26 de febrer 2013

Querida Hacienda



Señora Hacienda

Dios sabe que servidor paga los impuestos con la alegría del deber cumplido. Ahí voy yo año tras año con el pecho henchido, uno, dos, uno, dos, camino de Hacienda con la mirada decidida y el paso firme. ¿Qué se debe?, pregunto con la voz de tenor, y dejo hasta el último céntimo de lo que me corresponde. A cada cual lo suyo. Y yo me visto por los pies.

Este año usted y yo no nos hemos entendido muy bien, ya lo recordará. Hasta cinco veces nos vimos por no sé qué impreso. Menos la fotografía de la primera comunión y mi colección de sellos albaneses, creo que le llevé todos los papeles que tenía en casa. Y con ese trajín absurdo por un impreso, que luego descubrimos usted y yo que no era necesario, fueron pasando las semanas. Ya sabe usted que yo trabajo y no era fácil encontrar mañanas para perderlas en su egregia compañía.

Al final, usted lo recordará, todo el revuelo quedó en nada y volvimos a la situación inicial. Pero el plazo casi había vencido. Dos problemas más con internet impidieron que pudiera pagar el viernes final, sino el martes siguiente. Por eso, no me dejaron pagar en plazos, sino a toca teja y me dijeron que me fuera para mi casa sin rechistar. Hasta hace unos días.

Me ha enviado usted una carta, en la que me reclama un 20% por el retraso. Y aunque le he recordado que fue usted quien me mareó durante más de un mes, me ha respondido con su ceja arqueada y su mirada de desdén que pague y calle. Y he pagado y he callado. Y derrotado me he desparramado en el sofá justo antes de las noticias. Y veo que un tal Luis ha trincado 22 millones o 36, que no lo sabe muy bien, que donde comen dos comen tres. Y explican no sé que de una amnistía, una especie de bula papal que aplican a señores que enseñan el dedo corazón.

Y a lo mejor le extraña lo que lo digo ahora, pero me ha venido unas ganas de visitarla a estas horas de la noche, así sin avisar, con mi Quimicefa, mis cheetos y mi Coca Cola y liarla parda. Pero cayó la noche y me quedé en casa, com mi cara de tonto y menos fe que el dietista de Falete.