06 de maig 2008

SOS barman


Quizás lo más destacable de mi currículum sean los veranos en los que ejercí como camarero en un bar de la Costa Brava. Gracias a esos largos veranos, puedo preparar un Martini Dry, un pijama o un café irlandés con las tres capas bien diferenciadas. Y también como consecuencia de esta experiencia laboral, tengo un agudo sentido corporativo que me lleva a rogar que no maltratemos a los camareros. Éstas son mis sugerencias:

1. No se preocupe: Le ha visto. A usted y a los 212 clientes que están moviendo la mano como si estuvieran despidiendo a sus hijos en la estación camino de Moscú durante la Guerra Civil. Relájese. Se va a pasar una hora y media frente a un vaso de cerveza. ¿No puede pasar cinco minutos sin el vaso delante?.

2. El tiempo que transcurre entre que el cliente se sienta y que acude el camarero es un buen momento para pensar qué se va a tomar. Por alguna extraña razón, todo el mundo se lo plantea cuando tiene al camarero delante, en un bar lleno de dedos levantados. "No sé qué pedir. Mmmmm. ¿Tú que tomas?. No sé. Id pidiendo vosotros. ¿Tenéis café de Ecuador?. Vuelve dentro de un momento que me lo pienso".

3. Hay medio millón de marcas comerciales de bebidas y licores en el mundo y no caben en el bar. Por eso, si alguien quiere hacerse el interesante ante sus amigos y pedir un ron destilado en los Bajos Cárpatos, no debe molestarse si no lo tienen. Pídase una Fanta de naranja como todo el mundo, que no va a notar la diferencia. Y deje de dar la nota.

4. Prueben a hacer esto en un estanco. Pidan un Marlboro. Cuando se lo den, pidan un Ducados. Luego, pidan otro Ducados. A continuación, una caja de cerillas, e inmediatamente después otro Ducados. Háganlo con un traje ignífugo porque el estanquero les va a rociar con el líquido inflamable de llenar mecheros. O vayan a un banco un primero de mes y pidan cinco billetes de 100 euros, uno por uno. Ahora ya lo han entendido: Cuando el camarero está ante la mesa, todos los clientes de esa mesa (y cuando digo todos quiero decir todos) deberían pedir lo que desean.

5. Ahora prueben con esto. Váyanse a una oficina de Hacienda y cuando sean las cinco de la tarde, la hora de cerrar, ustedes se quedan allá un par de horas más. Y aunque vea que cuatro empleados que han trabajado durante diez horas dependen de usted para poder llegar a tiempo de explicar un cuento a sus hijitas antes de dormir o de darle su ración de Friskies a un gatito de tres meses, no se inmuten. Sigan allá, en el mostrador, mirando papeles, haciendo preguntas. Y aunque le apaguen la luz y les digan amablemente 27 veces que se acabó, que han cerrado y que deberían abandonar el local, ustedes impasibles. De vez en cuando, miren a los trabajadores como si hablasen una extraña lengua preindoeuropea. Ni caso. Sigan rellenando impresos y haciendo preguntas. Ah. Y antes de irse, vomiten un poco en la entrada y dejen un reguero por la escalera. Al día siguiente, cambien de domicilio porque es muy probable que ya hayan contratado a una banda de sicarios albanokosovares.

6. Entren en la consulta del podólogo y explíquenle a la recepcionista que no saben cómo dejar a su mujer, o que se están engordando demasiado o, mucho peor aún, explíquenle con todo lujo de detalles un capítulo de Los Serrano, anuncios incluidos. Es verdad: Los bares son lugares sociales. Pero se supone que la compañía la debe traer el cliente consigo.

7. Si el camarero trae tres cafés, dos con leche, uno descafeinado de máquina y uno de sobre y cuatro cortados es altamente probable que sea exactamente eso lo que se pidió. No disimulen con los dos cortados que sobran. Asuman su error y déjenlos en la mesa.

8. Rara vez el camarero es a su vez el propietario. Si les parece muy caro, no vuelvan. Si no les gusta la carta de cervezas, no vuelvan. Si les molesta que no tengan tazas de cerámica portuguesa, no vuelvan. Y si el color malva de los taburetes les produce incotinencia, no vuelvan. Pero no increpen al camarero. Si fuese el dueño de un local de 500 metros cuadrados, no estaría sirviendo mesas.

9. Un camarero es profesional si sabe memorizar catorce formas diferentes de pedir un café, si sabe llevar una bandeja con cuatro jarras de sangría o si sabe retirar el estropicio de tres cañas de cervezas esparcidas por una mesa con aceitunas y mejillones en menos de un minuto. No está obligado a más. En principio, no sabe cómo rescatar una bola atascada en el futbolín, cómo sintonizar El Bierzo Televisión, cómo conseguir tres cerezas en la tragaperras y mucho menos quién tiene razón en una discusión del dominó.

10. Y esto es lo más importante. Ya hemos oido muchas veces el argumento "A mi nadie me da propina por dar mis clases". Quien dice eso cobra 1.600 euros al mes, mientras que el camarero cobra 900 euros más propinas. No digo ya que dejen un 10% de la cuenta, pero si sube a 19,10€ dejen el billete de 20 y no hagan caso de lo que diga Solbes. Y nunca (nunca) den la propina en la mano como quien da limosna.

Ésta es mi nueva cruzada. Camareros del mundo entero, uníos. Y una de bravas, dos cervezas bien frías de barril, una copa de blanco, unas aceitunas con hueso, una de berberechos, unos calamarcitos recien hechos y a ver si encuentras el Público por ahí.

13 comentaris:

Carlos ha dit...

¡A mis brazos, Donaire! Tras 7 años currando en el Tony Roma's, no puedo sino darte la razón. Y añadiré que la gente tendría que tener en cuenta que no es que haya tantos malos camareros, sino es que no hay casi ninguno bien pagado y que haga jornadas de menos de 9-10 horas.

Miguel ha dit...

¡Señor, cuánta razón! Y eso que yo ni siquiera tengo que ir a mesas, estoy solo en barra. Lo de las marcas "exóticas" me pasa cada día:

- ¿Tienes ginebra Curruscuscús?
- No, tengo las que ves en la estantería.
- Ah... ¿Y ginebra Cuchilipú?
- NO, TENGO LAS QUE VES EN LA ESTANTERÍA.

Dame la propina y calla ha dit...

Donaire, eres mi ídolo. Suscribo todo lo que ha dicho y podría añadir 20 temas más. Se podría dedicar un tema monográfico a los bocadillos.

- ¿Tienes bocadillos? (¿Por qué me tuteas, gordo seboso?)
- Sí, los tiene aquí en el menú.
- Pero, ¿de qué los tienes? (Claro. Leer un minuto una lista de 20 bocadillos es demasiado esfuerzo para la neurona que tienes).
- Los que pone en el menú. De chorizo, de salchichón, de queso manchego, pepito de lomo...
- ¿Y de chorizo tienes? (Vaya, encima de pajillero, gordo, amargado y subnormal, además eres sordo)
- Sí, de chorizo también
- ¿Pero es chorizo bueno o de esos de plástico? (Lo sabía. Cuando te vi aparecer por la puerta sabía que te iba a odiar. Estaba escrito)
- Es de calidad media. Si me permite una sugerencia, el queso manchego es excelente.
- No, el queso no me gusta. ¿Cuáles otros has dicho? (La culpa no es tuya. La culpa es de tus padres que a los tres años no tuvieron el valor de aplastarte la cabeza con el microndas)
- Los que puede ver en el menú. Pepito de lomo, atún, tortilla, bikini...
- ¿Tienes sobrasada? (Podría rebanarte un par de lonchas de tu trasero y seguro que no notarías la diferencia)
- Pues sí. Tenemos sobrasada de Mallorca. El jefe es de Manacor y la trae desde allí. Está muy buena.
- Bueno, mira. De momento me traes una cervecita con limonada y me pones unas aceitunitas y ya me lo pensaré. (Eso. Espera un momento sentado que voy al office a ver si encuentro un arma blanca con la que atravesarte el ojo izquierdo, bola sebosa de mierda).
- Enseguida.

Anònim ha dit...

Torna el Don més àcid. Ho trobava a faltar. Petons. Glòria

Carlos ha dit...

Por no hablar de las múltiples variantes del concepto "café con leche", "agua mineral" y exóticos o castizos nombres de combinados ignotos.

Pub Mediterráneo ha dit...

A mi me pueden los que empiezan a alardear de que saben nombres de maltas y luego les das un Gleenfield y se lo tragan igual.
Y al "dame propina y calla" le ruego que empiece un blog. Seré su fan número uno.

don-aire ha dit...

Uf. Veig que el gremi de cambrers està més cremat del que m'imaginava. Estic d'acord amb Pub Mediterráneo: "dame la propina y calla" ha de ser un blog.

Glòria. Crec que està relacionat amb el cicle de la lluna.

Carlos. Ya sabía yo que esa empatía tenía que venir de algún sitio. Y es que pertenecer (o haber pertenecido) al gremio de la bandeja une más que el Loctite

Miguel ha dit...

A mí el otro día se me ofendió un "cliente" porque, después de dos horas (de reloj, contadas) de estar en el bar sin pedir nada, me negué a darle un vaso de agua del grifo y le sugerí que podía comprar una botellita de agua mineral, que las tenemos...

Gemma ha dit...

Molt bo Don! Quanta raó!
És molt demanar que facis un altre post sobre caixers/es de súpers...? També han de tenir paciència, eh! (experiència estiuenca dels 16 als 18 anys que m'ha marcat tota la vida)

Mallerenga ha dit...

Els cambrers, les caixeres de supermercat, les dependentes de mercat, els taxistes, els quiosquers, els venedors de l'once... Són els que més han de patir la mala educació dels bàrbars amargats, insatisfets i grollers.
Jo també vull que en "dame la propina y calla" faci un blog!

Euphorbia ha dit...

Molt bo!

Queda ben patent el que ens costa posarnos en el lloc dels altres.

Euphorbia ha dit...
L'autor ha eliminat aquest comentari.
Naya ha dit...

No he podido reprimir una lagrimita al recordar mis días de camarero en la Zona Franca de Barcelona, cuándo me pedían cafés con hielo con sólo un cubito o donuts cortados en cinco trozos idénticos.

Cuánta razón y cuánta incomprensión hacia el buen oficio del camarero.