29 d’agost 2011

Yo he leído el artículo 135 y he sobrevivido

Al nuevo artículo de la Constitución, el 135, le pasa lo mismo que a las instrucciones de un mueble de Ikea. Que nadie se lo ha leído y montamos la mesa por intuición. Es como el prospecto de una medicina vía rectal. Tampoco tiene uno ganas de entrar en detalles y se lo mete sin leérselo.

Yo sí que lo he leído, el 135 quiero decir. De momento no noto ningún efecto secundario, aunque los tobillos empiezan a hacer un crec - crec muy molesto. Les dejo con mis notas del mismo y así se ahorran una lectura tediosa y pueden apurar el verano con otros menesteres, como descongelar la nevera o aprenderse de memoria la alineación del Villarreal B.

1. Asusta pero no da miedo

El 135 parece que dice que las administraciones ya no podrán tener déficit. En realidad, dice bastante menos que eso.
  • En primer lugar, pospone hasta el 2020 la aplicación del artículo. Como todo el mundo sabe, mucho antes el Universo habrá sido destruido tal y como vaticina una visión maya. Y si se equivocan, en nueve años no quedará ni rastro del mundo económico y social que conocemos ahora.
  • En segundo lugar, y esto es mucho más importante, no dice hasta dónde te puedes endeudar, sino que delega la decisión a una ley orgánica que fije estos criterios. Ley que se puede ir cambiando periódicamente de acuerdo a la coyuntura del momento. Es la típica maniobra de la ley que se desplegará en el reglamento correspondiente, que traducido al idioma legislativo quiere decir "Haré lo que me salga por el arco del triunfo".
  • Finalmente, estos límites se podrán superar en casos de catástrofes naturales, situaciones de emergencia extraordinaria (como podrían ser una gira de José Luis Perales o la ampliación del fondo del armario de Falete) y  recesión económica. Han leído bien. En caso de recesión económica, el Gobierno puede llevar a cabo medidas keynesianas, tal y como recomiendan los manuales de economía más elementales.
O sea que más o menos el artículo dice que a partir del 2020 intentaremos que no haya mucho déficit, siempre y cuando no estemos en crisis, lo que me parece bastante razonable.

2. De cara a la galería

El 135 es un artículo más sobreactuado que un ataque epiléptico de Jim Carrey. No dice casi nada, pero da la sensación que nos hemos puesto muy serios y nos hemos limitado para ganarnos la confianza de los mercados. Se parece un poco a las listas de deberes que cuelga la Supernanny en la nevera; no queda muy claro qué pasa si María no recoge su plato o no ordena sus juguetes, pero allí están las instrucciones sujetas con unos imanes de Disneyland París como si fueran el oráculo de Delfos.

Yo creo que por eso no ha habido consulta electoral. Llevar el 135 a las urnas conlleva abrir un debate en el que se evidenciaría el artificio. Además, las revueltas ciudadanas indignadas aportan un plus de credibilidad al 135. Aunque, seamos sinceros, una manifestación en agosto tiene las mismas probabilidades de éxito que una sesión de alcohólicos anónimos en una rave de Castellón.

3. Reformemos, pero en serio

Yo soy de los que cree que hay muy pocos referenda (que es el plural de referéndum, fíjese usted) en este país, lo que es un síntoma más de la debilidad del modelo democrático. También soy de los que cree que hay que cambiar la Constitución y resolver lo que dejamos pendiente porque el hedor a muerto de Franco entraba por los conductos de aire en la sala donde se reunían los padres de la Constitución. Por no haber no hubo madres de la Constitución, en una época en la que las AMPAs eran en realidad APAs.

En fin, les quería explicar que necesitamos una reforma real y no el patchwork del 135, pero eso lo explica mejor que yo Gutiérrez-Rubí, así que se leen esto y así puedo ir a descongelar la nevera.