término despectivo, pero me limito a describir su anatomía. Si digo el escritor que tiene un culo que le llega a los tobillos ya saben de quién estoy hablando. También estaban el barriga de sandía y el pene corto. Ese que había salido en las revistas con un bañador ajustado y marcaba un paquete tan pequeño que no sabías si le estabas mirando por delante o por detrás. Ya lo dice mi amiga Lucía: Aléjate de los hombres que la tengan más pequeña que su meñique. Ana dijo que había tantos hombres feos en el local que ya no había jarrete de ternera que lo compensase. 

No habían llegado al segundo plato y el culo caído y sus amigos ya iban más beodos que una despedida de soltero en Magaluf. Uno de ellos se levantó tambaleando e intentó fotografiarse junto a la comensal de la mesa de al lado, mientras se apoyaba en su hombro con sus manazas de oso. En la mesa, el pene corto reía con gruñidos desagradables y aplaudía con sus minúsculos brazuelos. Antes de que el acompañante de la comensal le diera un puñetazo en la barbilla, el maitre calvo con pelos en las orejas lo apartó de la escena y le acompañó hasta la mesa. "Por Dios, compórtense, caballeros. Los clientes se están quejando...". "Que le den por culo a los clientes", masculló el culo caído mientras disparaba perdigones "a ver si no vamos a poder fotografiarnos con quien nos sale de los cojones". "Y tú no tienes ni media hostia", amenazaba el pene corto.

Tras el quinto Protos, cambiaron de tercio y vaciaron tres botellas de licores de esos que nadie había probado en años. Ya estábamos tentadas de abandonar el restaurante, cuando cansado de las brabuconerías del pene corto, el acompañante levantó su metro noventa largo y su espalda de waterpolista. Le bastó con dirigirse hacia los beodos para que estos salieran corriendo como alma que lleva el diablo; y aunque el barriga de sandía taponó la salida por un instante, yo temí un efecto ventosa, finalmente salieron despedidos del local. Todos celebramos su marcha con un aplauso espontáneo. 

Ese día decidimos recuperar nuestra ruta de restaurantes de camareros macizos. Y amplíamos la promesa. Lucía tenía que despedir al zampabollos de las tetas gordas. A partir de aquel momento, solo contrataríamos becarios que tuvieran el culo duro y los bíceps como pelotas de baloncesto. Y que no se pusieran histéricos si un día les pellizcas el trasero. Como dicen los manuales de la empresa, no hay eficiencia sin control de calidad. 

07 de maig 2017

I si eliminem el turisme?

L'economista Miquel Puig és el portaveu de la turismofòbia al diari Ara. Ens ha explicat que el turisme es basa en la immigració, no crea riquesa, només funciona per les subvencions, paga salaris baixos, genera molèsties als veïns i mitja dotzena de catàstrofes més. Ara fa uns dies, defensà en un plató que el turisme es ven per sota de cost. I ha publicat un article per explicar aquesta curiositat econòmica.



La relació entre riquesa i turisme

El primer que ens intenta demostrar Puig és que el turisme implica no prosperitat. I selecciona una sèrie de comarques "a l'atzar" que li permeten constatar que comarques molt turístiques tenen PIB per càpita més baixos que comarques molt poc turístiques. I entre aquestes, hi inclou la Cerdanya o el Ripollès, perquè és clar, a Camprodon i a Alp no han vist mai un turista. Ens diu, per exemple, que l'Alt Penedès té més PIB per càpita que el Baix. Aquesta selecció no és aleatòria. Podria haver dit, per contra, que la Vall d'Aran duplica el PIB per càpita del Montsià o que La Selva està molt per sobre del Priorat. De fet, sobta que l'article neixi d'una valoració sobre Barcelona (que és el principal pol turístic del país) i obviï el PIB per càpita del Barcelonès, que és el més elevat del país. 

En economia, no podem usar dos o tres exemples, perquè encara que s'escullin aleatòriament (que no és el cas) no són representatius. Per tant, si volem establir una veritable correlació entre PIB comarcal i activitat turística, hauríem d'estudiar-les totes. I això és el que podem veure en el gràfic següent, que relaciona el PIB per càpita i la recaptació de l'impost d'estades turístiques, que és un bon indicador de l'activitat turística comarcal. Ja intuiran que el coeficient de correlació (que mesura la relació entre les dues variables) és molt proper a zero. En altres paraules: no hi ha cap relació entre turisme i riquesa per càpita a escala comarcal. Cap ni una. 



I això s'explica per dos motius bastant obvis. El primer és que hi ha molts models turísitics que generen escenaris d'acumulació de riquesa molt diferents. I no és només una diferència tipològica (urbà, mice, neu, rural...), sinó també de nivells de qualitat, de rendibilitat o d'amortització i obsolescència. La segona raó és que el turisme és una part de l'activitat econòmica i la riquesa comarcal també està relacionada amb la salut variable de la resta de sectors. I convé començar a trencar tòpics. El Baix Llobregat recapta més en estades turístiques que el Baix Camp, el Tarragonès més que La Selva i el Gironès més que el Baix Penedès. El turisme ja no és una activitat situada en uns pocs municipis del litoral, sinó un fenomen que s'ha escampat per la major part de la geografia del país. 

És el mateix procés que s'ha originat a escala mundial, en el que el turisme demostra la seva viralitat arreu. Ja no ens preguntem quin país és turístic, sinó quin país no ho és pas. Per cert, recordem quins són els països situats en el Top 10: França, USA, Espanya, la Xina, Itàlia, Turquia, Alemanya, Gran Bretanya, Rússia i Tailàndia. O el Top Ten del turisme urbà: Hong Kong, Bangkok, Londres, Singapur, París, Macao, Dubai, Istambul, Nova York, Kuala Lumpur. En algun moment, el discurs turismofòbic s'ha de plantejar com és que essent el turisme tan negatiu, les principals economies del món i les principals ciutats del món són també les principals destinacions internacionals. 

L'impacte del turisme

La línia argumental de Puig s'ha centrat en el baix nivell dels salaris. Però és aquesta la forma en la que els economistes mesuren l'impacte econòmic?. La literatura clàssica considera que l'impacte econòmic d'una activitat és la suma de tres tipus d'impacte: directe, indirecte i induït. Després veurem que això s'ha complicat una mica més. Però repasem breument aquesta triada clàssica.

Per algun motiu que desconec, Puig sempre infravalora l'impacte directe, que és el més senzill de calcular. Si només considerem el turisme internacional, Catalunya rep uns 18 milions de turistes internacionals, amb una despesa mitjana propera a 1.000 euros, de manera que el volum d'ingressos és de 18.000 milions. A Espanya, el turisme internacional supera els 50.000 milions d'ingressos directes. I estem parlant només de les entrades internacionals, ignorant els fluxos interns, que són molt importants. Es tracta, en definitiva, dels ingressos que obtenen els empresaris o autònoms que ofereixen serveis o béns turístics. Són els ingressos de la companyia hotelera AC, però també del taxista que porta a un congressista de l'aeroport a la Fira 2 o del propietari de la cafeteria on es pren l'esmorzar de mig matí. A banda de la seva contribució al PIB, el turisme internacional és una forma d'exportació i, per tant, un mecanisme per equilibrar la balança de pagaments. I, per cert, també és una forma de millorar les arques públiques (amb impostos indirectes i directes), que és un altre problema de l'argument de Puig. 

L'empresari hoteler renova els mobles, compra ampolles de refresc pel mini-bar o actualitza el vestuari dels treballadors. Hi ha un segon impacte, que anomenem indirecte, que és el consum que realitza l'empresa turística als seus proveïdors. Si tanca un hotel, no només patiran les conseqüències els seus treballadors, sinó també tots aquells que li subministren béns i serveis. Estem esperant els resultats del compte satèl·lit del turisme català seguint les recomanacions de l'OMT, que està bastant avançat. Però dels resultats precedents, podem destacar alguns resultats poc divulgats. El primer és que la despesa (directa i indirecta) en allotjament és inferior a la indústria alimentària o al comerç. És a dir, es beneficia molt més la indústria agroalimentària del turisme (un 8,44%) que tot el sector de l'allotjament (un 7,83%). És curiós perquè Puig contraposa la vitalitat del sector agroalimentari de Lleida a la inoperància del turisme a Mallorca; Puig hauria de saber que si demà tanquem el turisme, tanquem al mateix una part del nostre sector agroalimentari, que se'n beneficia directament. 

I hi ha un tercer impacte, que és l'induït, relacionat amb el salaris dels treballadors. Aquest és el cavall de batalla de Puig. I m'agradaria saber per què ignora els dos anteriors.  Però centrem-nos només en els salaris per un moment. L'argument de Puig és més o menys aquest: El turisme no ens convé perquè si restem el que ens costa del que guanyem amb ell sortim perdent. Està per sota de cost. Els empresaris sí es guanyen la vida (perquè si no, lògicament, tancarien). El problema, ens diu, és que una part dels costos del turisme els paguem entre tots. I utilitza com a argument que els empresaris paguen els treballadors per sota del seu cost social. D'això em diem externalitat negativa. 

Puig diu que els salaris són molt baixos perquè ha trobat una oferta a infojobs sobre cambrera de pisos per sota dels 800 euros mensuals. Novament, fa de l'anècdota categoria. Hi ha milers de llocs de treball en el país per sota dels mil euros, en tots els sectors. Ja he explicat moltes vegades que és gairebé impossible saber quin és el salari mig dels treballadors turístics. Això passa perquè no existeix el 'sector turístic', sinó un ús turístic de sectors econòmics. Són turístics un taxi, un restaurant, un vol, un museu o una botiga de roba?. Poden ser-ho o no. Si només un 8% de la despesa total del turisme es realitza en el sector de l'allotjament, fins a quin punt podem inferir que les condicions de les cambreres d'habitacions (certament molt deficients) són el termòmetre de la salut salarial del sector?. Quan cobra un pilot d'avió?. I un taxista? I el depenent d'una botiga de roba?. I el director del museu?.

Els altres impactes

Si una cosa ens costa més del que guanyem amb ella, l'hauríem d'eliminar. No és socialment rendible. Imaginem que demà tanquem el sector turístic del país. Quins efectes tindria?
  1. Desequilibri de la balança de pagaments. Els ingressos del turisme internacional són exportacions, de manera que la desaparició de 18.000 milions d'euros d'ingressos directes implicaria un evident desequilibri en el fràgil sistema de pagaments internacionals. Per cert, l'absència de turisme també domèstic expulsaria els turistes catalans a l'estranger, el que hauríem de registrar com una importació. No només caurien les exportacions turístiques, sinó que incrementaríem exponencialment les importacions, via estades a l'estrangers dels catalans.
  2. Caiguda dels sectors associats al turisme. No només es perderien els 18.000 milions d'euros de despesa directa. Hem vist que una part dels ingressos turístics van destinats a sectors com el comercial, l'agroalimentari, el tèxtil o el financer. Ells són els proveïdors del sector turístic directe. L'absència de turisme (nacional i internacional) afectaria de manera molt clara algunes marques agroalimentàries estratègiques de país. I tindria un efecte molt negatiu en una part del teixit comercial urbà. 
  3. Pèrdua de connectivitat. El sector turístic és una eina estratègica per a consolidar la connectivitat especialment aèria. El turisme crea la massa crítica suficient com per justificar connexions aèries, que són emprades per altres sectors. La connectivitat és una peça clau d'atracció de talent, estudiants, noves empreses o esdeveniments. Això ho sabem molt bé a la Universitat de Girona, que tenim una bona projecció internacional perquè estem en situats en un espai ben connectat.
  4. Manca d'atracció empresarial. Imaginem una ciutat sense hotels ni vols. Ni restaurants per a forasters ni oferta complementària. Quina seria la seva capacitat d'atracció econòmica?. Com es podrien programar reunions, tancar acords d'exportació, organitzar seminaris o atraure fires internacionals?. De fet, tècnicament, l'absència de turisme implica també l'absència de congressos i fires, del World Mobile Congress a Alimentària, perquè tots els assistents a aquests esdeveniments són, en sentit estricte, turistes. Seria possible competir per l'Agència Europea del Medicament sense oferta hotelera, sense estructura turística?. 
  5. Invisibilitat. La imatge turística implica reputació. Crea marques poderoses amb capacitat d'atracció, de turistes i molts altres actors. Les grans destinacions turístiques són imants capaços d'atraure estudiants universitaris, congressistes, creatius, talent o nous residents. Quan el congrès internacional de cardiòlegs es planteja mitja dotzena de ciutats candidats, té en compte els factors tècnics que hem comentat en el punt anterior; però també hi influeix la imatge de marca que projecta la ciutat.
L'alternativa a la turismofòbia no és la turismofília. Hem de planificar molt millor l'impacte territorial del turisme, hem d'incorporar sistemes de desconcentració, hem d'apujar salaris, millorar els recursos humans i incorporar més talent, hem de decidir que hi ha espais on no es pot créixer més, hem d'innovar més i millor i afrontar l'obsolescència d'una part del sector, hem de castigar les males pràctiques i combatre les ofertes no legalitzades, hem d'avançar en responsabilitat social corporativa i hem de fer una aposta real per un turisme més sostenible. Sí, hem de corregir problemes greus com els de les cambreres de pis. No puc estar-hi més d'acord. 

Però una cosa és proposar mecanismes de millora del sector i una altra és considerar que estaríem més bé sense turisme. Que en la resta guanys - costos, hi sortim perdent. Per més que estirem l'argument turismofòbic, el no turisme tindria uns efectes devastadors en el model ecoòmic del país. L'economia contemporània no està formada per capsetes estanques que podem afegir o extreure quan ens vingui de gust; és un mecanisme de rodes dentades, on cada moviment afecta el conjunt. Ho expresaré de la forma més clara que se m'acut: No ens podem permetre un país sense turisme. O, en tot cas, no és un país on en vindria de gust viure-hi. 

01 de març 2017

Sis peces dels RCR a Girona

Jo ho sabeu. Els RCR, els Aranda, Pigem i Vilalta, ja tenen el Pritzer, el Premi Nobel d'arquitectura. D'Olot al món. Els garrotxins han creat un nou univers arquitectònic, basat en l'audàcia, en la creació d'atmosferes i en una nova interpretació de les línies clàssiques. Per això, han treballat a França, a Bèlgica, a Dubai. Però també a casa nostra. Aquestes són les meves sis peces preferides a Girona.

Llar d'infants de Besalú



A Besalú tenen una llar d'infants que sembla fet per llapissos de colors. Tota la geometria de l'espai gravita a l'entorn d'un gran pati central, que és l'eix que articula la vida del centre. Les columnes de colors primaris creen una atmosfera infantil, riallera i alhora extrordinàriament funcional. Molt inspirada en la guarderia de Manlleu, que és també una obra mestra, la llar d'infants va obtenir el Premi FAD. 

IES Vilartagues de Sant Feliu de Guíxols



En un barri perifèric, situat a la part alta quan la ciutat pràcticament s'acaba, s'enlaira un institut bellíssim. D'un classicisme molt pur, les formes del centre creen una façana gairebé cega, que dona tot el protagonisme als tres patis interiors. Com una mena de temple clàssic, el contundent volum dota de dignitat un barri trencat per un urbanisme improvisat i maldestre. 

Parc de la Pedra Tosca a Les Preses



Aquest extraordinari exercici de paisatgisme crea un recorregut de valles de corten, on les pedres amuntegades semblen a punt de caure. Jugant amb les cotes del parc, els RCR van crear un laberint artificial de pedra seca amuntegada, que posava en valor l'art mil·lenari de cercar els camps amb pedres sense morter. El resultat és una mena d'atmosfera irreal, un espai gairebé màgic. Ideal per a fabricar noves idees. 

Hotel Les Cols d'Olot



Tot el projecte arquitectònic de Les Cols és obra dels RCR, del restaurant, a l'hotel o la carpa. M'encanta la carpa per a banquets creada pels arquitectes olotins, perquè trenca per fi amb el kistch de les construccions exteriors per a banquets. Però segurament la peça més singular és el propi hotel. Situat en un polígon impersonal, els RCR prenen la decisió correcta: Si no podem mirar fora, mirem amunt, i obren les habitacions al cel de la Garrotxa. Els patis zen de roca volcànica i el joc de miralls d'imitació basàltica són una interpretació genial de la geografia dels volcans. 

Casa per un fuster a Olot



De cases RCR n'hi ha moltes a Girona. Potser la que més m'agrada és aquest joc de volums, que creen una mena de quarta dimensió. L'objectiu és trencar la lògica de l'espai (dins - fora, sobre - sota), però també reforçar les visuals i integrar la casa amb el pendent de la muntanya. És la casa dels meus somnis. 

Espai teatre La Lira de Ripoll




I acabo amb l'obra que més em fascina, una veritable obra mestra. L'espai aconsegueix crear un volum en un buit. És una mena de geometria inversa en la que el forat és l'estructura. No em canso d'admirar aquesta solució excepcional per a un espai tan complicat en el seu disseny inicial. Si els Roca crearen menjar del fum, els RCR han creat espai del buit. 

Potser ha arribat el moment de fer la ruta arquitectònica dels RCR per Girona. I si hi afegim Ruiz-Geli i altres genis locals, Girona dona per un itinerari excepcional en nova arquitectura. Potser ha arribat el moment de reivindicar els nous edificis, que superen el rigor modernista del turisme dels 80. Enhorabona, Aranda, Pigem i Vilalta. I gràcies. 


20 de gener 2017

Barcelona fora de Barcelona



A poc a poc, el debat sobre el turisme a Barcelona pren una altra dimensió. Hi ajuda un nou convidat a l'àgora dels debats de la ciutat, que és el del boom del preus del lloguer. N'hi ha qui connecta automàticament els dos debats i estableix una relació causa - efecte directa entre turistes i preus de lloguer. Les dades no semblen dir el mateix. El turisme pressiona parcialment el mercat de lloguer, amb més intensitat en uns barris i amb nul·la incidència en uns altres; però no explica el salt. Ha d'haver-hi un altre perquè. La Generalitat creu que és l'asimetria en la informació i per això ha activat un sistema de càlcul del preu de lloguer ideal. Em sembla una bona idea, però no identifica bé el problema. De vegades, tot és una mica més simple.

Els preus del lloguer de Barcelona es disparen bàsicament perquè Barcelona és una ciutat atractiva a escala mundial. I això genera un desequilibri progressiu entre una oferta finita i reduïda i una demanda creixent. Demanda de qui?. Doncs de tres grans col·lectius. El primer, és veritat, els turistes, que són tant la família de Marsella que vol visitar la Sagrada Família com els assistents coreans a una fira d'alimentació. El segon és el dels catalans que es desplacen a viure a Barcelona com a projecte vital, perquè creuen que aquesta ciutat els dotarà de majors oportunitats o, tan sols, d'una forma de vida metropolitana que desitgen. Barcelona s'omple de catalans. I el tercer és una nova generació de residents internacionals, que venen a la ciutat a gaudir de l'espectacle de la ciutat. N'hi ha de tot. Músics que treballen de cambrers per les tardes, pintors, programadors, aspirants a Leo Messi i comediants sense massa gràcia. 

Ens serà molt difícil entendre la Barcelona contemporània si no consensuem el diagnòstic. I els proposo la següent idea: La causa que genera les tensions en la ciutat contemporània de Barcelona és la seva atracció. Una atracció que ha saltat d'escala i s'ha projectat a nivell internacional. Barcelona és una de les ciutats del món on la gent vol ser-hi. No només ser-hi per fer alguna cosa (fotografiar monuments, veure un partit de futbol o cursar un màster), que també. Ser-hi a seques. A moltes persones del món els agradaria ser-hi a París, a Londres, a Nova York, a Sidney, a Berlin o a Barcelona. Per això es tensiona el turisme; per això pugen els preus de lloguer; per això costa tant un metre quadrat d'establiment comercial. He defensat en diverses ocasions que el turisme a Barcelona no és més que una derivada d'un procés més ampli, que és l'atracció de Barcelona. El que ha esdevingut en els darrers 20 anys és una situació inèdita, perquè Barcelona s'ha integrat en el mapa de ciutats on la gent gaudeix sent-hi. Estudiants. Turistes. Empresaris. Investigadors. Inversors. Especuladors. Malalts. Jubilats. 

No hi ha ciutat sense ciutadans. No hi ha Barcelona sense residents. No hi tinc cap dubte. La matèria primera de les ciutats són els seus habitants i es necessita fixar població permanent i dissenyar la ciutat per a aquestes persones. Seria més difícil posar-se d'acord en què és un resident i sobretot què no és un resident, més enllà dels criteris administratius. Però això és només la meitat del projecte de ciutat. L'altra meitat és que no hi ha ciutat sense atracció. Les ciutats no són només els contenidors de residents, sinó també són l'espai de barreja, d'intercanvi, de compra - venda, d'estades breus, de becanvis culturals i atracció de talent. La ciutat contemporània neix quan cauen les muralles i s'inicia una nova era de ciutats obertes, que són ciutats perquè són obertes. Som, però, en un moment de la història en què les grans ciutats han canviat l'escala de la seva capacitat d'atracció. Ja no són només la referència del seu hinterland, o del seu país, o la seva regió, són ciutats obertes al món. 

El disseny de les ciutats del futur no pot ser un laissez faire en el que la capacitat d'atracció arraconi la població local fins el punt de buidar barris sencers. Sabem que no és possible una ciutat sense ciutadans. Però les accions tampoc poden provocar l'efecte contrari: Si la defensa de l'espai residencial acaba limitant la interacció i obrint unes noves muralles, la ciutat morirà també. I, per tant, la gestió és el joc dialèctic entre dues forces aparentment oposades, o en tot cas, que estiren des de costats diferents. No és fàcil. Però és el que probablement hem de fer. 

Crec que una de les vies de solució és el canvi d'escala també en l'oferta. Si la ciutat s'ha fet atractiva a escala mundial, si des del costat de la demanda l'increment ha estat molt elevat, des del costat de l'oferta la resposta no pot ser només local. De fet, aquest és un problema que la ciutat ja ha tingut en altres ocasions: Primer, quan les onades migratòries atretes per la ciutat feien inviable l'expansió de la trama urbana municipal i s'escamparen per les ciutats veïnes. Segon, quan el creixement de la nova indústria exigia sòl i accessibilitat que només podien oferir espais metropolitans cada vegada més allunyats del core. Ara som a les portes d'una tercera onada expansiva, que és el turisme a Barcelona fora de Barcelona. Necessitem un canvi d'escala i resoldre les tensions del turisme a la ciutat tot integrant l'Àrea Metropolitana en la resposta a la pressió. I potser cal un pla turístic metropolità i un ens de promoció turístic metropolità. 

18 de novembre 2016

Defensa de les classes no magistrals



Escric això després de llegir l'article d'Antoni Dalmases sobre el valor de les classes magistrals. Però reconec que és un post que volia escriure des de fa temps i aquesta és una excel·lent oportunitat. M'estalvio de ressumir l'article, sobretot perquè podria ser que fes una lectura biaxiada de la seva aportació i per això, els hi convido a llegir-lo i a què facin vostès les seves pròpies valoracions. La meva crítica al seu article es fonamenta en quatre punts: (a) Les classes no magistrals no van contra les classes magistrals, (b) només es pot ser crític des de la curiositat per l'altre, (c) les classes no magistrals sun catàleg experimental, ple de llums i d'ombres i (d) els temps han canviat i, potser (ep, potser) algunes coses sí les hem de canviar.

Elogi de la diversitat

Diu l'Antoni Dalmases que se sent agredit. Diu que se sent acorralat per una mena de cohorts irracionals que ataquen sense pietat els professors que fan les classes magistrals. I ens posa un exemple sembla ser que esfereïdor: Una professora que feia una classe va ser interpel·lada per una estudiant. Si jo començo una classe el primer dia i als 15 minuts un estudiant es qüestiona el que dic de forma pública li demano un autògraf. 

És curiós com canvien les percepcions segons qui mira. Més aviat, la meva sensació és la contrària, que els qui tenen una voluntat de canviar l'educació estan bastant sols i reben la incomprensió (si no l'escarni o el rebuig) dels seus companys. Sí que estic segur d'una cosa: El mecanisme que avui, novembre de 2016, predomina a les aules del país és el de la classe magistral, amb power point o sense. Si un thailandès o un coreà es llegís l'article, podria pensar que vivim en un país on tothom fa piruetes a classe, excepte un irreductible poblat de professors magistrals que defensen el valor de la paraula. I passa exactament el contrari. 

De fet, en Dalmases cau en l'error d'allò que critica. La seva descripció de les classes no magistrals és aquesta: 'mots encreuats', 'forexpan', 'estafa', 'no saber escoltar', 'no cal pensar abans de parlar', 'no són mestres de debò', 'acostumar-se a pensar és una barbaritat perillosa', 'passar l'estona', 'professors que es limiten a complaure i entretenir', 'vocabulari limitat', 'dicció patètica', 'festivals de serpentines'... El seu article no és una defensa de les classes magistrals, sinó una crítica a les classes no magistrals. No he trobat arguments a favor de la seva tesi, sinó un atac contra els qui no fan allò que ell fa. És a dir, escriu un article per desenvolupar la idea 'Deixeu-me fer les classes com jo vull' i acaba fent l'article 'Deixeu de fer les classes d'una altra manera que no sigui la meva'. 

Jo defenso la necessitat d'explorar vies alternatives d'ensenyar. No perquè vulgui imposar-les, sinó perquè l'educació precisa d'un cert esperit d'innovació. Està bé que es facin classes de maneres diferents. I per això, en sistemes tan complexos i delicats com és l'educatiu, està bé que uns explorin i assagin i uns altres mantinguin les formes més clàssiques. La meva defensa de les classes no magistrals no és un atac a les classes magistrals. Ans al contrari: Crec que són necessàries. 

Elogi de la curiositat

Un professor ha de ser, abans que res, curiós. I em sembla que en aquest debat hi ha un punt d'asimetria. Tots els professors que exploren noves vies coneixen, practiquen i experimenten amb el model clàssic, amb les sessions magistrals. Alhora, coneixen, practiquen i experimenten amb nous models. Tenen la visió de les dues realitats. Per ser exactes, tenen moltes altres perquè, com intentaré explicar, l'educació no es divideix entre magistral i no magistral, sinó en sistemes múltiples, en molts casos híbrids, que utilitzen recursos diferents. 

Jo entenc els adlàters de les classes magistrals que han après i testat formes diferents i que arriben a la conclusió que la millor opció és la disertació oral unidireccional. Fins i tot, entenc els qui llegeixen informes, estudis o resultats de propostes innovadores en docència i, després d'avaluar-los, manifesten un sà escepticisme o, fins i tot, demostren la poca consistència d'aquestes anàlisis. M'és molt més difícil entendre la crítica des d'un costat del mirall, quan no han fet l'esforç de passar-se a l'altra banda. No dic que sigui el cas de l'Antoni Dalmases, però de vegades la crítica a les classes no magistrals es fa des de l'immobilisme. Són professors mancats de la curiositat necessària per a explorar noves vies. I que es veuen amb l'autoritat de desqualificar allò que ni tan sols han conegut. I llavors, toquen d'oïda, i parlen de forexpans i serpentines i fan una mica el ridícul.

Elogi del dubte

Això no és un combat de boxa entre mestres i clowns. No hi ha una pastilla vermella i una de blava. Hi ha moltes formes clàssiques de transmissió, moltes de noves, adaptacions de les unes i les altres, híbrids. Si alguna cosa té de fascinant l'ofici de mestre contemporani és la possibilitat d'emprar noves eines, de construir-ne de pròpies i d'adaptar les antigues. No existeix la classe 'no magistral' com a categoria. Tenim tota mena de recursos, de materials, de tecnologies, de sistemes, de formes de compartir la informació, de sistemes de transmissió... Fer una esmena a la totalitat de tot allò que no és la transmissió oral, absolutament tot el que no sigui una disertació erudita, s'hauria de raonar amb molta menys frivolitat.

Les noves formes de docència són essencialment experimentals. No sabem si funcionen prou bé, perquè tenen un recorregut curt, perquè les hem assajat massa poc i perquè s'han de depurar amb estratègies assaig - error. I en els fòrums oberts sobre aquests temes, he vist moltes energies i entusiasme, una intuïció i capacitat creativa fascinants, però també grans dosis d'autocrítica. Si en Dalmases s'apropés una mica més a aquestes iniciatives veuria dubtes, debats, reflexions i rectificacions. Tot el contrari del que ell dibuixa i, també, tot el contrari del que ell practica. I constataria quelcom bastant interessant: Una voluntat de compartir la informació molt estimulant, una exposició pública constant dels resultats. 

Elogi de l'adaptació

Dalmases recorda els mestres que li van marcar i reclama una docència basada en aquest patró. Però sabem que el món de la seva infantesa no té res a veure amb el món contemporani. I no podem fer veure que no existeixen els ted, ni els moocs, ni el núvol, ni els entorns adaptatius, ni els continguts digitals, ni la cultura audiovisual, ni l'exemple de khan academy, ni les dades en obert, ni les biblioteques digitals, ni slideshare, ni Adobe, ni google maps, ni itunes u, ni google art project, ni els tweets de @migueldelpozo, ni el programari obert, ni els tutorials, ni netflix, ni les sessions de David Harvey a la xarxa, ni miriadax, ni els enllaços, ni el whats app, ni el diccio.cat ni el parla.cat, ni entrelectores, ni storify, ni els tablets, ni la rae.es, ni el GIS, ni lletrA, ni el crossbooking, ni el moodle, ni els mapes de l'ICC en obert, ni la música digital, ni el tdx, ni el google scholar, ni la nasa.gov,... podem fer veure que som a l'any 1980. I no canviar absolutament res.

O podem pensar que si el món ha canviat, si som en una altra galàxia cultural, social i econòmica, potser (ep, potser) algunes coses les hauríem de repensar. I sí, aquest procés de repensar l'educació crea un cert vertigen, perquè dubtem, perquè fem proves, perquè no en sabem prou. I potser al final del camí arribem a la conclusió que in verbo veritas, i que res no pot substituir la disertació erudita. Per això m'agrada que l'aventura de nous sistemes d'educació convisqui amb la defensa dels vells sistemes. Per això, a diferència d'en Dalmases, la meva defensa de les classes no magistrals és també una defensa de les classes magistrals. 

12 de novembre 2016

Contra la turismofòbia



Avui he tornat a sentir amb tota la seva contundència el discurs turismofòbic que a poc a poc s’ha instal·lat en el país. I amb la seva rotunditat, amb la seva elaborada argumentació, constato la seva bel·ligerància activa. Ja és un relat consensuat que s’ha acomodat en el catàleg dels argumentaris del país. 

Vull combatre la turismofòbia. Però abans deixeu-me delimitar el terreny de joc. El discurs turismofóbic és una construcció social elaborada, àmpliament consensuada, que es caracteritza per una denúncia dels efectes del turisme sobre l’economia, la cultura i la societat locals, i que al mateix temps menysté la figura del turista i l’acte mateix de fer turisme. És una reacció anti-turística, que combat l’oferta turística (els qui es beneficien directament), però també la pròpia demanda (l’idiota que viatja). 

1. El viatge extra-ordinari 

Els turistes fotografien els instants turístics. Ho fan perquè els doten d’una elevada càrrega simbòlica. L’acte social de capturar un instant (i sovint de compartir-lo) és una forma de destacar els actes heroics de la nostra biografia, allò que en certa manera ens fa una mica nosaltres. Fem àlbums de fotografies de molt pocs instants, d’un casament, del primer fill (més que no pas el segon), d’una celebració i també dels viatges. No podem apropar-nos al fenomen turístic si no entenem el valor extra-ordinari (per sobre de l’ordinari) que li atorguen els seus usuaris. 

Vist a vol d’ocell (o a vol de dron), els turistes semblen seguir una coreografia buida, mancada de sentit o de profunditat. Però no podem traslladar la mirada etnogràfica des de fora a la percepció individual dels observats. Tots els estudis són unànimes en aquest sentit: Els turistes són feliços quan són turistes. Són persones sobre-estimulades, que senten una vivència profunda, que els hi generarà records perpetus, com un tattoo. És clar que hi ha qui no. Hi ha experiències buides, decebedores o, fins i tot, traumàtiques. Però en el seu conjunt, els turistes gaudeixen de la seva condició de turistes d’una forma radical. Creen una fita en el seu relat biogràfic. Negar el turisme com a procés social és imposar unilateralment una prohibició sobre aquests instants extra-ordinaris. 

2. L’ètica del sightseeing 

És fàcil escarnir els turistes que fotografia Martin Parr davant de la Torre de Pisa o l’Acròpoli d’Atenes, aquells qui intenten crear el trompe-oeil del turista que sosté amb esforç la torre inclinada. Aquesta coreografia és, certament, un punt ridícula, un acte kistch i banal que deteriora la relació entre l’objecte i el subjecte, entre el lloc i el turista. Però sabem des del deliciós assaig de McCannell que el sightseeing, aquesta forma superficial de relacionar-se amb els llocs conté un principi molt poderós: El reconeixement de l’altre. La història de la humanitat està traçada per un constant rebuig a l’altre, per la creació de la identitat pròpia a partir de la negació dels estranys, dels estrangers. El contacte entre civilitzacions ha estat històricament una col·lisió violenta. Visitar l’altre és una forma moderna de donar-li valor, de connectar dos mons, des de la valoració d’un sobre l’altre. El turisme és una negació de l’alterofòbia. Ser visitat és una forma de ser reconegut i de ser valorat. 

3. Learning from Las Vegas 

 Hi ha molts rituals turístics que dissolen qualsevol forma de profunditat. Són actes superficials, que estan mancats de diàlegs profunds. Hi ha, de vegades (sovint), un rastre de banalitat en els itineraris turístics. De fet, una part de la meva feina en la gestió de les destinacions se centra en aquest punt: La cerca de mecanismes per a dotar de major profunditat l’experiència epidèrmica entre un turista i un monument. Però la densitat ha de ser suggerida, no imposada. I suggerida des del respecte per l’absència d’ella. 

És preferible començar el dia amb Bach que amb Shakira?. Probablement, sí. Com també llegir García Márquez més que no pas un diari esportiu; i estudiar les formes geomètriques de la natura i rellegir la resposta dels clàssics a les preguntes essencials. Però la versió elevada dels instants és una decisió que mai pot ser imposada, perquè la literatura forçada es buida. Ha d’existir el dret a viure banalment un instant, a llegir un còmic, a seguir el vol d’una mosca, a gaudir d’un programa pla de la televisió o parlar de no-res amb un amic. La crítica radical a la banalitat del turisme em recorda alguns coneguts que han optat per viure la seva existència de forma sempre elevada. I els veus allà patint al fons del passadís en una festa d’aniversari del seu fill, amb cara de ‘que-faig-jo-aquí’ o incapaç de ballar en aquell casament, que considera tan decadent que no pot sentir els riures de la parella. Viure elevadament és una opció no només legítima sinó probablement terapèutica; però el dret a la profunditat d’uns no pot imposar-se sobre el conjunt. 

I aquest vell pols entre cultura elevada i vida quotidiana acaba sovint vorejant el classisme més ortodox. I potser hem de tornar a llegir l’Eco per recordar l’extraordinària capacitat creativa de les creacions considerades banals. En la frontera de la literatura, de la pintura o de la música, els guions de sèries, els còmics, el rap, l’art urbà, la publicitat o l’animació han tingut molta més influència en la construcció de la cultura contemporània que algunes de les formes més elevades de la cultura. Per això, l’arquitecte Venturi va escriure aquell polèmic assaig, Learning from Las Vegas, en el que explorava la capacitat creativa i innovadora de la ciutat més kistch del planeta. 

4. Contra el mainstream 

Algunes de les formes que pren la turismofòbia són simplement versions contemporànies d’un classisme de manual. Un relat que dibuixa els turistes com éssers sense criteri que segueixen alienats el paraigües elevat d’un guia que explica banalitats a persones sense interès. Curiosament, molts pocs turismofòbics renuncien a viatjar. Jo sempre he reconegut la coherència de Pessoa, un bel·ligerant turismofòbic que no viatjava perquè detestava l’acte del viatge. Però si seguiu el rastre vital dels adlàters de l’anti-turisme, veureu que viatgen molt, molt més que la resta. Tenen la síndrome ‘You Are a Tourist. I am Traveler’. Els turistes sempre són els altres. I ells, tot i que es desplacen fora de l’entorn habitual per una activitat d’oci, no es consideren a sí mateixos com a turistes. No fan el turista, ens diuen. I és que el relat turismofòbic necessita crear una alternativa al no-viatge i, per això, construeixen el mite del viatger, el qui es desplaça de forma no turística. 

Si us pregunteu com és possible fer de turista no-turista, i seguiu el seu rastre i us n’adonareu que es basa en un principi bàsic: Evitar sempre els llocs amb turistes. De manera que un turismofòbic és el qui rebutja el mainstream. ‘Perú era meravellós, però ara s’ha omplert de turistes’. ‘Enyoro aquella època en la que no havies de fer cua per entrar als museus de Riga’. ‘Hem deixat d’anar a Zimbazwe, perquè semblen les Rambles de Barcelona’. Els turistes no-turistes van als llocs on no van els turistes turistes. I si per atzar o obligació acaben en un lloc amb turistes turistes, la seva mirada, la seva percepció i naturalment la seva narració (en un article en una revista que llegeixen els turistes no-turistes) seran hipercrítics. Hi ha un fons snob en aquesta pràctica col·lectiva. La mateixa que renega de l’autor de novel·les, de la discografia, del pintor, de les sèries o del restaurador que abans idolatraven perquè ‘s’ha fet comercial’, és a dir, perquè ara ja no és un acte de reivindicació de la meva singularitat (i excel·lència), sinó una forma ritual de forma part d’un col·lectiu. 

5. ‘Abajo las murallas’ 

La Barcelona contemporània va néixer amb un moviment urbà, ‘abajo las murallas’, que obria simbòlicament les portes de la ciutat a no importa qui. Això són en essència les ciutats: Espais oberts. Oberts a les idees revolucionàries i també a les tropes repressores; al talent i al crim; als visitants del World Mobile Congress i als refugiats. L’atracció genera al mateix temps oportunitats i riscos. El nou món neocon (Brexit – Trump) ens proposa aixecar de nou les muralles i tancar les portes als altres. Els nostres mals provenen, ens diuen, dels qui venen. I ens proposem un país sense refugiats, sense immigrants, sense productes foranis. Hi ha sense voler-ho en el discurs turismofòbic un xic d’això. Aquesta mena de proposta ‘la ciutat per als ciutadans que hi vivim’ és anacrònica, és nociva per a la ciutat i és, també, alterofòbica. 

El turismo es un gran invento 

L’alternativa a la turismofòbia no és la turismofília. L’alternativa a l’esmena a la totalitat no és el campi qui pugui. El turisme és un fenomen social, complex, polièdric, i a més viu i mutant. És un procés que crea tensions, contradiccions i de vegades efectes secundaris molt negatius. És, com tots els fenòmens socials, un procés que precisa de planificació i control. No tot sortirà bé. I tampoc ens posarem d’acord en els diagnòstics ni els tractaments. Però la millor manera de millorar el turisme és desmuntant la turismofòbia. Combatent-la. Perquè és, potser sense voler-ho, un relat classista, un puc alterofòbic, una imposició sobre el que han de fer i sentir els altres i una certa por a admetre la nostra pròpia banalitat. Només és possible gestionar el turisme amb una mirada més respectuosa, capaç de celebrar (ni que sigui per un instant) el que té de prodigiós la trobada curiosa, pacífica, feliç i estimulant entre dos civilitzacions. 

03 de novembre 2016

Mi hotel ideal



Los hoteles son los átomos de la experiencia turística. Y aunque hemos aprendido que un destino no son sus hoteles, tener una buena red de alojamiento es casi indispensable para competir en el mercado turístico. Diseñar un hotel es muy complejo porque debe tener personalidad, pero debe también conectar con las necesidades (cambiantes, diversas) de los clientes. Y en el turismo contemporáneo, las necesidades pueden ser casi infinitas. Las redes sociales permiten ir ajustando intereses de la demanda con la gestión de la oferta. Por eso, podría ser una iniciativa interesante recomendar mejoras en los hoteles (#mihotelideal), que permitan compartir, proponer o recoger propuestas de esos habitantes de habitaciones de hotel. Estas son mis 15 propuestas. ¿Cuáles son las suyas?

1. Trabajo en las habitaciones y me deprime que (casi) siempre las mesas estén orientadas a la pared. Mientras sea posible, deberían estar mirando a la ventana.

2. Y ya que hablamos de mesas, si mide 30 x 30 y además tiene la televisión encima, solo puedo escribir en un post-it. No pido una mesa king size, pero sería un detalle que se pudiera trabajar con una cierta holgura.

3. Ya sé que se limpian fácilmente, pero las moquetas me producen una tendencia casi suicida. Y creo que es un sentimiento muy compartido. No pido pizarra, ni madera (bien pensado, ¿por qué no?), pero por favor descataloguen las moquetas.

4. El control de la luz suele ser más críptico que el prospecto de un medicamento contra las hemorroides: 20 interruptores, algunos escondidos, diseminados por toda la habitación. Estoy seguro que se puede simplificar el mecanismo.

5. Si no me alojo en una 23a. planta, puedo usar las escaleras y, de hecho, me gusta hacerlo. ¿Por qué la mayoría de escaleras de los hoteles parecen el decorado de una película de serie B, donde está a punto de pasar algo muy malo?. 

6. Llevo 35 minutos desde el aeropuerto hasta el hotel cargando la maleta. De hecho, llevo con ella desde las 6 de la mañana. ¿Qué les hace suponer que soy incapaz de llevarla hasta la habitación?. 

7. Me gustan las plantas. Me gustan mucho las habitaciones con plantas. 

8. Creo que el criterio debería ser éste: Si dudamos entre colgar un cuadro o no hacerlo, claramente no hay que no hacerlo. De hecho, casi mejor no colgar jamás un cuadro. He pasado noches enteras sin dormir por culpa de cacerías de ciervos o atardeceres en el bosque de las ninfas. 

9. La mayoría de hoteles abusan de los olores artificiales: detergentes, ambientadores, aerosoles…, que intentan disimular el tránsito humano de un hotel. Personalmente, me molestan muchísimo. Ventilar un poco y combinar con olores naturales (un poco de espliego o de lavanda, por ejemplo) es una alternativa mucho más agradable. 

10. Parece ser que en la mayoría de hoteles, el presupuesto se les agotó antes de llegar al armario. Encontrar perchas de madera es tan complicado como encontrar un libro en la casa de Gran Hermano. 

11. No sé quién diseña los “salones” de algunos hoteles. Las conferencias en algunos salones con tapizados, mesas minúsculas, una iluminación clandestina y una tarima con faldón en las mesas parecen sacadas de una boda búlgara de los años 80. 

12. Y ya que hablamos de conferencias, he visto batallas por un enchufe más violentas que las Termópilas. El criterio podría ser: Nunca habrá suficientes, de manera que multipliquen por dos la previsión. 

13. Esto sé que es difícil, pero me haría feliz. Es casi imposible leer un periódico y desayunar a la vez, porque las mesas (casi siempre circulares) son demasiado pequeñas. En mi mesa ideal caben el café, el plato, el periódico e incluso, el bol de frutas. 

14. Y ya que hablamos de desayunos, me gustaría reivindicar el valor del café. Esas máquinas que proporcionan un líquido oscuro precedido de un ruido atronador deberían ser precintadas por sus efectos contra la salud pública. 

15. En mi hotel ideal, dejo la maleta después del check out en un espacio seguro y además no me siento como un delincuente que deja un alijo en un piso franco. 

16. Y en mi hotel ideal, la recepción tiene un perfil de twitter y me puedo dirigir a ellos en cualquier momento y en cualquier punto de la ciudad. 

17. Lo importante no es que el hotel tenga wi-fi. Lo verdaderamente importante es que el wi-fi funcione. 

18. Olviden en los kits de bienvenida los gorros de baño, las pantuflas y esos horribles albornoces. Me conformo con un champú digno.

19. Dejo para el final algo que parece simple: ¿Y si el mando a distancia de verdad funcionase como un mando a distancia?

20. Y la última: llaves con coordenadas gps (ideal para taxistas novatos).

23 d’octubre 2016

Abstención

Ya es oficial: El PSOE se abstiene, lo que según la RAE quiere decir 'no participar en algo a lo que se tiene derecho'. Si alguna vez fui aprendiz de politólogo, lo dejé porque nunca acerté nada. Todo lo que escribí que tenía que pasar sucedió exactamente en sentido contrario, como si fuera una especie de anti-oráculo. De manera que no voy a predecir ningún futuro al PSOE. Doctores tiene la iglesia. Eso sí: No les libro de mi opinión. No solo porque si no lo digo, reviento, sino porque creo que hay que dejar algunas cosas por escrito a efectos de inventario. 




Dicen los barones y muchos varones del PSOE que unas terceras elecciones darían una mayoría absoluta incuestionable al PP. No se me ocurre un argumento más cutre: Como me da miedo el resultado, como lo que piensa la gente no me gusta, voy a hacer todo lo posible para que no se expresen. Como en unas terceras elecciones voy a perder hasta los armarios empotrados, no hay elecciones. Muerto el perro se acabó la rabia. Defender ese argumento es equivalente a defender su opuesto: Si hubiera opciones de mejorar el resultado, forzaríamos la situación e iríamos a unas terceras elecciones. Algunos creen que esto es 'real politik', pero en realidad es hiperreal politik. O política de realismo mágico, si les gusta más.

La segunda excusa, perdón, quiero decir argumento, es que Europa no tolera más esta situación y que el PSOE actúa por responsabilidad. Corre el rumor de que la ausencia de gobierno es incompatible con una serie de medidas que se ve que hay que tomar aunque nadie nos lo ha explicado. Y que en Europa han puesto un ultimátum: O hay gobierno o apretamos el botón rojo. Este argumento puede resumirse de la siguiente manera. Mientras que lo que realmente va a pasar (el ajuste draconiano) era convenientemente borrado de los programas electorales, los partidos escenificaron una puesta en escena falsa, en la que se crearon programas falsos, promesas falsas, debates falsos y mítines falsos. Según esta tesis, llevamos un año de guiñol, discutiendo cosas que no van a pasar porque lo que realmente tiene que pasar (gobierne quien gobierne) no aparece en la cosa política. De manera que los españoles votamos no de acuerdo a un programa de futuro real, sino a un guiñol.

A casi nadie le escandaliza esto. El cambio de siglo ha coincidido con un auge de un neo-depotismo ilustrado. Los nuevos gobernantes consideran que hay temas de los que no hay que hablar en público, que son exactamente los temas esenciales. Yo no sé si hay una troika alojada en un hotel de Perpiñán, llamando cada día a la puerta del país, como si fueran los acreedores del ático del Rue del Percebe, 13. Si es así, si esto era así desde el principio, ¿por qué no se puede plantear en abierto?: 'Mirad, Europa nos hace comer un sapo'. Y en vez de unas votaciones sobre los Juegos Florales, votamos sobre lo que es nuclear. ¿Nos comemos el sapo o no?.

Y si tenemos que hablar claro, hablemos, porque el muerto está en la mesa y ya no podemos disimular. Los hilos invisibles trabajaron para forzar una abstención desde el inicio. Pero lo que precipitó la puñalada de Bruto en las escaleras de la Curia fue la propuesta de un pacto del PSOE con Podemos y los nacionalistas. Eso desencadenó una de las mayores ofensivas mediáticas del país contra los dos principales enemigos del status-quo: Los anti-sistema y los separatistas. Ese 'pacto frankenstein', como se ha denominado hasta aburrir en El País, nos llevaba (decían) a una galaxia lejana, al lado de Grecia, entre Corea del Norte y Venezuela. Y ante este escenario apocalíptico, un ejército de blades runners del partido activaron todos los mecanismos a su alcance para neutralizar el pacto, llegando incluso a vetar una consulta a las bases. El PSOE lleva más de un mes trabajando para que el PSOE no gobierne el país, y lo haga el PP. Esto es como si el Correcaminos pagase con su VISA los inventos de la casa ACME que usa el coyote. O como si en las vísperas de un derby, el Barça cediera a Messi y a Iniesta al Madrid hasta final de temporada. 

Y si tenemos que hablar claro, hablemos. El mundo tal y como lo conocemos se acaba y empieza otro. Y eso llena la agenda de debates de futuro. El debate sobre el modelo energético; el debate sobre la mecanización y el trabajo; el debate sobre el estado del bienestar; sobre la nueva democracia deliberativa; sobre el sistema educativo en su conjunto... Y de entre todas las cosas pendientes, hay dos que son urgentes. La primera es una segunda transición, no porque la primera fuera muy mala (soy de los que aún sostiene que fue un gran acuerdo colectivo), sino porque fue pensada para un país que ya no es. La segunda es un debate territorial, que abra el melón de la 'cosa catalana', pero también del modelo de estado. El PSOE podía abanderar la reforma del país, proponer cambios estructurales y presentar un plan B al inmovilismo rajoyista. Y en vez de eso, inmovilizados por el vértigo, los barones y algunos varones optaron por un 'No es lo que yo te diga que es no'. 

Y ahí quedará para la historia la imagen de los diputados socialistas tocando la campana antes de que cayera en el ring el dinosaurio, herido por la corrupción y por su miopia. Por la mañana, cuando nos despertemos el dinosaurio aún estará allá; y, a su lado, un nuevo dinosaurio vestido de cortefiel y de vergüenza ajena.