13 de juny 2016

La mecanización del turismo



Lo leí por primera vez en el libro de Rifkin El fin del trabajo. Era el 1995 y entonces me pareció una distopía futurista. Pero quien ha abierto la caja de Pandora es el ensayo de Allen Lane sobre post-capitalismo. Y hace años que lo oigo en boca de Marc Vidal (de quien recomiendo su fantástico programa Economía de bolsillo).  ¿Estamos a las puertas del fin del trabajo?. ¿Y cómo afectaría este proceso al turismo?. 

(Mucho) menos trabajo

Aún es posible ver hoy en algunas ciudades los lavaderos públicos. Hoy son museos pero hace poco más de un siglo eran los espacios donde se congregaban las mujeres para lavar la ropa. Era un proceso muy largo que requería recoger la ropa, trasladarla hasta el lavadero, lavar las piezas a mano, secarlas y devolverlas al hogar. Hoy ese proceso se liquida en apenas un minuto, el tiempo que se requiere para poner una lavadora que se encarga de todo el trabajo, excepto para algunos hombres  capaces de arreglar una motosierra pero incapaces de girar una ruedecilla hasta la posición correcta. El principal objetivo de los avances tecnológicos es reemplazar las actividades humanas por procesos mecánicos. El molino de viento liberó a bestias y personas del trabajo tedioso de moler y la tejedora de vapor sacó a miles de personas de las fábricas. 

Llevamos varios siglos de mecanización y eso no ha acabado con el trabajo. ¿Qué tiene este escenario de nuevo?. En primer lugar, la magnitud. Casi la mitad de los trabajos que ahora realizamos se pueden mecanizar; y eso los hace más precisos y también más económicos. Aunque la robotización lleva decenios instalada en nuestra sociedad, la progresiva reducción de costes la ha hecho rentable, incluso para operaciones muy complejas. Pongamos un ejemplo. La empresa Changying Precision, situada en Dongguan, ha automatizado por completo el proceso de construcción de complementos para móviles. Donde antes había 600 personas ahora hay 60 robots que trabajan día y noche, con mayor precisión y menores costes. Pongamos otro ejemplo. La empresa WinSun permite 'imprimir' literalmente edificios enteros, con enormes impresoras 3D que realizan el trabajo de decenas de operarios con extraordinaria precisión. Por cierto, no es casualidad que la mayor parte de los ejemplos sobre nuevos procesos provengan del país asiático. Casi todo será robotizable y, en muchos casos, robotizado.

No es solo un cambio de intensidad: Es también un cambio de modelo. La automatización se ha producido tradicionalmente en los sectores agrícola e industrial. Pero ahora de forma masiva, estos procesos han irrumpido en el resto de sectores económicos. Fijémosnos en la aparición de los coches sin conductor. Aunque los taxistas creen que su mayor amenaza es Uber, en realidad lo que les hará desaparecer es el uso generalizado de los vehículos autónomos. La mayor parte de la logística (el almacenamiento, el transporte y la distribución) podrán ser realizados sin que sea necesaria la intervención humana. Por eso Amazon se plantea la distribución con drones. Taxistas, gruístas, camioneros, repartidores o chóferes perderán poco a poco todo su sentido.

El sector de la sanidad está viviendo una verdadera transformación. La telemedicina, por ejemplo, permite asistir al paciente sin necesidad de estar físicamente en el mismo lugar. Los robots quirúrgicos empiezan a mostrar mucha mayor pericia que cirujanos con años de experiencia y las impresoras 3D crean riñones artificiales o prótesis perfectas. Los implantes y chips facilitarán miles de datos biomédicos y harán poco a poco innecesarios los controles, las revisiones y las analíticas. Y aunque mis compañeros no son del todo conscientes, creo, el sector de la educación vivirá una profunda revolución con la generalización de sistemas de aprendizaje más o menos automatizados. Hoy ya es posible aprender muchas más cosas fuera de las aulas que en ellas. 

Y aquí estamos. En un cambio de intensidad, pero también de ámbito. La progresiva instalación de sistemas automáticos desplazará de forma progresiva los trabajos rutinarios que ahora hacen trabajadores (en un polígono de Getafe, en una maquila de Honduras o en un suburbio de Bombay), orientados al sector industrial. Pero también acabará introduciéndose en los ámbitos del sector terciario, de la banca (¿existirán los bancos físicos?), la sanidad, la educación, la logística, los servicios a las empresas...

¿Y el turismo?

Si este proceso adquiere las dimensiones que preveen Lane o Rifkin, ¿cómo afectará al sector turístico?. Podríamos estar tentados de pensar que el turismo será la Línea Maginot de la defensa del trabajo, porque hemos estudiado, comprobado e interiorizado que el turismo se basa en el contacto personal y no hay robot que pueda sustituir el guiño de un conserje. Pero creo que ha llegado el momento de revisar este principio y anticipar un cambio estructural en el sector: la mecanización del turismo. 

Empecemos con algunos síntomas. Breathe permite alquilar una habitación en una ciudad, con solo un gesto en el smartphone que actúa como llave automática. Es un ejemplo de las posibilidades del Internet de las cosas, que permite acceder a las instalaciones (de un hotel, de un museo, de una iglesia) sin la interacción humana. Savioke es un robot que facilita el servicio de habitaciones robotizado. Tecnologías como BEAM facilitan la relación entre personas que están separadas por miles de kilómetros. Baidu ya ha iniciado los procesos de construcción de buses o vans, que harán de los tránsfers o los buses turísticos actividades automatizadas. Empiezan a asomar las primeras impresoras que 'imprimen' alimentos. Algunos restaurantes de comida rápida empiezan a incorporar robots, que acabarán desplazando a los trabajadores. Y poco a poco aparecen los primeros servicios de consergería prestados por robots. En esta presentación, les anticipo algunos de los cambios del sector. 

Sí, podemos reiterar que el servicio personal es mucho más 'humano' y adaptable que el más sofisticado de los robots. Pero tal vez debamos revisar algunos de nuestras intuiciones. Veamos por ejemplo esta mesa táctil en un restaurante. Podemos comprobar al instante los platos disponibles, hacer el pedido, incorporar variantes, pagar o acceder a la información detallada (¿de qué viñedo es este vino?) de forma automática. El gesto mecánico de ofrecer el menú o de cobrar con tarjeta no humaniza la experiencia. Y minimiza los errores, las esperas, los 'no me ha visto', los 'perdona', los 'se nos han acabado los percebes' y los 'le he pedido una ensalada sin queso'. Sí, es frío e impersonal. Pero también es barato y eficiente. 

La mecanización dejará sin trabajo a buena parte de los servicios que ahora ofrecen botones, conserjes, gobernantas, camareros, recepcionistas, chóferes, informadores o vigilantes de museos. Tiene que ver también con un cambio cultural, que se aproxima al concepto de mcdonalización propuesto por Ritzer. Por eso, nos hemos acostumbrado a llenar nosotros mismos el depósito de gasolina del coche, a comprar las entradas del teatro sin pasar por taquilla o adquirir el billete de avión sin usar una agencia de viajes. Por supuesto que es mucho más humanizada una gasolinera, en la que un individuo te suministra el combustible, especialmente si es el risueño gasolinero de mi ciudad, de sonrisa permanente. Pero admitamos que a veces nos violentamos cuando debemos esperar a que el gasolinero nos atienda y no podemos resistir la tentación de servirnos nosotros mismos. Aunque sepamos que ese gesto es una letra más de su carta de despido.

Adaptándonos al futuro

La mayor parte de los servicios que en el turismo ahora prestan las personas serán ofrecidos por mecanismos (pantallas, robots o apps) en un futuro inmediato. Las tareas monótonas y mecánicas serán mas económicas y eficientes si son desarolladas por sistemas y no por personas. Y eso va a crear la paradoja de mucho más turismo con muchos menos empleados turísticos. El turismo tampoco será el dique de contención de la multitudinaria pérdida de empleos a escala global.

No es un problema del turismo. Es un problema global que requiere una respuesta global. Y es muy probable que la primera solución plausible será la renta mínima universal. Si las máquinas están haciendo nuestro trabajo, ese trabajo liberado (que es también riqueza generada) debe ser compensado. Y deberemos decir adios a las jornadas de 35 horas: Mucho menos trabajo querrá decir mucho mayor reparto y, por tanto, una significativa reducción del tiempo como empleado. Pero éste es un debate que se escapa al post actual, porque me interesan especialmente los efectos sobre el turismo. Y diría que van a pasar al menos tres cosas. 

Primero, la cultura turística eclosionará y se hará estructural. Sea cual sea la respuesta del sistema a la mecanización global, hay una evidencia y es que va a liberar montañas de tiempo, millones de horas libres. Y eso es un riesgo social, pero también una excelente oportunidad para la creción personal, para hacer aquellas cosas que realmente nos apetecen hacer: aprender, escucharnos, compartir, desarrollarse y, naturalmente, viajar. El escenario del no trabajo (o para ser más precisos, del poco trabajo) puede crear un escenario de más ocio, y también de más turismo. Viajaremos más. Mucho más. Muchísimo más.

En segundo lugar, las máquinas arrinconarán buena parte de los procesos mecanizados. No necesitamos una persona para hacer el check-in de un hotel, ni para llevar a la habitación un té verde. Pero necesitamos personas para crear historias, para sugerir actividades, para mejorar la relación con el lugar, para crear complicidades, para reinventarse el destino, el local o el servicio. La mayor inversión turística en recursos humanos no se orientará hacia las rutinas de bajo valor añadido, sino hacia los ámbitos donde aún somos insustituibles: la creatividad, la innovación, la gestión de las emociones, las narraciones, los deseos... 

Y, es cierto, en muchos casos el servicio 'humanizado' puede aportar un valor añadido. Tal vez en ese restaurante valore especialmente el trato personal de sus camareros. Pero solo será competitivo si efectivamente existe una interacción efectiva que aporte más valor que un transportador de platos robotizado. Y eso es muy complicado. Ésta sera la paradoja del turismo que viene: la mecanización de los procesos turísticos, permitirá 'humanizar' los servicios en los que se opte aún por las personas como prestadores.

Ya conocen mi tendencia congénita al optimismo. El nuevo escenario nos puede proporcionar más turismo, más creatividad y más humanización en el turismo. Pero solo si nos preparamos para la mayor revolución del sector en toda su historia. Llega la mecanización del turismo. ¿Estamos preparados?

1 comentari:

Manel Colmenero Larriba ha dit...

M has fet pensar en el Llibre Del Paro al Ocio del Racionero. Em va marcar la meva vida ... malgrat el vaig llegir molt Jove, tenía 19 anys pero em va deixar clar que em tenía de dedicar a l industria de l Oci