22 octubre 2010

Gurú, mi villano favorito



Odiados, admirados, criticados, plagiados, traicionados, clonados, olvidados, recuperados, diseccionados... No debe ser fácil la vida del gurú. Casi peor que la del sexador de pollitos, ésos que deben escoger entre la vida y la muerte de centenares de inocentes criaturas de ojos grandes. A pesar de ello, cada vez hay más personas que aspiran a ser gurú. Ni delantero centro, ni actor porno, ni vendedor de enciclopedias. La juventud actual aspira a ser gurú. Pero hay una pregunta casi tan complicada como las características que debe reunir una camiseta para ser usada como pijama. ¿Cómo se hace un gurú?.

Yo no lo sé. Porque por desgracia yo no soy un gurú. Pero como conozco a gurús, sigo a gurús, admiro a gurús y disecciono gurús, he anotado algunas ideas que tal vez les sean de utilidad.

Lleve siempre la contraria

Si dice lo mismo que dice la gente, no es usted un gurú. Veámoslo con un ejemplo práctico. Imagínese que está jugando al Trivial con unos amigos. "¿Dónde vamos, a la naranja de deportes o a la marrón de literatura?". Un buen gurú lo tiene claro: A la marrón. Si todo el mundo considera que las croquetas del piquillo de la abuela están de muerte, el gurú las encuentra demasiado saladas. La norma siempre debe ser ésa: Girar en el sentido contrario a las agujas del reloj.

Todo está a punto de cambiar

Un gurú debe convencer a todo el mundo que nada será como antes. Que los tomates sabrán a tomates, que la Comic Sans será la tipografía del futuro, que las hombreras se pondrán de moda, que los médicos harán una asignatura de caligrafía o que los abrefáciles se abrirán fácilmente. Más que nada porque si el gurú vende que todo seguirá igual, no son necesarios los servicios del oráculo que anticipe el futuro. Empiece todas las conferencias de la misma forma. "Buenas noches, gracias por invitarme. Silencio. Nada será como antes. Silencio".

Ponga nombres a los cambios

Las cosas del futuro que viene no se pueden llamar de cualquier forma. De la misma forma que un Premio Nobel no puede tener cualquier nombre. Miren por ejemplo la nómina de los últimos nóbeles de literatura: Vargas Llosa, Herta Müller, Doris Lessing, Orhan Pamuk, Harold Pinter... Que parece la alineación del Bayer de Munich. Pero ¿a qué no encuentran un Nobel de Literatura que se llame Engracia Povedilla?. Ya me imagino la deliberación en Oslo: ¿A quién se lo damos a Povedilla o a Vargas Llosa?. Pues con los cambios, lo mismo. En vez de trola o mentira mentirosa, HOAX. En vez de me escojono, LOL.

Cree su club de admiradores

Un gurú sólo es gurú si tiene un número de seguidores. No hay que trabajar mucho: Lleve la contraria, vaticine un apocalipsis e insinúe una conspiración y verá como de forma automática se crea un grupo de apóstoles, cada vez más grande. Y ahora viene un punto muy importante: Un gurú no conversa jamás con sus acólitos. No contesta los comentarios del blog ni responde a las interpelaciones del twitter y jamás de los jamases felicita un cumpleaños con el facebook. Sólo muy ocasionalmente y de forma aleatoria, el gurú se dirige hacia uno de sus fans y se digna a hablarle. En este caso, la norma es: No sobrepase jamás las cinco letras. @pepemorales Sí. @juanpovedilla Tal vez.

Desconfíe del cambio

Y ahora viene el momento más importante. Cuando el gurú ha convencido a muchas personas de lo irreversible del cambio, cuando ha conseguido integrar en el lenguaje de los foros sus neologismos, cuando logra en definitiva imponer el papel higiénico a topos, entonces debe iniciar una campaña contra todo eso. "Se ha desnaturalizado". "Se ha llevado hasta extremos ridículos". "Hay quien tira al niño con el agua del baño" (esta frase debe utilizarse siempre)...

Ahora podemos crear un nuevo futuro. Y lo más importante, siempre tenemos razón. Si el cambio no se produce, como habíamos vaticinado "ya decía yo que se había exagerado en exceso y se había banalizado"; y si canta la flauta y el cambio se produce, "fui el primero que dije que esto pasaría".

De todas formas, todos estos principios se resumen en dos: valore sus intervenciones unas veinte veces más de lo que realmente valen, porque así parecerá excepcional, y use siempre imágenes impactantes en sus presentaciones porque al final es lo que realmente recordará la audiencia. Saque el gurú que lleve dentro. Porque, silencio, nada será como antes, silencio.