08 de gener 2016

Querida Cayetana Álvarez de Toledo



No voy a entrar en el fondo del tweet que la ha hecho a usted famosa. Si busca un poco, se va a encontrar con cientos de artículos de adláteres que defienden su cruzada a favor de Reyes de franela y camellos y cientos de artículos que no entienden esa pose de "A Dios pongo por testigo". Y otros tantos, en el espacio del medio. Como ya está todo dicho, pues no digamos nada más.

He leído su artículo de hoy en El Mundo, su Jamás, jamás, jamás. Y es por eso que me dirijo a usted, para comentar su punto de vista. Su texto no es excesivamente extenso, pero se puede resumir en dos frases: "Me es imposible tratar de buena fe con un tonto" y "Twitter es un vertedero, la tumba de la inteligencia". Usted defiende que hay un ejército de zombies sin cabeza ni criterio, dispuestos a lanzar un tweet molótov contra cualquier pepista que se ponga a tiro. Unos, cito textualmente, "chavistas ibéricos", "comandos organizados que alimentan los circuitos del odio". A estos zapatistas armados con tablets y nokias se unen otros que han perdido la inteligencia, el criterio y la razón. Ésta es su conclusión del tsunami twittero: Tonto tú, tonto él, tontos todos. Y, permítame que se lo diga, no ha entendido usted nada.

Usted se aferra a la tesis de Savater: "Me es imposible tratar de buena fe con un tonto, porque bajo su influjo no solo se corrompe mi juicio, sino también mi conciencia". Es una tesis terrible, doña Cayetana. Es la carta comodín que podemos esgrimir siempre que la discusión nos molesta: "Es usted tonto y eso me exime de hablar con usted". El problema aquí es encontrar un eficaz medidor de tontos, un tontómetro universal. Porque si el único criterio para medir tontos es nuestro propio criterio, tal vez estemos llamando zontes a quienes defienden que el universo se mueve o que descendemos de un simio. Y lo que es peor, perdemos la habilidad de detectar cuándo nosotros mismos nos comportamos como badulaques. Dice usted que twitter es un estercolero. No lo dijo cuando la red le aplaudía sus tweets en los cuatros años en que navega por esta red social. Es el juego que solo le gusta si aceptan pulpo como animal de compañía. Si el viento le da en la cara, entonces recoge las velas. Hay un punto de autismo intelectual en esta postura: "Vosotros, que no leeis a Montaigne ni a Savater, no sois dignos de entrar en mi casa virtual". No ha entendido usted nada, doña Cayetana.

Twitter no es un Gran Hermano virtual, una operación de control de las opiniones y las decisiones. No hay una mano invisible que mueva esta marioneta ni un Dios que lanza los dados. Twitter es una ágora global, una inmensa plaza borgiana de palabras. No conozco ni un solo nick que no sea propietario de sus tweets y los defienda a capa y espada. Twitter permite adentrarse en el espeso bosque de la diversidad de opiniones, los que nos ríen los chistes y los que cuentan el final antes de que acabemos. Si alguien no acepta un no por respuesta, que no pregunte en twitter. Si a alguien le duele un reproche, que no esgrima un argumento. Todo lo que he aprendido en las redes sociales me lo han enseñado los que discrepan, porque los que piensan como yo, pues eso, piensan como yo. Escuchar al otro, incluso si sus palabras nos hieren. Aprender a pensar diferente. Eso es twitter, una oportunidad para aprender de la inteligencia del otro.

Acabo. Mi opinión es que usted se equivocó con ese tweet. Si se dedica a leer algunas de las críticas, verá que argumentan con bastante criterio las bases de su poco acierto en la forma y en el fondo. Y mi opinión es que se ha vuelto a equivocar insultando a quienes discrepan de usted, negándoles no ya la razón sino ni tan solo el criterio. Solo un tonto cree que son tontos los que discrepan de él. Y usted, a diferencia de Savater, no tiene nada de tonta.

1 comentari:

Rafel ha dit...

A mí personalmente me encantó la imagen menos anquilosada, más moderna de los reyes magos en Madrid.
De todas formas, el tema de los reyes magos en nuestra sociedad, da para muchos debates. Y las opiniones están muy polarizadas. Por ejemplo, hay de los padres que se atrevan a decir a sus hijos 'antes de tiempo' que son realmente ellos los que les comprar los regalos ! Porque eso sí, los niños pequeños pueden ver por la tele cualquier barbaridad, violencia, eroticidad desmesurada... pero la historia de los reyes es intocable.