04 de juliol 2015

Hoteles, límites y efectos secundarios



Que haya una moratoria de licencias turísticas me parece lógico. Ocurre algo parecido con las licencias urbanísticas durante la elaboración de un plan de ordenación urbana: La ley se quedaría en papel mojado si los afectados se anticipasen a los efectos restrictivos de la nueva norma, de manera que antes de empezar el plan se suspenden las licencias. Es razonable que durante la elaboración de un plan estratégico que se propone restringir el número de plazas, se suspendan las licencias para evitar un alud de nuevas solicitudes. 

Por lo tanto, propongo dejar de mirar el dedo y hablar de lo relevante, que es el plan estratégico. Y me gustaría compartir las dudas sobre el principio que activa el plan: los límites de la oferta turística. El plan abre la hipótesis de una derogación de las licencias turísticas, no temporal sino permanente. Veamos los posibles efectos secundarios de este planteamiento.

Capacidad de carga

No hay manual de gestión turística que no plantee la necesidad de fijar la capacidad de carga de un monumento, de un espacio público o de un área natural y no seré quien niegue, por ejemplo, el acierto del modelo de la Alhambra o de las Medes. Siempre existe un problema clave, que es el criterio que fija el umbral. ¿Cuánto es demasiado?. Pero en las ciudades (y mucho más las ciudades metropolitanas) sobreviene un problema mucho mayor: Una vez fijado el umbral, ¿cómo lo mantenemos?. ¿Cómo evitamos que entren?. La ciudad moderna se creó bajo el principio "Abajo las murallas" y no hay forma de impedir que las personas transiten por el espacio público. 

Como no se pueden levantar de nuevo las murallas, el plan B es recurrir a la oferta. Si limitamos el crecimiento de las plazas de alojamiento, limitaremos el crecimiento del número de turistas. Y de forma intuitiva podemos estar tentados de pensar que no hay mejor antídoto. Pero las ciudades son sistemas complejos formados por mecanismos en el que una acción genera varias reacciones, no todas ellas deseables. 

Menos turistas

Quiero centrar el debate en los efectos de la limitación de la oferta, pero no puedo evitar hacer una observación sobre el principio del crecimiento cero del número de turistas. Como he explicado en otras ocasiones, es turista la persona que viene a Barcelona durante tres días a operarse la cadera. Es turista el seguidor del Celtic que anima a su equipo en el Camp Nou. Lo es el productor de miel de Eslovenia que acude a una feria internacional de alimentación. O el programador de software que está instalando una nueva aplicación en una filial catalana de la multinacional donde trabaja. Lo es el nieto que vive en Australia y que viene a la ciudad para reencontrarse en Navidad con la familia. Es turista el croata que acude a su primer Sónar. Y el que se apunta a un curso de verano de la UPC sobre smart cities. O la familia de Amposta que acude a una concentración independentista y que decide hacer noche en un apartamento.

Cuando una ciudad declara que no quiere crecer más en turismo está diciendo que ninguno de estos colectivos puede crecer si no decrece otro. Si crecen las ferias y los congresos internacionales y hemos convenido que no queremos más turistas, tenemos que reducir otro contingente. Y si ya es difícil reducir el número de turistas, ¿se imaginan lo que sería fijar umbrales por categorías?. Las ciudades atractivas atrean gente. Los llamamos turistas, pero los podríamos denominar ciudadanos móviles. Y decir que no quieres crecer más es una forma de negar tu capacidad de atracción.

Excursionistas

Hablamos de turistas, que son los visitantes que pernoctan. Pero existe un contingente mucho mayor, que es el de los excursionistas, los visitantes que no duermen en la ciudad y que, por lo tanto, no usan sus hoteles. Un excursionista es un inglés que se instala una semana en Begur y que decide pasar un día de sus vacaciones en Barcelona; o una pareja de jubilados de Vic que comen en un restaurante de Gràcia y disfrutan de una obra de teatro en el TNC. Una estimación realizada hace unos años calculaba que hay un excursionista en Barcelona por cada turista. Pero estaba basada solo en visitantes extranjeros por motivos de ocio. A partir de datos diversos (que pongo a disposición de quien le interese) he estimado que la proporción de excursionistas respecto a turistas es de entre 3 y 4 a 1. 

Fijar un límite a los hoteles podría fijar un límite a los turistas. Pero no es posible evitar que crezca el número de excursionistas. Y si la ciudad mantiene su capacidad de atracción, el peso relativo de los turistas decrecerá. De hecho, ésta es una situación muy común en algunas ciudades monumentales españolas, colmatadas de visitantes durante el día y vacías durante la noche. Y aunque es cierto que la restauración, el ocio o el comercio se ven beneficiados, la ausencia de beneficios relacionados con el alojamiento plantea una relación coste - beneficio muy frágil. No hay duda: Las ciudades en las que el peso relativo de los turistas respecto al total de visitantes es mayor son las que consiguen un mejor modelo de gestión.

Efecto Lido

El punto anterior abre las puertas del verdadero caballo de Troya de la propuesta. Si Barcelona limita su umbral turístico, el efecto más previsible es que los municipios limítrofes van a absorver la presión de la nueva oferta. Si en Barcelona no es posible crear nuevas plazas hoteleras, se crearán en L'Hospitalet de Llobregat, en Badalona, en Sant Adrià del Besòs o en Sitges. Si la movilidad de los residentes sigue criterios metropolitanos, ¿qué nos hace pensar que los turistas no adoptarán también esta escala?. Ése fue el efecto secundario de la limitación de plazas hoteleras en Venecia: La creación de un espacio turístico fuera de la Laguna (el Lido), a donde acuden los turistas a dormir cuando acaban su jornada en la ciudad de los canales, como explica muy bien el profesor Paolo Russo.

Es bastante probable que un crecimiento cero de la oferta turística de Barcelona genere un efecto Lido, es decir que genere un desequilibrio aún mayor entre excursionistas y turistas. La lección que debemos aprender es que no es posible una estrategia turística sin una coordinación con las escalas superiores. En un país donde es más rápido ir de Girona a Barcelona que del Passeig de Gràcia a Colón, la escala de las decisiones no puede ser solo local.

Menos calidad, precios más altos

Imaginemos que la potencia de Barcelona es tal que el efecto Lido es casi imperceptible. Lo más probable que es la contención de la oferta en un contexto de demanda creciente sea un acicate demasiado atractivo para la oferta paralegal (alegal, ilegal, protolegal o el prefijo que deseen). De hecho, ése es el efecto que tuvo el Plan de Usos de Ciutat Vella: La mitad de los apartamentos que se ofrecen en Airbnb se sitúan en este Distrito. De todas formas, es verdad que esta presión se puede mitigar con una correcta gestión, un sistema de control eficiente y una actuación constante. Más o menos.

Por lo tanto, podemos imaginar un escenario en el que el número de nuevas plazas será casi cero en un contexto bastante probable de incremento de la demanda, sin que existan válvulas de escape como ortos municipios o la oferta paralegal. ¿Qué efectos tendría?. El primer efecto es de manual de primero de economía: Crecimiento de la demanda, oferta estancada, igual a incremento de precios. Las tasas de ocupación se incrementarían y en períodos de sobredemanda los precios de las habitaciones se dispararían. El segundo efecto sería el progresivo deterioro de la calidad. Si tengo una demanda garantizada haga lo haga, no me voy a esforzar demasiado en mejorar mi desayuno, en renovar el mobiliario o en incrementar la ratio de trabajadores por habitación. Es verdad: Las cadenas mantendrían estándares de calidad bastante universales, pero el resto tendrían pocos estímulos para ser mejores. En otras palabras, si frenamos la oferta y crece la demanda, seremos más caros y de peor calidad.

Una de las ventajas de la competencia es que obliga a mejorar las características de los productos y servicios y ser muy sensibles a los cambios de la demanda. Sin competencia, no hay incentivo. Y en el universo de tripadvisor o twitter, es fácil intuir los efectos a medio y largo plazo de una oferta cara y de poca calidad.


Un turismo mutante

Un penúltimo problema es la capacidad de adaptación del modelo a los cambios de la demanda. Si el plan fija umbrales máximos por categorías, podemos crear un desajuste si algunas categorías se comportan de forma muy diferente a las otras. Tomemos el ejemplo de los apartamentos. Aunque dejemos a un lado Airbnb, no hace falta ser un gurú del turismo para intuir que la demanda de apartamentos y residencias no hará más que crecer. Las ciudades atractivas (y Barcelona es una de las grandes ciudades atractivas del Planeta) capturan una demanda creciente de visitantes que quieren vivir algo así como la experiencia de ser más ciudadano que turista. Ellos no saben que por más que se esfuercen son y serán turistas, pero prefieren sentirse ciudadanos a tiempo parcial. Por eso, van a demandar las formas de alojamiento que más se asemejen a su ideal de viaje. La paradoja es que probablemente donde más crezca la demanda de hoteles es en las tipologías que menos relacionamos con el turista convencional (negocios, salud, MICE,...). 

Si fijamos un umbral para apartamentos y otro para hoteles y la demanda de los primeros se multiplica mientras que la segunda crece mucho menos, vamos a crear un sistema de oferta desencajado con los cambios de la demanda. Y éste es uno de los grandes dramas del plan: Nace en un contexto en el que está cambiando casi todo en el turismo. Un plan excesivamente reglamentista puede dificultar la reacción a los cambios.


La (nueva) geografía de la oferta

He explicado en otras ocasiones que creo que el gran problema del turismo de Barcelona es su extrema concentración en unas áreas geográficas muy reducidas. Y que probablemente el gran reto del turismo que viene sea una nueva distribución más equilibrada, aunque eso suponga luchar contra uno de las tendencias más universales de las dinámicas turísticas: la concentración. El plan debería permitir desplazamientos progresivos hacia nuevos espacios, siempre con la complicidad de los residentes. Y no será fácil: Los nimbys turísticos nacerán como setas. Paciencia, mediación y mucho diálogo. 

Que una parte de la nueva oferta se desplace hacia nuevas áreas no garantiza que los turistas se limiten a dormir en espacios periféricos y luego acudan a las zonas de mayor concentración. Se precisa de una política turística que sitúe a los espacios y no a los nodos (a los barrios y no a los monumentos) en el centro de la estrategia turística de la ciudad. Es lento. Complicado. Y nada garantiza los resultados. 

Tenemos un plan

Barcelona necesita un plan. Un plan que evite un proceso inercial, en el que los problemas se acumulen. Pero algunas de las propuestas que se han anticipado pueden crear más efectos secundarios de los que intentan corregir. ¿Cómo debería ser el plan?. Complejo, sin duda. Flexible, que anticipe las mutaciones futuras más que los problemas del pasado, que supere la escala local, que genere consensos mínimos, que refuerce la estrategia centrípeta del modelo turístico y que conecte con el modelo futuro de ciudad. Y que evalúe los efectos indirectos de las medidas que proponga. Que no es poca cosa. 

5 comentaris:

Montserrat N. ha dit...

Si jo fos l'Ada Colau, el contractaria ara mateix com a assessor turístic. Sempre que necessito una mica de claredat turística entre tant pseudo-expert he de venir a aquest post. La meva previsió és bastant pessimista. Jo entenc que hi ha molta gent cansada del turisme perquè com expliques molt bé està concentrat en uns carrers de la ciutat, com el carrer on jo treballo. Però em preocupa que Barcelona projecti el missatge que els turistes no són benvinguts, com ha sortit ja a molts mitjans. La ciutat no es pot permetre una caiguda de turisme. I estem jugant amb foc.

Si jo fos Colau, et posava de cap de turisme. Però no sóc la Colau, per fortuna diria.

Barcelona, Espai Lliure d'Especuladors ha dit...

Seré molt honest: Em sembla el típic post pro-sector que intenta justificar amb paraules tècniques l'oposició a la regulació del sector. Un post pagat per Turisme de Barcelona, on hi vas molt sovint segons ens dius amb el teu Foursquare.

Anònim ha dit...

L'atractiu turístic de Barcelona es el resultat d'una quantitat d'elements intangibles i algún de tangible que actúa de forma sumativa entre els turistes reals i els turistes potencials.
Ara bé, de la mateixa manera que un restaurant molt bó i molt preuat tarda poc en caure en picat en la posició que li atorguen els experts i els clients, a una ciutat li pot passar el mateix. Probablement un dels elements més interessants i que fan més interessant Barcelona ha estat el 22@.
I la descapitalització d'intel.ligència i de recercadors estrangers que han marxat per la crisi econòmica es una pèrdua de valor de consideració. Tant si regules com si no,aquests han marxat i una bona política hauria de poder saber com fer que la ciutat sigui molt interessant. El turisme recull el que els altres sembren.

José Antonio Donaire ha dit...

Montserrat

És veritat que hem controlar els missatges que emetem des de la ciutat. Jo crec que es pot revertir la idea dels "Tourists go home" per la de "Estem dissenyant una destinació de turisme responsable. Preguem disculpeu les molèsties".

Barcelona, espai lliure and so on

És públic que Turisme de Barcelona lidera una proposta de Comunitat de turisme RIS3CAT, en la que hi participa la UdG. Els terminis són imminents i ens reunim sovint per coordinar-nos unes 15 persones de l'quip tècnic. És una activitat pública i per això li comento.

En tot cas, acalarit per què freqüento Turisme de Barcelona, crec que el plantejament d'un pla - combat entre els pèrfids especuladors contra els veïns protectors de la ciutat és un pla abocat al fracàs. O es crea un espai de consens, de diàleg, de punts compartits, d'equilibris, de fronteres i de reptes de futur o si ens limitem a veure qui és més fort, no ens en sortirem.

Anónim

Totalment d'acord. Només amb un matís. en el mecanisme de rellotgeria que són les ciutats, el turisme no és exactament un apèndix que s'aprofita de la dinàmica positiva d'altres sectors, sinó una peça que es beneficia de les altres (i és perjudicada per les altres) i al mateix ella beneficia altres peces (o les perjudica). Les relacions causa - efecte són múltiples.

José Antonio Donaire ha dit...

Montserrat

És veritat que hem controlar els missatges que emetem des de la ciutat. Jo crec que es pot revertir la idea dels "Tourists go home" per la de "Estem dissenyant una destinació de turisme responsable. Preguem disculpeu les molèsties".

Barcelona, espai lliure and so on

És públic que Turisme de Barcelona lidera una proposta de Comunitat de turisme RIS3CAT, en la que hi participa la UdG. Els terminis són imminents i ens reunim sovint per coordinar-nos unes 15 persones de l'quip tècnic. És una activitat pública i per això li comento.

En tot cas, acalarit per què freqüento Turisme de Barcelona, crec que el plantejament d'un pla - combat entre els pèrfids especuladors contra els veïns protectors de la ciutat és un pla abocat al fracàs. O es crea un espai de consens, de diàleg, de punts compartits, d'equilibris, de fronteres i de reptes de futur o si ens limitem a veure qui és més fort, no ens en sortirem.

Anónim

Totalment d'acord. Només amb un matís. en el mecanisme de rellotgeria que són les ciutats, el turisme no és exactament un apèndix que s'aprofita de la dinàmica positiva d'altres sectors, sinó una peça que es beneficia de les altres (i és perjudicada per les altres) i al mateix ella beneficia altres peces (o les perjudica). Les relacions causa - efecte són múltiples.