02 de novembre 2010

Gran Hermano revolución




Dicen que en Gran Hermano 36 la audiencia decidió que debía abandonar la casa Pablo Corniche, el culturista de Badajoz con una sola ceja, en vez de Merche López, la disléxica de Puerto Rico. La limusina con restos del último show girl en la tapicería esperaba a la salida de la casa, separado por una alfombra roja comprada a metros en un chino. Mercedes Milà repasaba en el plató los diálogos imposibles con Corniche, con la altura intelectual de las conversaciones entre Yogui y Bubu.

Y entonces, sucedió.

Dicen que los concursantes de la casa cerraron la puerta de golpe y dijeron que no, que de la casa no se iba ni Dios. Y utilizaron los muebles para cerrar el paso y crearon barricadas en cada entrada. Y rompieron una por una todas las cámaras hasta dejar sólo la del confesionario. Y desde este punto declararon que nadie se iba a ir de la casa, que sólo saldrían en cajas de pino y que ni la audiencia ni el Concilio Vaticano Segundo tenían autoridad para escoger a las personas como quien escoge una mascota. Que desde ese instante, la casa era un espacio libertario y autogestionado.

Y dicen que Corniche pasó a ser Che a secas. Y pocos días después, la casa fue tomada en un sangriento combate en el que cayeron todos los habitantes de la casa, seis soldados y dos cámaras. Mientras, en el plató, varios expertos comentaron la estrategia militar, la trayectoria de los impactos y los diversos tipos de armas. Huelga decir que la audiencia recuperó los índices de las primeras ediciones.