Los falsos mitos del turismo. Capítulo 2. La pobreza (y la riqueza)

La versión oficial hoy es que el turismo no es un gran invento. Nos explican (tan a menudo que parece verdad) que allá donde el turismo se instaló, llegó la pobreza. Que las regiones más pobres, las ciudades más pobres, las islas más pobres, los valles más pobres son los que han sucumbido al falso reclamo del turismo, como Ulises atraído por el canto de las sirenas. Y como las hipótesis siempre deben ser contrastadas, vamos a auscultar los datos y a constatar qué tiene de cierto esta afirmación.

La escala internacional

Empecemos por la escala global. Intentaremos analizar si existe alguna relación entre la riqueza de las naciones (y por tanto, su pobreza) y su actividad turística. Para ello, estudiaremos la correlación entre el PIB per cápita de los países y el volumen de turistas internacionales, según los datos de la OMT. Decimos que dos fenómenos están relacionados si la nube de puntos que forman están muy cerca de una recta (o de una curva o de una parábola). Por ejemplo, sabemos que hay una correlación muy alta entre el PIB per cápita y la mortalidad infantil, de manera que un incremento del PIB suele ir acompañado de un descenso proporcional de las muertes infantiles. El coeficiente de correlación (R) mide cómo se aproxima la nube de puntos a la recta que mejor la explica. Cuanto más alto es el coeficiente, más relacionadas están las dos variables. Podríamos decir que un coeficiente por encima de 0,7 o 0,8 implica que los dos fenómenos están relacionados (es un poco más complicado, pero vamos a simplificar).

El gráfico muestra la nube de puntos entre los turistas internacionales y el PIB per cápita. Creo que no les sorprenderá saber que el R2 es de 0,07, esto es que el número de turistas no sirve en absoluto para explicar la pobreza ni la riqueza de un país. Hay países (como Suecia, Noruega, Omán, Nueva Zelanda o Corea del Sur) que tienen una renta muy alta pero pocos turistas; otros países de rentas altas (Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña, Canadá) tienen también muchos turistas. Algunos países de rentas medias y bajas (Thailandia, Vietnam, Ucrania, Indonesia, Turquía) tienen muchos turistas y otros (Sri Lanka, Senegal, Haití, Nicaragua) apenas tienen turistas. No hay forma de relacionar la riqueza de las naciones (ni su pobreza) con la actividad turística a escala internacional.

La escala nacional

Puede que la escala internacional no sea la más adecuada para validar nuestra hipótesis, de manera que vamos a bajar un nivel. Qué es lo que ocurre si relacionamos la riqueza provincial por habitante con la actividad turística (medida a partir del total de pernoctaciones registradas, según el INE). Nuevamente, el valor de la R2 está muy lejos de la referencia de 0,7 o de 0,8. El índice es de 0,0054 que es una forma matemática de decir que la relación provincial entre actividad turística y riqueza es la misma que entre la forma de los pies y la orientación política. Así, provincias muy ricas son muy poco turísticas, otras muy ricas son también muy turísticas; y a la inversa, puedes ser muy pobre y no ver un turista ni por equivocación o tener pocos recursos y los hoteles de la provincia llenos de extranjeros. No, el turismo tampoco sirve para explicar la riqueza (ni la pobreza) de las regiones.

La escala local

En este caso, he optado por los datos de Cataluña. Tengo la certeza que los resultados no variarán demasiado en otras comunidades autónomas, pero vamos a detenernos un momento en el turismo catalán a modo de ejemplo. En los últimos meses, se han sucedido los artículos periodísticos (y algún que otro libro) defendiendo el efecto pernicioso del turismo sobre la salud económica de los municipios con mayor capacidad de alojamiento. Y lo han hecho a partir de una constatación: Los malos resultados del PIB per cápita de Lloret de Mar, una de las capitales turísticas del país. Pero como una flor no hace verano, vamos a ver el comportamiento general de la relación turismo - riqueza a escala local. 

Empiezo diciendo que este es un debate un poco tramposo. En una sociedad con una extrema movilidad, la renta media de los habitantes a menudo no está relacionada con la actividad turística del municipio sino con las estrategias residenciales. De hecho, si analizamos los municipios que se hallan en las primeras posiciones del ránquing de riqueza familiar en Cataluña no veremos localidades con una actividad económica frenética, sino zonas residenciales de clases altas que habitualmente no trabajan en el municipio en el que residen. No podemos inferir que los municipios con mayor renta son los que tienen una mejor estructura económica, porque obviamos la extrema movilidad obligada (desplazamientos residencia - trabajo) de la geografía catalana. Pero si hay que jugar, juguemos. Los datos sobre la riqueza familiar son fáciles de obtener, mientras que para medir la actividad turística me he basado en la liquidación del impuesto de estancias en alojamientos turísticos, concretamente el valor medio de los últimos seis años. Este es un proxy bastante bueno de la actividad turística, porque tiene en cuenta las pernoctaciones efectivas, integra todas las formas de alojamiento y discrimina según la calidad de la oferta. 


Otra vez obtenemos una R2 que revela la ausencia absoluta de relación entre los dos fenómenos: 0,0064. Alguien puede pensar que Barcelona (el punto situado en el extremo derecho del gráfico) condiciona la correlación, porque tiene unas dimensiones totalmente diferentes al resto. Pues bien, si obviamos Barcelona la R2 es de 0,05, con un gráfico que pone de manifiesto de nuevo la no relación entre riqueza y turismo. Y tampoco hay relación entre turismo y riqueza si solo comparamos los municipios del litoral (R2 = 0,061).

El turismo ni es un gran invento ni no lo es

Lo primero que debemos hacer es combatir los errores. Y es un error (que se extiende inexplicablemente) considerar que las regiones pobres son las regiones turísticas. No es una opinión o una percepción individual: Es un hecho empírico. No hay forma de correlacionar, de establecer una relación estadísticamente significativa, entre la actividad turística y riqueza en ninguna escala. También hay que decir que la afirmación opuesta tampoco es cierta: No es verdad que el turismo implica necesariamente una situación de ventaja económica sobre la población que la acoge. Como casi todo en economía, depende. 

El turismo a veces crea riqueza y a veces no. Depende del grado de madurez, de la estructura de la oferta hotelera, de la competencia, depende de la estructura de intermediación, de la reputación de la marca, de los recursos humanos, de la formación de los cuadros superiores y de los trabajos elementales, de la adaptación al cambio. Esta no es una mala noticia. El turismo no es ningún salvoconducto hacia la opulencia; y tampoco una condena garantizada. El turismo es, creo que como casi todas las actividades económicas, una oportunidad y un riesgo. Y solo la gestión efectiva (territorial, ambiental, cultural, de recursos humanos) puede reducir los problemas y amplificar los beneficios. Ya sé que no es una conclusión muy sexy, y que no vende en los fórums turismofílicos ni turismofóbicos. Pero es muy realista. Los turismofóbicos plantean el escenario de no turismo que no se va a producir; y, por lo tanto, es un relato inocuo, que no tiene ningún efecto. Los turismofílicos plantean un escenario de laissez faire, amparados en el falso mito de una riqueza segura. Creo que es más sensato proponer un turismo planificado, basado en criterios de eficiencia, innovación, sostenibilidad, responsabilidad social y planificación a largo plazo. Pero de eso hablaremos en otra ocasión. 

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