13 de febrer 2016

Cambios, hormigas y el sol de primavera



Hay personas que se dedican a colorear las hormigas de un hormiguero. Cada hormiga tiene un código de colores que la hacen única; es la única forma de seguir la actividad de cada uno de los miembros de una comunidad en la que todos se parecen a todos. Esto es lo que ha hecho un investigador de Arizona, que se llama Daniel Charbonneau (aquí su twitter), junto con Anna Dornhaus. Esta investigadora anestesió una por una a 1.200 hormigas y las pintó (una a una) con un código que permite identificar cada individuo. ¿Se la imaginan llegando a casa?. - Cariño, hoy he tenido un día terrible. He perdido dos hormigas en la reanimación y una se despertó antes de acabar. Hoy solo he pintado 200 abdómenes de hormigas.

Los resultados dicen que el hormiguero está dividido en tres grandes grupos de obreras. Hay unas pocas que son las inquietas, las que no paran de trabajar. Buscan comida, se aventuran, resuelven problemas y, en definitiva, se anticipan a los cambios con una gran actividad. La mayoría del hormiguero está integrado por obreras que hacen su trabajo y poco más. Se toman su tiempo para realizar las actividades, descansan a menudo y reaccionan mal ante los cambios y los problemas. Y finalmente, y éste es el principal hallazgo, la cuarta parte del hormiguero simplemente no hace nada. Nada de nada. Descansan permanentemente. Tú mirabas un hormiguero con hormigas sin colorear y pensabas que a veces descansan después de un esfuerzo, pero ahora sabemos que no: Que algunas no hacen nada, que descansan permanentemente.

Les cuento esto porque me parece que podríamos hacer una curiosa analogía con el mundo real. Con las sociedades humanas enfrentadas al cambio. Ante un mundo en transformación, unos pocos reaccionan positivamente; si tienen éxito, la mayor parte del colectivo reaccionará. Y siempre quedará un grupo amplio que nunca se adaptará.

Charbonneau defiende a las hormigas perezosas. Un hormiguero en el que a cada cambio externo hubiese una reacción histérica, consumiría demasiados recursos. Está bien que un grupo pequeño se aventure en el nuevo escenario, pero es sensato que la mayoría se queden en el estado previo. No sea que gastemos demasiada energía colectiva en algo que no merecía la pena. Pensaba esto saliendo de una sesión de Genís Roca en la que nos aventuraba cambios radicales. Y nos proponía una movilización colectiva. Y, a veces, pienso, basta con encontrar unas pocas hormigas coloreadas, con espíritu explorador, que reaccionen entusiastamente a los cambios. Si todo sale bien, serán los héroes que recordaremos en los anales de la historia. Y si fracasan, unos locos, unas hormigas histéricas que no supieron disfrutar del delicioso sol de primavera, cuando la hierba aún está humedecida.