15 de juliol 2012

El otro discurso


Hoy es, sin duda alguna, el peor día de mi vida política. Me dirijo a ustedes y al conjunto del país con un profundo dolor, consciente de las repercusiones de esta decisión transcendental.

Las medidas que a continuación les detallaré son, sobre todo, un durísimo golpe para muchas familias de este país. Soy plenamente consciente que gravar el consumo, rebajar las prestaciones y reducir la cobertura social es una mala noticia para el conjunto de la sociedad española, pero especialmente para las capas más desfavorecidas, las que están sufriendo con más severidad los efectos de esta crisis. Señorías, las cosas son como son. Y estas medidas afectarán a muchas personas que están ya en una situación límite. También las clases medias van a vivir un futuro inmediato aún peor. Menos servicios sociales, más impuestos y menos ingresos: Esta ecuación solo puede producir un deterioro de la calidad de vida de los ciudadanos. Esto es así y así hay que explicarlo. Por eso, me dirijo a los ciudadanos solemnemente, compungido, para pedirles disculpas. Les quiero decir que soy consciente del sacrificio que les exijo y, aunque sé que ni les consuela ni les alivia, hago míos su consternación y su dolor.

No quiero evadir mi responsabilidad. No les voy a engañar diciéndoles que no hay ninguna otra salida o que estas medidas nos han sido impuestas. Siempre es posible hacer las cosas de otra manera. Podemos dejar que los bancos caigan y que, finalmente, el sistema financiero español deje de parapetarse en la ayuda exterior. Podemos, como han hecho otros países, intervenir desde el estado estas entidades financieras. Podemos salirnos del euro y fijar nuestro nuevo marco de relaciones económicas con el eje sudamericano. No es cierto que esto es lo único que se puede hacer. Pero es lo que yo, como Presidente del Gobierno, he decidido hacer. Hemos llegado hasta aquí por la suma de los errores del pasado, pero lo que ocurra a partir de ahora será esencialmente mi responsabilidad. Estas medidas son solo una de las medidas posibles, pero son las que yo he decidido tomar, porque creo que son las mejores. No hay otro responsable más que yo mismo. Y asumo plenamente la autoría de cada una de las medidas que a continuación les detallaré. En eso consiste la condición de Presidente que ahora ejerzo.

Debería decirles que estoy convencido de que estas medidas son el antídoto eficaz contra la crisis. Debería decirles que no me cabe ninguna duda que si adoptamos estos sacrificios, en unos pocos años vamos a sustituir el horizonte de incertidumbre por un nuevo periodo de prosperidad. Pero no lo voy a hacer. Creo que hago lo mejor. Pero también creo que los ciudadanos deben saber que no existen ni certezas ni verdades absolutas en este contexto de crisis global. Tal vez me equivoque. Tal vez este sea un sacrificio inútil. Naturalmente, si adopto estas medidas extremas es porque creo que es la alternativa más favorable o la menos mala. Pero me gustaría trasmitir mi incertidumbre. Es bueno que admitamos que las decisiones políticas son frágiles y vulnerables, que nadie está en posesión de la verdad; tampoco quienes apuestan por una alternativa. Es bueno que ellos también lo admitan.

Hace unos meses, los ciudadanos me dieron su confianza porque les propuse un plan para sacar al país de este atolladero. Asumí un compromiso formal, escrito, que es mi programa electoral. Y como saben ustedes, las medidas que ahora les planteo difieren radicalmente del contrato que firmé con todos los ciudadanos cuando me presenté a las elecciones. Estas medidas no son las que me comprometí a llevar a cabo, sino todo lo contrario. Es por eso que les anuncio que convocaré elecciones anticipadas para que los ciudadanos tengan la oportunidad de refrendar la propuesta que hoy les presentó o, si lo creen conveniente, adoptar un nuevo cuaderno de ruta. 

Me dirijo finalmente a los pensionistas con enfermedades crónicas, a las personas que llevan ya muchos años fuera del mercado laboral a pesar de sus esfuerzos, a los jóvenes que tienen problemas para sufragar sus estudios, a los familiares de las personas dependientes, a los pequeños empresarios que han tenido que cerrar decenas de años de trabajo e ilusiones, a las mujeres marginadas, a los habitantes de barrios periféricos aislados de la vida cultural y social del país, me dirijo en fin a los que sufren. Solo les quiero decir con toda sinceridad, mirándoles a los ojos, con el alma rota, les quiero decir que lo siento. Lo siento de veras.

Muchas gracias, señorías.

1 comentari:

Carles Casals Cantieri ha dit...

Hagués estat molt bé un discurs d'aquesta mena; l'hagués humanitzat. Emulant bastant al que va Zapatero aquell 10 de Maig. Però en cap cas frenaria el malestar social.

Igualment (segueixo a contracorrent), Rajoy ni hauria de dimitir ni convocar eleccions anticipades. Va ser escollit fa sis mesos per desenvolupar una tasca durant quatre anys: ni més ni menys. I ha d'intentar esgotar el mandat. A més a més, ja ens temiem tots (i també els qui el van votar) que prendria decisions en aquesta línia. Em sorprén que hi hagi gent que es sorprengui.

Malauradament, no sé si haguéssim vist unes mesures massa diferents si ara mateix governés un altre partit...