11 de juliol 2016

¿Todos somos Leo Messi?



Es esa sensación cuando has visto la misma trama en otra película, pero no logras recordar cuál. El argumentario contra la sentencia de Messi me resultaba tan familiar como la ensaladilla rusa con tiras de pimiento rojo por encima. Y al final, caí en la cuenta. 

La corrupción vista por los militantes

Imaginen un militante de base, de ésos que pegan carteles, que van a los mítines, que se reúnen los viernes por la tarde a hablar de estrategias de segmentación, de ésos que son hijos de militantes y sobrinos de militantes. Imaginen el día que salta un caso de corrupción en su partido. De forma instintiva, estas personas empiezan a crear argumentos de exculpación, que acaban creando un corpus sólido de defensa colectiva. ¿Que cómo lo sé?. Porque lo he vivido desde dentro.

La defensa se sustenta en dos principios básicos: (a) No es un caso aislado, sino que es generalizado; (b) Hay un interés oculto en hacer aflorar este caso en particular, y no el resto. Aunque parece muy simple, esta defensa permite derivar el centro de atención del hecho objetivo a la conjetura. Ya no es necesario preguntarse ¿por qué ha defraudado?, sino que las preguntas se trasladan a dos nuevos interrogantes: ¿Por qué él y no otro?. Y ¿Qué interés tienen en sacar del armario esta noticia?. Al desplazar el foco, la discusión se pierde en un laberinto de supuestos. Y entonces ya deja de ser relevante el origen de la polémica. E, incluso, es posible hacer pasar al corrupto por víctima. 

Cuando la corrupción salió del armario

Ha costado mucho deshacer esta capa de cemento que cubre la corrupción generalizada de la política española. Hemos aprendido que lo nuclear es el acto corrupto. Podemos debatir por qué se ha señalado a ese político y no a otro. Por qué salió la noticia justo una semana antes de la campaña electoral. Podemos tejer teorías conspirativas y demostrar que el juez es el primo hermano del cuñado del jefe de prensa del partido. Podemos enseñar los casos de corrupción del otro partido, supuestos o reales. Ni siquiera es importante si alguno de estos hilos, o todos ellos, tienen un principio de veracidad. Por más que desviemos el río con meandros, al final el agua caba llegando al mar. Lo verdaderamente nuclear de un acto corrupto es el acto en sí mismo. Todo lo demás es el complemento circunstancial. 

También el día que la grúa se lleva nuestro coche, creamos un catálogo de reproches. Y vemos otros tantos coches mal aparcados como el nuestro. Y siempre nos preguntamos ¿Por qué mi coche y no el otro?. Y, claro, es el nuestro porque lleva tal adhesivo o porque el ayuntamiento tiene que recaudar dinero o porque el policía nos tiene ojeriza desde que entramos una instancia porque su perro ladraba demasiado. Al final, todo se reduce a un principio muy simple: Has aparcado donde no debías. 

Y Messi nos defraudó

Messi creó varias empresas sin estructura alguna con el único fin de defraudar a Hacienda. Esto es un hecho objetivo. Y, como he escuchado tantas veces antes, los militantes del Barça han tenido que crear un anticuerpo que mantenga intacto el aura del mito. Y el argumentario ha sido éste: (a) Hay muchos otros jugadores y equipos (especialmente del Real Madrid) que también defraudan y solo se han fijado en él y (b) Esta operación forma parte de un plan urdido desde Madrid para o bien desestabilizar al Barça o bien, fíjense bien, para desestabilizar a todo el país. Lo que hemos aprendido es que los argumentarios adicionales son irrelevantes, esto es, que no hay que perder ni un minuto de tiempo comprobando si son ciertos o falsos. Porque lo verdaderamente importante es que Messi nos ha defraudado. 

La historia del fútbol hablará de este argentino genial. El mito perdurará y no hay discusión posible sobre su leyenda. Pero eso es perfectamente compatible con esta afirmación: Messi ha creado varias empresas con el fin de no ingresar en Hacienda los impuestos de sus ganancias de imagen. Si somos capaces de pronunciar esta frase, sin ningún pero añadido, sin ninguna subordinada adversativa, añadiremos un peldaño más en la batalla cívica. Y vistos los tiempos que vienen, no hay batalla más urgente ni más hermosa que la supervivencia cívica.