17 d’abril 2012

15 tags de la sociedad que viene



Es curioso. Aunque el capitalismo se caracteriza por ciclos muy cortos, no tenemos una percepción cíclica del tiempo. Cuando vivimos en un período de crecimiento, suponemos que este período nunca tendrá fin; y cuando entramos en una crisis, nos parece que nos ha engullido un agujero negro del que nunca más saldremos. Nos cuesta imaginar crecimiento y crisis como procesos contiguos, como dos secuencias de una misma película.

Las crisis profundas tienden a alterar algunas piezas de la lógica anterior, y a veces estos cambios son profundos. Hasta ahora, los libros de cabecera de los tiempos que vienen eran unos cuantos clásicos, como Bauman, Harvey, Urry, Ritzer, las obras de Rifkin, la trilogía de Castells y poco más. La mayoría de estas obras explican la crisis de los 70 y la sociedad (postindustrial) que le sucede, pero intuyo que no nos ayudan a entender la sociedad que viene.

Si intentásemos dibujar la nube de etiquetas del futuro inmediato, creo que el consenso sería bastante amplio. La primera crisis del milenio ha enseñado la desnudez del rey, aunque ahora el problema es identificar quién es realmente el rey. El modelo clásico parece cansado, a veces agotado, y las respuestas sugieren un escenario muy diferente del que imaginaron Bauman o Harvey. Ésta sería mi  versión de la nube de tags, que es tan solo una más de muchas otras nubes posibles. ¿Cuáles serían sus propuestas?.

Lentitud. Harvey nos propone la compresión espacio - temporal como motor de la sociedad postfordista: No sólo todo está mucho más cerca, sino que todo ocurre mucho más deprisa. La velocidad se ha situado en el centro de la práctica social y ha contribuido a esa liquidez, a esa sensación de efimeralidad. El movimento slow es (con todas sus contradicciones) una primera reacción, que aboga por la cocción a fuego lento de los procesos, por la maduración lenta, en oposición a la inmediatez. La lentitud (de las decisiones, de la reflexión, de los procesos, de la misma experiencia vital) perderá su connotación negativa y podrá ser el nuevo modelo.

Cercanía. La otra pieza del engranaje de Harvey, la compresión espacial, está también condenada a un cambio profundo. El detonante será el incremento del precio del crudo y sobre todo su creciente escasez, que hará inviable el modelo actual de deslocalización y producción periférica. No tendrá sentido que consumamos cerezas chilenas o calcetines Made in China porque el precio del transporte no compensará el diferencial de costes. Se abren las puertas de la relocalización, de la agricultura de proximidad, de las nuevas viejas manufacturas, de la producción energética local, en definitiva, de la cercanía como atributo productivo esencial.

Ideas. No es una Nueva Edad Media, por supuesto. Todo lo que no pese, lo que pueda ser difundido por la red por ejemplo, tendrá un valor capital y podrá ser exportado e importado. Nuevos procesos, nuevos conceptos, análisis, sistemas, productos culturales, canciones, informes, valoraciones, planos, diseños creativos, estudios, catálogos... Las ideas serán el principal producto de intercambio entre las economías. El diseño podría ser una economía productiva de proximidad y una sociedad en red altamente conectada y con un flujo muy activo de intercambio de ideas, es decir, algo que es a la vez local y global.

Compartir. Compartir es una forma de mejorar, de contrastar, de utilizar la inteligencia colaborativa, de incrementar la reputación y de permitir el desarrollo de ideas embrionarias. En un sistema de intercambio de ideas, en el sentido más amplio, los conceptos clásicos de valor, de precio o de propiedad deben ser revisados. Muchos de los intercambios generan más valor si la información es abierta y compartida que si es cerrada y está monetarizada. La cultura de creative commons nos exigirá replantearnos los criterios clásicos de valor y de precio de la información y, sobre todo, los canales de transmisión de esta información.

Perdurabilidad. Sabemos que el sistema productivo actual se basa en una prematura obsolescencia, lo que permite reducir el ciclo de vida de los productos y acelerar su sustitución. Las medias se rompen, los móviles se apagan y las fotocopiadoras se desactivan, con el fin de provocar una renovación en una sociedad de hiperconsumo. El modelo de obsolescencia genera un consumo masivo de materiales, de energía y de desechos, que no solo es éticamente reprobable sino que será económicamente insostenible. Los nuevos productos se basarán en diseños más duraderos, más versátiles, más resistentes. Mucho más, de hecho. Radicalmente más. 

Rediseño. Como defienden los responsables de Planned Obsolescense, un modelo basado en la perdurabilidad no es anti-económico porque el incremento del ciclo de vida de producto (y el decrecimiento del consumo) puede ser compensado con nuevos nichos, basados en la reparación y la introducción de mejoras en los productos más envejecidos. Abre además un nuevo campo, que es el rediseño, es decir, los nuevos usos de antiguos objetos, que mantienen sus propiedades, pero que van variando de funciones. Un mismo objeto puede ser una herramienta, un elemento decorativo, un recuerdo o una nueva herramienta a lo largo de su "biografía".

Acceso. Tal vez tenga razón Rifkin, en la primera parte de su ensayo sobre la era del acceso: la propiedad ha perdido valor en los patrones sociales contemporáneos. ¿Qué tiene más sentido, comprar un objeto o acceder a él cuando nos sea necesario?. Cada vez que compramos un bien, limitamos su uso al número de veces en que nosotros lo utilizamos: Usamos muy poco la mayor parte de nuestros productos. Si no fueran nuestros, sino que simplemente pagásemos por un uso puntual, optimizaríamos su rendimiento. Piensen por ejemplo en una joya. ¿Qué es más lógico, "acceder" a ella en las diez ocasiones en que la usemos o adquirirla para un uso altamente limitado?. 

Escepticismo. Los consumidores han aprendido que el detergente no lava más limpio, ni que el caldo de pollo es más rico y la crema no rejuvenece. La publicidad tal y como la conocemos no tiene futuro, porque el escepticismo es general. Que el Gobierno de Asturias diga que Asturias es precioso no quiere decir que lo sea. De hecho, ¿qué podría decir de sí mismo una marca, un destino o un producto?. No hay un reemplazo claro de la publicidad convencional, la de Villaarriba y Villaabajo, pero todo parece indicar que la reputación y la recomendación sustituirán al raca-raca de la publicidad y el spam.

Escasez. El último ciclo expansivo se ha fundamentado en una explotación de recursos y de energía sin precedentes. Pero la emergencia de nuevas clases urbanas en Asia y América (mucho menos en África, de momento) da la razón a las tesis pesimistas del Club de Roma en los años 70. La demanda de aluminio, de cobre, de gas y petróleo, de alimentos, y especialmente, de agua será tan elevada que tendremos que asumir la condición finita del planeta y sus recursos. La escasez puede desembocar en una nueva geopolítica, por el control de estos recursos, y en las visiones más apocalípticas, guiarán los conflictos del futuro. Hay una cosa clara: La sociedad de la opulencia llegó a su fin.

Responsabilidad. Somos actores de nuestro presente y de nuestro futuro, no solo espectadores. El modelo social que hemos heredado ha eximido a los ciudadanos de deberes y los ha hecho exigentes e irresponsables. La sociedad que viene debe asumir que todos los actos, incluso los más triviales como la compra, el transporte o el silencio, tienen efectos secundarios. Somos los responsables directos de lo que nos ocurre y, sobre todo, responsables de lo que nos ocurrirá. La culpa-habilidad, la habilidad de traspasar la culpa a otro (ya sea un país, un gobierno o un individuo), dará paso a una sociedad más responsable y consciente del valor de los actos (y, claro, de las omisiones).

Deliberación. Casi todas las piezas del engrenaje social han entrado en un descrédito sin precedentes, pero seguramente en la parte más baja hallaremos los partidos políticos en general y los políticos en particular. Es clamoroso el divorcio entre la inquietud política de los ciudadanos y la incapacidad de los diversos modelos (algunos más que otros) por dar respuesta a esta demanda. La democracia deliberativa   puede trascender el paradigma clásico y proponer sistemas basados en la deliberación y la inteligencia colaborativa, en la discusión pública y razonada de los problemas. El modelo político requiere muchas cosas, pero sin duda, la más relevante es el tránsito de los eslóganes a los argumentos.

Diversidad. Se acabó la audiencia única de Perelman. Los sujetos serán cada vez más complejos y se escaparán de las categorías culturales, sociales y políticas clásicas. Cada individuo se definirá por una sutil combinación de piezas, orígenes y aspiraciones, muy lejos de la obsesión taxonómica de la sociología clásica. El reto será conjugar la diversidad personal con los proyectos colectivos. ¿Es posible construir sociedades basadas en individuos singulares?.

Local. El modelo de estado - nación ha entrado en una crisis irreversible, porque se desmorona tanto por arriba como por abajo. Los estados ya no son proyectos ciudadanos compartidos, más allá de un ideal romántico de pertenencia. La participación, la responsabilidad y la toma de decisiones es mucho más eficiente si la escala es local. La clave estará en la capacidad de hacer compatible el empoderamiento local con la solidaridad interterritorial, para que la estrategia local no acabe derivando en un localismo de campanario.

Híbrido. Las identidades, especialmente las identidades nacionales, tendrán muchas dificultades para subsistir en una sociedad en red. El incremento del flujo de intercambios de ideas (y de patrones culturales) entra en colisión con el ideal decimonónico del estado - nación como contenedor de culturas homogéneas. La evidente pérdida de hegemonía de occidente abre las compuertas de un intercambio de patrones estéticos, cosmologías, referentes o códigos simbólicos mucho más complejo y mucho más híbrido. No es tan solo comer tajine, leer a Murakami o escuchar en el ipod canciones de Yossou N'Dour; ni siquiera incorporar la lógica cultural, social o espiritual de otras latitudes. Se trata de crear nuevas identidades a partir de la hibridación entre tradición local y estímulos externos.

Aprender. Los dos ejes de la sociedad del bienestar, la educación y la sanidad, deben ser también reformulados. La sanidad es mucho más invasiva que preventiva; se dedican mucho menos esfuerzos a anticipar la enfermedad que a combatirla. Y, por supuesto, necesitamos una sanidad menos medicalizada y más personalizada. El modelo educativo requiere también un nuevo consenso. Hasta hora, convenimos que los niños aprenden hasta que llegan a un umbral en el que "dejan de aprender", algunos antes que otros. Ya no es posible mantener este principio. Necesitamos toda una vida de aprendizaje, no solo porque la sociedad cambia; no solo porque avanzamos en nuestro conocimiento del mundo, lo que convierte a los adultos en anacronismos educativos (¿cuántos adultos conocen el mapa actual de Europa?); sobre todo, porque aprender constantemente es la vía más eficaz para una sociedad más justa y más feliz. 

Éstas son mis quince propuestas pero en las redes sociales me han sugerido muchas más. Ingenio, diáspora, proximidad, tolerancia, transparencia, ética, creatividad, ecologismo, cooperación, huerto, adaptación, nube, agua, participación, horizontal, valor... Y ustedes, ¿qué nube de tags construirían de la sociedad que viene? #neotags


1 comentari:

Don Güapo ha dit...

Lentitud. Un deseo, que Rajoy comparte seguro.

Cercanía. Posición Cenitera. La escasez influirá en la agricultura más que en el transporte. Pero el mercado proveerá.

Ideas. Cierto.

Compartir. Kim ‘Dotcom’ Schmitz está de acuerdo. Y yo.

Perdurabilidad. Perdurabilidad y desarrollo, aceite y agua.

Rediseño. Quién vive ahí? Carmen de Mairena? Paco Clavel?

Acceso. Si la multipropiedad ya es cutre, el ejemplo de la joya, anula cualquier atisbo de seducción. Cambie el ejemplo, rápido, antes de que le lean las señoras.

Escepticismo. La publicidad ayuda a la reputación.

Escasez. A las predicciones de apocalipsis malthusianos habría que aplicarlas el punto quinto y sexto.

Responsabilidad. Lo compro.

Deliberación. Ciudadanos y políticos, dos caras de la misma moneda. Poco a poco.

Diversidad. Modelo Ikea. Todo variado, pero todo igual.

Local. Se desmorona por arriba en áreas regionales continentales. Por abajo, las mega urbes dominarán. Entre medias, ni fu ni fa.

Híbrido. Afortunadamente. No sólo muere la socialdemocracia con la globalización. También el nacionalismo.

Aprender. Esto que lo compre la ministra de sanidad y el ministro de educación.