01 de novembre 2006

Muertos

Negar la muerte es una forma de negar la vida. ¿Por qué es tan invisible la muerte?. Bajamos rápidamente el telón, incluso antes del final. Tapamos los ojos. Alejamos los cementerios de las ciudades. Y los tanatorios parecen más una pinacoteca que un espacio de duelo. Ya no hay lugar para la penumbra, entre aquella luz tan intensa, tan indiscreta.

Hoy, como a todos, me acompañan mis muertos. Que son una parte de mi mismo. Nunca dejo de recordar al abuelo Juan y a la abuela Pura, al abuelo Alejandro, y a la abuela que no conocí. Y aquel compañero de la infancia, y el primer Jorge. Y Ramon que se fue una noche desgarrada, y a quien tanto añoro. Y a Ana, y a Julita y a Manolo, a quien aun me parece oir. Y a Pere Esteve, que me confesó su destino con la serenidad de un mariscal de campo, con ese porte que siempre admiré. Y a esos otros muertos que no conocí, aunque me duela su ausencia. A Ernest Lluch, a Reventós, a Just Casero, a Xavier Soto.

No me pesan los muertos. Siento que me acompañan. Que están incrustados en mi identidad como una serigrafía. Que me ayudan a deshacerme un poco de mi, a diluirme un poco entre los otros. A hacer todo un poco menos solemne. Y especialmente en días como hoy. Quizás ése es el último guiño cómplice del President. Advertirnos que el intento de solemnidad es un esfuerzo vano y que al final, quizás por fortuna, todo es liviano. Como los elefantes que Dalí escondió en Púbol. Aunque parecen tan sólidos, tan contundentes, están soportados por la fragilidad de una patas infinitas.

7 comentaris:

Rosa J.C. ha dit...

Muy bueno lo de Dali. La muerte nos persigue. No es que la tema, es que me ha robado demasiados seres. Se lo perdonaré porque algún día, lo sé, tenemos que hacernos buenas amigas.

Carlos ha dit...

Reconciliarse con la idea de que somos finitos no es malo. Ayuda a valorar más la vida, la de uno mismo y la de otros. Al final descubre uno que lo importante no tiene por qué ser vivir mucho, sino vivir plenamente.

Diego Cruz ha dit...

Una buena cultura de la muerte nos ayudaría a afrontar mejor la vida; sin menos frivolidad y tanto miedo. Pero vivimos la cultura de la imagen, de la juventud perenne, de los cuerpos perfectos, y la enfermedad y la muerte se relegan al olvido.
Tampoco estoy de acuerdo en que, obligadamente se tenga que recordar a los muertos en un día preciso del calendario donde, como el de los enamorados y otras fechas, llegan a formar parte de la masificación y el negocio.
Los que se fueron necesitan nuestro recuerdo, cualquier día, desde la intimidad más radical y la humanidad más poética que todavía tengamos. ¡Qué nunca nos la quiten!

Gemma Ferré ha dit...

Hay muchas cosas ocultas en la sociedad, no sólo la muerte sino la enfermedad y la vejez.
Temas de los que no queremos oir hablar pero con los que todos nos acabamos encontrando en un momento u otro...

Don Güevos ha dit...

Como ya dijo Tierno (copiando a alguien seguramente), la vida de los muertos consiste en estar presente en la mente de los vivos.

La cosa cambiará (se lo auguro) cuando no nos muramos. Y no crea que falta mucho.

Fernando ha dit...

Aprendiendo (Jorge Luis Borges).

Aprendiendo. Después de un tiempo, uno aprende la sutil
diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma, y uno
aprende que el amor no significa acostarse y una compañía no significa
seguridad, y uno

empieza a aprender...

Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas,
y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos
abiertos, y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, porque el
terreno de mañana es demasiado inseguro para planes... y los futuros tienen
una forma de caerse en la mitad.

Y después de un tiempo uno aprende que si es demasiado, hasta
el calor del sol quema.

Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma,
en lugar de esperar a que alguien le traiga flores.

Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno realmente
es fuerte, que uno realmente vale, y uno aprende y aprende... y con cada día
uno aprende.

Con el tiempo aprendes que estar con alguien porque te ofrece
un buen futuro significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.

Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de amarte con
tus defectos, sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la
felicidad que deseas.

Con el tiempo te das cuenta de que si estás al lado de esa
persona sólo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás deseando no
volver a verla.

Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son
contados, y que el que no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado sólo de
amistades falsas.

Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en un momento
de ira pueden seguir lastimando a quien heriste, durante toda la vida.

Con el tiempo aprendes que disculpar... cualquiera lo hace,
pero perdonar es sólo de almas grandes.

Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo
duramente, muy probablemente la amistad jamás volverá a ser igual.

Con el tiempo te das cuenta que aunque seas feliz con tus
amigos, algún día llorarás por aquellos que dejaste ir.

Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con
cada
persona es irrepetible.

Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla o desprecia
a un ser humano, tarde o temprano sufrirá las mismas humillaciones o
desprecios multiplicados al cuadrado.

Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas o forzarlas a
que pasen ocasionará que al final no sean como esperabas.

Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era
el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese
instante.

Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a
tu lado, añorarás terriblemente a los que ayer estaban contigo y ahora se
han marchado.

Con el tiempo aprenderás que intentar perdonar o pedir perdón,
decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres
ser amigo, ante una tumba, ya no tiene ningún sentido.

Pero desafortunadamente, sólo con el tiempo..

Luien de Peiro ha dit...

La cultura de la muerte que conocemos y vivimos es nefasta y sus palabras, afortunadamente, van en otra dirección que comparto.

Por cierto, al leer sus palabras hoy, día 2, creo que adquieren una nueva dimensión. Tiempo habrá de comentarla.