25 de febrer 2013

¿Por qué los móviles cambiarán el turismo?



Ni los chárter, ni los bonos, ni los low cost o las Trotamundos. Los móviles cambiarán el turismo como nada antes lo ha logrado. Algunos de los síntomas ya son evidentes y otros indicios  no los podemos ni siquiera intuir, porque solo son un prototipo o una fugaz idea en la cabeza de un ingeniero. Pero ahora que abre las puertas el Mobile World Congress es buen momento para pensar por qué el turismo mutará por el efecto smartphone.

La navaja suiza

Una maleta de los 90 podía contener un despertador, una agenda, una guía, una cámara de fotos, una cámara de vídeo, un reloj, un despertador, un diccionario, un mapa, un plano, una moleskine llena de notas, una linterna y, por supuesto, unas cuentas biodraminas. Esto último es lo único que no puede solucionar un móvil. Todo lo demás cabe en un smartphone convencional. Podemos llevar un eficaz traductor (que incluso reconoce la voz), un conversor de moneda (actualizado al instante) o un reloj que marca la hora local, la hora en origen y la hora en el aeropuerto de enlace.

Sin papeles

Pasaporte, tarjetas de embarque, bono del hotel... Viajar es llevar consigo más papeles que un libro de Galdós. Con los smartphones hemos empazado a desplazar los papeles por códigos digitales (un QR, un código de barras), que suponen más rapidez, menos colas y menos estrés. Lo peor que nos puede pasar es que perdamos el móvil...

Ya no son solo las low cost. Compañías clásicas como Swiss o Iberia permiten tarjetas de embarque vía móvil. Algunos hoteles utilizan sistemas como OpenWays, que permite acceder directamente a la habitación sin pasar por recepción. No se trata solo de un servicio más ágil, sino también en un nueva lógica: ZipCar, por ejemplo, es un servicio de alquiler de coches por hora que solo puede ser concebido por la inmediatez de una conexión móvil.

Pagos en bits

Aún no es una realidad, pero parece evidente que el pago por móvil será una verdadera revolución en el tránsito de los viajeros por su destino. Transacciones más simples, sin recargos, sin monedas extrañas, sin errores y con una información constante sobre los tipos de cambio. Una de las tecnologías más prometedoras es el NFC, el near fear communication, que por ejemplo se ha ensayado en el WMC de Barcelona. Con el NFC es posible acceder a La Sagrada Familia o al Museo Picasso, sin más medios que un móvil.

"Usted está aquí"

¿Recuerdan aquellos mapas con un círculo rojo que marcaba "usted está aquí?". Con un móvil, siempre estamos aquí. El turista sabe dónde está y también puede saber dónde están los servicios turísticos, los hoteles, los museos, las agencias o los espacios naturales de su entorno. Cualquier elemento puede ser ubicado en el mapa, de manera que el visitante puede acceder a guías online que le recomiendan un restaurante cercano, le explican los orígenes del Palacio Imperial o le sugieren un itinerario urbano por las callejuelas menos transitadas.

A veces son los propios destinos los que organizan sus propias apps, como Hong Kong que ofrece diversos recorridos. Otras son aplicaciones que contienen información de diferentes localidades, como la catalana Synctur. Algunas apps nos indican incluso cuál es el retrete más cercano y su grado de limpieza. En Cáceres, proporcionan al turista un smartphone que permite acceder a la información de la ciudad, organizada en NFCs.

Oficinas 24 horas

Los móviles modifican también las relaciones entre oficinas de turismo y turistas. En Estados Unidos, se ha popularizado el concepto twisitor center, que es la unión de twittervisitor center. Estas oficinas responden al turista justo en el momento en el que les asalta la duda, ya sea ante el museo, al salir del restaurante o en la cola del parque de atracciones. Portland podría ser un buen ejemplo, pero hay centenares de centros similares. Algunas OIT realizan escucha activa y localizan todas las preguntas que se hacen en twitter y que contengan el nombre de la localidad.

De hombre a hombre (o de mujer a mujer)

Los teléfonos nacieron para comunicar personas. Y los móviles no solo conectan empresas con turistas o servicios con prescriptores: Relacionan sobre todo individuos con individuos, ya saben P2P. De entrada, podemos conectar a los turistas entre sí, gracias a sus conversaciones on line en los diversos servicios de valoración turística. También pueden relacionarse responsables de servicios con clientes potenciales.

Y por supuesto, podemos relacionar turistas y residentes: Visit a Swede (visita un sueco) es una de esas cosas que demuestran que la tecnología también puede humanizar. La aplicación facilita que un sueco (o una sueca) se ponga en contacto con un turista y puedan intercambiar miradas, puntos de vista, recomendaciones...

Decisiones instántaneas

El móvil facilita el acceso a servicios que antes tenían que ser reservados con mucha antelación. La mayor parte de portales de alojamiento permiten reservar con un mínimo de 24 horas, pero algunas apps (como HotelTonight) permiten reservas para la próxima hora. Si antes programábamos el viaje con meses de antelación y una precisión casi obsesiva, ahora podemos improvisar, adaptar las decisiones a las experiencias vividas y, en definitiva, crear un modelo más inestable, más líquido. Un ataque de nervios para los gestores del yield management, vaya.

Nuevas miradas

Mientras se consolida la "larga cola" turística, ahora podemos ofrecer productos y servicios muy especializados, dirigidos a segmentos muy concretos. Tomemos por ejemplo el campo de los itinerarios urbanos: Ahora puedo acceder a la ruta de los gángsters en Chicago, que detalla todos los acontecimientos relacionados con el Hampa y los sitúa en un mapa digital, la ruta de las celebridades de Hollywood, las rutas cinematográficas, las literarias, las gastrónomicas, las accesibles o las anti-turísticas. Hay espacio incluso para el no turismo en el nuevo turismo.

Querida vecina...

Viajamos (también) para explicar que viajamos. El turismo es esencialmente un acto social, que nos permite explicar a los demás quiénes somos o quiénes nos gustaría ser. Por eso, desde el nacimiento del turismo, los turistas sintieron la necesidad de hacer saber a los demás su periplo: Así nacieron los souvenirs, los libros de viaje, las postales... Es evidente que los móviles multiplican la socialización del viaje. Capturamos una imagen y la compartimos en facebook, o explicamos una emoción en twitter o colgamos un breve vídeo en tout (el twitter audiovisual) o, simplemente, compartimos la imagen en nuestro instagram. Nunca como ahora el turismo fue un acto esencialmente social, colectivo. Algunas aplicaciones, como postagram, supone una deliciosa combinación entre el glamour clásico de las primeras postales y la personalización de la cultura 2.0.

Personalizar

El champú para cada cabello tiene ya su versión turística. Podemos, por ejemplo, crear nuestro propio póster turístico a partir de una imagen que hemos capturado nosotros mismos, en el gran portal islandés Inspired by Iceland. El portal de turismo de Yorkshire está formado por instagrams compartidos por fotógrafos, turistas y residentes. O el portal tagzania, que nos permite encontrar un destino a partir de los tags (etiquetas) que han dejado otros visitantes. Las posibilidades son casi infinitas: música personalizada, menús orientados al cliente, visitas guiadas adaptadas, entornos web basados en el tipo de usuario...

Smart tourism

En el futuro, es probable que los móviles puedan mejorar la gestión de un destino. Los primeros modelos teóricos sobre smarts cities diseñan flujos eficientes, sistemas de control de la capacidad de carga, acceso a la información, personalización... Al mismo tiempo, los registros de los recorridos de los turistas (tracks) o la información que proporcionan en su interacción con los móviles (qué preguntan, qué reservan. qué compran) abren las puertas a una nueva generación de datos turísticos, que dejarán Frontur como una reliquia del pasado. 

Los móviles cambiarán el futuro del turismo, pero es fácil pensar que el futuro también cambiará los móviles. Los nuevos dispositivos (como las gafas) permiten crear entornos más envolventes e imaginar miles de posibilidades turísticas. Todo estar por hacer y todo es posible. Aunque una app. que nos planchase la ropa después del viaje parece aún una utopía, que tendría más descargas que toda la serie de Angry Birds. ¿No creen?


1 comentari:

madelscape ha dit...

Fantástico artículo! Me permito añadir dos experiencias bastante en la línea de tus recomendaciones. http://onwander.com
http://pinterest.com/pin/73394668899581680/